EE UU recalibra su estrategia con Venezuela

Pence (i) y Trump. /EP
Pence (i) y Trump. / EP

El vicepresidente Mike Pence amenaza con sanciones a los miembros del Tribunal Supremo, ofrece incentivos económicos para rescatar al país «el primer día» en que se vaya Maduro y aplaude al director de inteligencia que ha desertado para que sirva como ejemplo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Desde el jueves, el canal de comunicación que creó el Departamento de Estado para informar a los periodistas hispanos sobre el devenir de Washington en Venezuela había quedado en silencio. Habían sido dos días de intenso «apoyo a la democracia de Venezuela», que siguieron al caótico intento de golpe de Estado. O como tituló el domingo The Wall Street Journal: «La rebelión que no fue».

Este martes, en el marco de la 49 Conferencia de las Américas que organiza el Departamento de Estado, el vicepresidente Mike Pence retomó la batuta para recalibrar la ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro, que sigue la estrategia inicial de sofocar al régimen con sanciones e incentivar la fractura de las fuerzas armadas con incentivos que cada vez provocan más desconfianza. El nuevo caballo de Troya con la bandera de la ayuda humanitaria será el barco hospital USNS Comfort, que a partir de junio navegará el Caribe para responder a la crisis venezolana, anunció.

Los 734 jóvenes soldados que el 24 de febrero secundaron la consigna del autoproclamado presidente Juan Guaidó para cruzar al frontera con Colombia siguen desconcertados en un limbo que a veces parece una cárcel. Soldados colombianos armados custodian los hoteles pagados por la oposición y gestionados por la ONU en que se alojan, tras entregar sus armas, sin saber qué será de su futuro ni del de las familias que han dejado atrás en Venezuela.

Peor le ha ido a los del 30 de abril. Los altos cargos que en estos tres meses de crisis han negociado con EE UU se han quedado con el culo al aire después de que el asesor de Seguridad Nacional John Bolton los identificase en Twitter con nombre y apellido para demostrar que tenía un plan: «El ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el presidente del Tribunal Supremo, Maikel Moreno; y el comandante de la Guardia Presidencial Iván Rafael Hernández», escribió. «Tres personas que acordaron con Guaidó transferir el poder de Maduro al presidente interno. Tienen que actuar», les ordenó.

Si alguna vez tuvieron la intención de entregar el poder al protegido de EE UU, su capacidad quedó inmediatamente desarticulada al conocerse las negociaciones secretas. O tal vez, como sostienen otros, Padrino era un doble agente que fingió voluntad de cooperar para saber quiénes eran los traidores y estar sobre aviso. En cualquier caso queda claro que Guaidó tuvo que adelantar el fallido golpe de estado al darse cuenta de que su «gran movilización» para el 1 de mayo iba a fracasar, como la «fase final» de la 'operación Libertad' de la que ya había informado a Maduro la inteligencia cubana, contra la que Pence ha prometido represalias. Y precisamente porque el líder de la oposición Leopoldo López tiró del gatillo antes de tiempo y con más violencia de la pactada, el resto se asustó y retrocedió. Washington ha premiado al único que siguió adelante con el plan, el jefe de la inteligencia Cristopher Figueroa, al que levantó ayer las sanciones «con efecto inmediato» esperando que eso «aliente a otros» militares venezolanos «a seguir el ejemplo del general».

El plan, de acuerdo a lo publicado por The Wall Street Journal y Los Angeles Times, incluía una decisión del Tribunal Supremo para transferir el poder que Padrino se hubiera sentido obligado a adoptar, «por respeto a las instituciones». Esos jueces que la semana pasada iban a resolver la crisis son los que el senador Marco Rubio, que presume de ser la conexión entre Guaidó y la Casa Blanca, quiere castigar «si no asumen su mandato constitucional», amenazó este martes Pence. «Es hora de que se les revoque los visados a los otros 24 miembros y sus familias». De eso se encargó este martes Pence en su discurso, al advertirles: «EE UU les pasará cuentas si no retoman su misión fundacional».

La otra parte de la estrategia que la Casa Blanca denomina «de palos y zanahorias», consiste en ayuda para los refugiados e incentivos para reflotar el país desde «el Día 1» en que Maduro abandone el poder con la promesa de «un futuro brillante». Eso incluye nuevas promesas para que sigan desertando las fuerzas armadas a las que hasta ahora se aferra Maduro, contra viento y marea.