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Arizona Baby: «Nos sentimos como los últimos mohicanos en la industria musical»

Los tres componentes de Arizona Baby: Javier Vielba (de pie), Guillermo Aragón (c) y Rubén Marrón. /Promo
Los tres componentes de Arizona Baby: Javier Vielba (de pie), Guillermo Aragón (c) y Rubén Marrón. / Promo

El trío vallisoletano de rock con guitarras acústicas presentará este sábado su nuevo álbum, 'Sonora', en la Sala REM; su cantante, Javier Vielba, detalla todas las novedades que ofrece el LP, critica el modo en que la cultura se gestiona ahora desde las concejalías de Turismo para «llenar los hoteles y restaurantes» y aboga por que los festivales no se conviertan en «ferias» para entretener sin más al público

Miguel Ángel Muñoz
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZMurcia

«No estoy ni en el tiempo ni en el espacio. No creo en las edades». Se trata de la respuesta, en tono jocoso, de Javier Vielba, líder de Arizona Baby y Corizonas, a las manidas preguntas de cuándo y dónde nació para presentar al lector algunos datos básicos sobre el protagonista de la entrevista. Hombre de múltiples –palabra que quizás se quede corta– proyectos y nacido en Valladolid, aunque bromee con que eso es «interpretable», el día de Nochebuena de algún año, «como Lemmy Kilmister y Jesucristo», sin duda es de esos artistas que dignifican el oficio de músico. Y es que la música para él es «un estilo de vida» o incluso «una religión» y su banda, Arizona Baby, es de las que merece la pena escuchar por ofrecer una propuesta original, rock con guitarras acústicas, en tiempos de crisis creativa. El 'power trío' vallisoletano presentará este sábado, día 16, su nuevo disco, el cuarto o quinto de su carrera según quien lo cuente, en la Sala REM, dentro de la programación del festival Microsonidos. Para todo aquel que no haya caído en la tentación de tratar de descubrir la edad del cantante en Google y siga leyendo estas líneas, hablamos con Vielba sobre las nuevas canciones, sus diversos proyectos paralelos, los cambios que ha experimentado la industria musical en los últimos años y la monetización de la cultura. Bienvenidos a la 'dimensión arizónica'.

–El hecho de tener más tiempo –cuatro años respecto al anterior LP–, grabar con calma y en varios estudios ha ayudado a que 'Sonora' sea vuestro disco más… ¿redondo?

–Sí, creo que ha quedado muy redondo. Es un disco muy completo, que aúna una gran variedad de elementos que definen muy bien al grupo, sobre todo en el momento actual. Y abre ventanas de cara al futuro a nivel de sonidos, composiciones y formas de trabajar. Hemos probado un montón de cosas en este disco que antes no habíamos hecho y ha sido algo muy beneficioso. También está muy conectado a los discos anteriores y hay mucho de la esencia de las canciones que hemos ido haciendo hasta ahora. De alguna manera, continúa lo que veníamos haciendo, pero también ofrece novedades y para nosotros ha sido un disco muy refrescante. Nos ha renovado mucho como grupo.

–Una duda antes de continuar, ¿es vuestro cuarto o quinto álbum, que no lo tengo nada claro?

–Vamos a decir que es el quinto, porque hay uno, 'The truth, the whole truth and nothing but the truth' (2012), que salió anunciado como un miniLP, y quizás no se ha contabilizado, aunque realmente es un disco largo y muy bueno. No es una obra menor. Aunque la confusión no solo viene por este, sino también por el primero, 'Songs to sing along' (2005), que fue autoeditado y a veces no se cuenta.

–¿Cuáles son esas novedades que presenta 'Sonora'?

–Una de las más palpables es que la primera canción, 'Make believe', tiene una melodía de armónica de blues. Llevo tocando ese instrumento desde pequeño, pero nunca lo había incorporado en un disco de Arizona Baby, así que me hizo ilusión. En un par de canciones también hay mandolina, que tanto Rubén Marrón como yo llevamos tiempo aprendiendo a tocar y tiene un sonido muy bonito y adecuado para nuestra música. Además, Guillermo Aragón, nuestro batería, se estrena como voz principal en una de las canciones, y en otra hacemos un dúo vocal. Aunque hace los coros habitualmente, que su voz sea más protagonista ha sido un nuevo color que añadir a la paleta de sonidos.

–Y también habéis variado el proceso de grabación.

