La contratación indefinida se frena con fuerza tras encadenar 60 meses en positivo

Entrada a una oficina de empleo en Extremadura. /Casimiro Moreno
Entrada a una oficina de empleo en Extremadura. / Casimiro Moreno

La caída de la confianza empresarial y la subida del SMI pueden influir, aunque el Gobierno apunta al fin del modelo para emprendedores

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

El mercado laboral se comportó en los primeros meses del año mucho mejor de lo esperado, resistiendo los envites de la desaceleración económica. Pero ahora el fantasma de la desaceleración ya se ha hecho visible y tanto los datos de junio de afiliación y paro como los del segundo trimestre de la Encuesta de Población Activa (EPA) constatan cierta ralentización en el empleo. Dentro del mercado laboral hay un indicador que ya con anterioridad hacía presagiar ese enfriamiento: la contratación. En el primer semestre se firmaron cerca de 11 millones de contratos, lo que supone un avance del 1,4%, muy lejos del 3,7% que crecieron en el conjunto de 2018.

      Este menor incremento se explica «esencialmente» por el «desplome de los contratos indefinidos», señalan desde el servicio de estudios de la consultora laboral Randstad. Si en 2018 avanzaron a un ritmo interanual superior al 18%, entre enero y junio retrocedieron un 5,4%. Por su parte, la contratación temporal mantuvo en los primeros cinco meses del año un ritmo ascendente (del 3,2% de media), aunque ya en junio también descendió un 1,5%.

      En cambio, ya desde febrero se viene detectando el frenazo en la contratación indefinida, que mes a mes se ha ido agudizando hasta caer casi un 10% en junio. Se trata de un cambio de tendencia radical, después de la evolución tan positiva que experimentaba tras el mal momento que atravesó durante la crisis. Hasta el punto de que desde enero de 2014, con el inicio de la recuperación, no había protagonizado ninguna caída y encadenaba 60 meses consecutivos en positivo, incluso muchos con alzas de dos dígitos.

      Cierto es que se partían de cifras récord, pues 2018 fue el año en el que más contratos indefinidos se firmaron de la historia. Con un total de 2,28 millones se superaron los rubricados en 2007, antes de estallar la crisis, en parte gracias al plan de choque contra el fraude en la contratación temporal lanzado por el Gobierno el pasado verano y que llevó a la conversión de 61.445 contratos temporales en indefinidos de agosto a diciembre del año pasado.

      Pero en 2019 parece que no es suficiente. Desde el Ejecutivo tratan de quitar hierro a este descenso. «No siempre tener más contratos es un buen dato, ya que puede indicar una excesiva rotación de la población activa», justificó la secretaria de Estado de Empleo en funciones, Yolanda Valdeolivas, durante su comparecencia para explicar los datos de junio. La responsable negó también que se haya roto esta tendencia de crecimiento y echó toda la culpa a la supresión en enero del contrato de apoyo a emprendedores.

      Hablamos del contrato estrella que puso en marcha en 2012 Mariano Rajoy y que bonificaba el empleo fijo pero permitía a su vez despedir sin indemnización durante el primer año. La secretaria de Estado sostuvo que si no se computa este modelo, la contratación indefinida subiría un 4,7%. Así lo cree también Lola Santillana, secretaria de Empleo de CC OO, que además apunta a que otra explicación es que hay menos conversiones de contratos a indefinidos y que, además, existe mucho fraude de ley.

      No lo ve así Valentín Bote, director de Randstad Research, que argumenta que si esto fuera así sería asumir que en el pasado la propia existencia del contrato de emprendedores fue causa explicativa de la contratación, es decir, que el empresario no quería contratar y lo hacía solo por existir esta modalidad, lo que a su juicio es «dudoso y cuestionable». Para él una de las razones hay que buscarla en la caída en la confianza empresarial, que muestra un retroceso del 1,9% en el último año, con descensos en todos los sectores salvo la construcción. De hecho, en las comunidades con mayores descensos en este indicador se han producido también las mayores caídas en la contratación indefinida.

     

     «Fenómeno cíclico»

     

     Otro factor que ha podido influir es la subida del 22,3% que ha experimentado este año el salario mínimo, que se ha situado en los 900 euros al mes (repartidos en 14 pagas). «En determinadas profesionales y sectores caracterizados por una reducida productividad y salarios bajos, la importante subida del SMI ha podido afectar negativamente a la creación de empleo y la contratación», afirman desde Randstad. En este sentido puntualizan que igual este hecho tiene menos importancia en regiones con salarios más altos como en el País Vasco o Navarra, pero sí puede tensionar el mercado en regiones con salarios más precarios como Extremadura o Canarias. De hecho, la contratación indefinida ha sido mucho más negativa en aquellas provincias donde los salarios resultan más bajos, lo que «nos hace pensar que la subida del SMI tiene una explicación poderosa en esta caída», razona Bote.

      Desde Asempleo, la patronal de las empresas de trabajo temporal (ETT), no ven esa relación, pues consideran que en todo caso se produciría sobre la contratación temporal. Se decantan porque es «simplemente un fenómeno cíclico, con alto contagio del clima económico y de incertidumbre en el que vivimos».