Ramón Gaya y María Zambrano, una amistad de libro

Ramón Gaya y María Zambrano, una amistad de libro

Una nueva obra de Pre-Textos se adentra en los laberintos vitales y la relación entre la pensadora y el pintor y poeta

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

Un reino de la memoria compartida poblado de imágenes y palabras. Eso es para Isabel Verdejo y Pedro Chacón el libro 'Y así nos entendimos' (Pre-Textos, 2019), que recoge la correspondencia entre la filósofa malagueña María Zambrano (1904-1991) y el pintor y poeta murciano Ramón Gaya (1910-2005) entre los años 1949 y 1990. Un viaje por las intimidades de una amistad iniciada en las Misiones Pedagógicas que nos ayuda «a contextualizar mejor el marco biográfico, de tiempo y lugar, en que fueron escritas» esas cartas y las abundantes referencias.

El proyecto de Pre-Textos tiene como novedad que se recojan en esta bellísima edición cartas, postales y tarjetones que María Zambrano escribió a Gaya y estaban en manos de la viuda del pintor. Además, aparecen textos que cada uno de ellos dedicó al otro, como el titulado 'La pintura de Ramón Gaya', que la pensadora firma en 1960 y fue publicado en la revista 'Ínsula', y un primer borrador o ensayo, como cuentan en el libro Verdejo y Chacón, de los archivos de la Fundación María Zambrano de Vélez-Málaga, titulado 'Un pintor español: Ramón Gaya'. Todos son «fieles testimonios» de una amistad, «una parte de ese preciado tesoro histórico y cultural que se guarda en la memoria de los exiliados españoles, y encierran reveladores textos que orientan la comprensión de la trayectoria vital y de la obra que llevaron a cabo Gaya y Zambrano».

Esta semana, el Patronato del Museo Ramón Gaya de Murcia ha anunciado que en octubre el Museo del Prado dedicará un simposio al premio Velázquez de las Artes Plásticas 2002. Una vida azarosa marcada por la guerra y el desarraigo, errante entre España, Francia, México e Italia, de la que fueron testigos amigos que aparecen recurrentemente citados en sus cartas manuscritas como Jorge Guillén, Concha de Albornoz, Juan Gil-Albert, Tomás Segovia, José Bergamín, Antonio Sánchez Barbudo, Elena Croce, Arturo Serrano Plaja, Tomaso Carini... Muchos de ellos formaron parte de la revista mensual 'Hora de España', publicada entre 1937 y 1938, en plena Guerra Civil española. En el número 23, que quedó en prensa en enero de 1939, recuerda la discípula de Ortega y Gasset que desde el principio la publicación fue ilustrada por Gaya. Dibujos que «aparecen en un aire puro y, si es de un interior, con una ventana abierta; circula el aire como en una tragedia o, más bien, misterio, entre el cielo y tierra en que la intimidad no deja de serlo por aparecer a la luz. Y el secreto último de esos rostros, de esas cabezas heridas de muerte, de esos brazos que se abrazan a un fusil, de los árboles mismos que cobijan y señalan el lugar del hombre, de los caminos, no se publica ni se diluye. El secreto y la luz que lo descubre se conjugan. Es la libertad».

Gaya ilustraría la primera edición de 'Filosofía y poesía' de María Zambrano, y de 'Pensamiento y poesía en la vida española', ambos en 1939. En una carta dirigida por Zambrano a Jorge Guillén para informarle de la muerte de Cristóbal Hall en Lisboa, comenta la malagueña: «No sé por qué culpa, se pronunció sobre nosotros la sentencia de superviviente, no solo en la España que perdimos -irrecuperable-, sino en esta fuga de los seres más nobles que nos abandonan; sí, esta soledad en que nos vamos quedando, falta de puntos de referencia vividos».

La experiencia de la muerte de Fe Sanz, la primera mujer de Gaya y madre de su hija Alicia, en un bombardeo en Figueras en 1939, lleva a Zambrano a preguntarle en 1949, desde su casa de La Habana, lo siguiente -entre paréntesis-: «(Mira qué cosa Ramón, te iba a preguntar por Fe, pero es que sé que la llevas dentro de ti... Y entonces pienso que el artista vive su vida interior fuera de sí, de un modo a la vez secreto, hermético y expresivo. El arte es la secreta vida del corazón que se manifiesta sin dejar de estar oculta; es lo que está a la vez dentro y fuera)». La respuesta de Gaya llega desde México, ese mismo mes de junio de 1949, y el murciano reflexiona sobre lo que Zambrano le había comentado de hablar y escuchar a «nuestros Dioses», a la hora de emprender rumbos y tomar decisiones. Señala Gaya, en una carta que permanecía inédita, entre signos de exclamación, «¡cómo comprendo ahora lo que dice Proust de que en la vida nos morimos varias veces!». «Si no fuera por esos dioses interiores, ¿dónde estaríamos todos ya? En una sola cosa me siento cada vez más fuerte: mi pintura. Y cada vez me siento más comprometido. Es una alegría sentir que no somos libres. Sí, gracias a Dios no tenemos esa monstruosidad vacía que se llama Libertad».

«No, no, Dios mío, no»

María y Ramón, dos personalidades únicas, singularísimas, que se hablan de «hermanos», y en cuyas vidas no cuadraba la palabra «feliz», tal vez por la imposibilidad de desprenderse de los recuerdos del pasado. Le dice Zambrano a Gaya en una carta escrita desde Roma en 1956: «Sí, hijo mío: eso es. Tú eres de los que van, si es preciso, por pedregales desangrándose hasta la fuente», a propósito de unas referencias que hace el murciano a Vinci con las que la filósofa no puede estar de acuerdo: «No, no, Dios mío, no. Y tú lo sabes. A veces confundes, cosa que a veces he hecho, el hombre con sus seguidores o intérpretes». Un volumen imprescindible, editado por Manuel Borrás, Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba, que se apoya en otros como 'Ramón Gaya. Cartas a sus amigos' (Pre-Textos, 2016) y en las 'Obras Completas' de María Zambrano de Galaxia Gutenberg.

Recuerda Laura Mariateresa Durante en el epílogo una frase de Zambrano tras leer 'Velázquez pájaro solitario' de Gaya que lo resume todo: «Lo que das es pensamiento que se bebe». Sí, un manantial inagotable.