El Papa teme un «derramamiento de sangre» en Venezuela

El Papa Francisco./EFE
El Papa Francisco. / EFE

En el vuelo de vuelta a Roma tras su viaje a Panamá, Francisco cierra la puerta al celibato opcional para los sacerdotes y reconoce que algunos obispos «no sabían» cómo responder a la pederastia

DARÍO MENOR (ENVIADO ESPECIAL)Panamá

La nueva fase en la que ha entrado la crisis venezolana con la proclamación como 'presidente encargado' del opositor Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, ha coincidido con la presencia del Papa Francisco en la región por su visita a Panamá para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. En el vuelo de regreso a Roma, adonde llegó este lunes, el Pontífice habló sobre Venezuela y reconoció que le asusta que el pulso entre Guaidó y el Gobierno de Nicolás Maduro acabe en un «derramamiento de sangre».

Al ser preguntado por si apoyaba al líder opositor, que cuenta con el sostén de Estados Unidos y de buena parte de los países latinoamericanos, Jorge Mario Bergoglio trató de mantener el equilibrio mostrado el pasado domingo, cuando durante el rezo del Ángelus abogó por «una solución justa y pacífica» para el conflicto que vive la nación caribeña. «Yo apoyo a todo el pueblo venezolano, que esta sufriendo», explicó a los periodistas que le acompañaron a bordo del avión papal. «Si yo entrara a decir:' háganle caso a estos países o a estos otros', me metería en un rol que no conozco. Sería una imprudencia pastoral por mi parte y causaría daño», dijo, asegurando que «pensó y repensó» sus palabras cuando pidió «una solución justa y pacífica».

Al Papa le tocó hablar en la rueda de prensa en el vuelo de regreso a Roma sobre la pederastia eclesial, la mayor lacra que afronta hoy la Iglesia. Para tratar de combatirla, el Pontífice ha convocado en el Vaticano a finales del mes que viene a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo a que debatan en una conferencia sobre cómo proteger a los menores de edad. La idea de esta cita, explicó, nació en las reuniones del Consejo de Cardenales que le asesoran en el gobierno de la Iglesia. «Vimos que algunos obispos no sabían qué hacer, no entendían, hacían una cosa buena y otra mala. Sentimos la necesidad de dar una catequesis sobre este problema a las conferencias episcopales, una catequesis para ser consciente del drama de un niño abusado».

La conferencia sobre abusos de febrero también pretende que los obispos «sepan qué se debe hacer» cuando surge un caso. Hace falta que se pongan en marcha «protocolos que sean claros», aunque lo primordial, insistió Bergoglio, es que los prelados sean «conscientes», escuchen testimonios de las víctimas y se «pida perdón». El simposio del mes que viene, una cita inédita y en la que estarán presentes unos 120 episcopados, ha generado una expectativas tan grandes que intimidan en cierta forma al Papa. Por eso pidió «desinflarlas», ya que el problema de los abusos «va a continuar». «Es terrible. Es un drama humano del que tenemos que tomar conciencia. Resolviendo el problema en la Iglesia, ayudaremos a resolverlo en la sociedad y en las familias».

Francisco habló en el vuelo sobre el celibato sacerdotal al subrayar que es «un don a la Iglesia» y que «no está de acuerdo» con que se convierta en algo opcional. Para disipar cualquier duda sobre su posición, recordó una frase de san Pablo VI: «Prefiero dar la vida antes que cambiar la ley del celibato». Solo se mostró dispuesto a estudiar la eventual ordenación de hombres adultos casados ('viri probati') en algunas regiones remotas. Al tratar las cuestiones morales, se mostró a favor de ofrecer educación sexual en las escuelas, siempre que no vaya de la mano de una «colonización ideológica». También tuvo palabras para el aborto, que consideró un «drama terrible». Invitó a las madres que se han sometido a una interrupción del embarazo a que le canten «una nana» a su hijo «que está en el cielo». «Ahí se da una reconciliación de la madre con el hijo, porque Dios ya ha perdonado».