–La forma de trabajar ha sido novedosa. Normalmente siempre esperábamos a tener una buena colección de canciones, 10, 12 o 15, e íbamos al estudio a grabarlas. Pero claro, desde que tienes la número uno hasta la 15, a lo mejor las primeras ya no están tan frescas. Esta vez decidimos grabar por etapas, en tres partes, y en estudios distintos para captar distintas atmósferas y sensaciones. Parece que no, pero influye mucho si estás a gusto y motivado para hacer tomas inspiradas. No solo buscábamos que estuviera bien ejecutada y grabada la canción, sino el duende o la magia que la haga especial. Todo eso lo hemos conseguido en parte gracias a grabar de esta manera, por tandas, para mantener la frescura y una energía más vitalista. También nos dicen mucho que en el disco hemos incorporado más sonoridades propias de la música negra, con elementos de soul, funk y rhythm and blues, que quizás hasta ahora estaban de forma más tímida. Creo que es interesante el country soul, mezclar lo blanco y lo negro, que exista una variedad de ingredientes y que todo eso se aglutine un poco bajo nuestra personalidad.

–Además, parece que os habéis dejado llevar, con una canción de 14 minutos.

–Siempre hemos sido un grupo que tiende a la improvisación, a hacer un poco de expansión instrumental en vivo, pero luego en los discos eso no ha existido. En 'Just say it's so' se explaya bien Rubén Marrón con la guitarra, y Guillermo y yo, a nivel de ritmos y voces, vamos acompañando y creando atmósferas, con subidas y bajadas. Es algo que hacemos mucho en directo, pero no en los discos, así que hemos saldado una cuenta importante. La psicodelia es un elemento importante en nuestra música. No tanto como estilo, sino como enfoque a la hora de dejarte llevar y que la música fluya sin mirar el reloj.

–Esa es una filosofía muy alejada de la del 'single' de tres minutos y medio para la radio.

–En el disco hay de todo. También hay canciones de tres minutos que son estupendas para la radio. Estamos viviendo en la dictadura del 'single' y del 'hit', de la canción y satisfacción inmediata. Pienso que hay que ofrecerle al público más alternativas, que puedan contar con eso, pero también con pequeños retos, con música que les estimule y les obligue a poner de su parte. Que el oyente sea un elemento activo del proceso y pueda dejarse llevar.

–A nivel personal, eres como el hombre de los mil proyectos, porque a Arizona Baby hay que añadir otra banda como Corizonas, tu carrera en solitario con el 'alter ego' de El Meister y tu faceta de productor de artistas como Ángel Stanich. ¿Es medianamente sencillo compatibilizarlo todo?

–Fácil no es. Lo que ocurre es que, como me gusta tanto, no se hace todo el volumen de trabajo cuesta arriba. No estoy deseando terminar mi jornada musical para irme a ver el fútbol o una serie de Netflix, esquiar o visitar el Ikea para comprar muebles. Eso no está en mi lista de prioridades, sino hacer música, que es lo que más me divierte, y lo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón. Como dice un amigo, tengo un 'hobby' a tiempo completo. Las épocas en las que hay menos actividad me agobian más, porque estoy ahí preguntándome '¿qué hago?'. Si no surge algo con Corizonas o Arizona Baby, o alguna producción, me pongo a hacer cosas con El Meister, mi proyecto en solitario. Y si coincide que es un periodo de 'stand-by' de todo, me invento un grupo nuevo o me pongo a tocar la batería con alguna banda de Valladolid. Hace poco giré por Estados Unidos como bajista de un grupo de Nueva York. A mí me gusta tocar, viajar, conocer a gente y lugares y vivir realmente la música. No me refiero solo a vivir de ella, sino a vivir en esa especie de dimensión musical.

–Entonces, ¿todavía cabe un proyecto más? Un disco en solitario como Javier Vielba, por ejemplo, sin pseudónimos ni 'alter egos'.

–Sería interesante. Con El Meister he creado ese 'alter ego' y trato de mezclar tradición con vanguardia, elementos del folclore tradicional castellano con la música moderna, la electrónica, el rock eléctrico y distintas formas de folk. Lo mezclo todo de una manera muy libre, pero es verdad que podría haber un momento dado en el que haga algo menos conceptual y más natural, desnudo y que a lo mejor sea lo que se entiende como una obra de 'cantautor', aunque no me pondría de nombre Javier Vielba, sería simplemente Vielba, que es como me llama todo el mundo. Si hay un momento en el que tenga una serie de temas que no encajen en ninguno de mis proyectos musicales, a lo mejor sí que daría comienzo esa otra faceta.

Nuevos modelos de consumo y promoción

–Como sois un poco, por decirlo de alguna manera, un grupo de la vieja escuela, ¿cómo lleváis todo el tema de las redes sociales y el auge de las plataformas de 'streaming'? ¿Hay demasiado postureo en la música?

–La verdad es que ahora mismo el concepto de publicar un disco parece un poco algo de la vieja escuela. A las discográficas no les interesa demasiado sacar discos físicos porque supone gastos, y un riesgo. Parece más rentable el formato digital. La gente funciona más con 'playlists', con las recomendaciones del día de las plataformas de 'streaming'. Spotify y YouTube han suplido no solo a las discográficas, sino también a las radios musicales. Ahora realmente tiene más repercusión sacar un 'single' digital en una de estas plataformas y que te destaquen como canción del día o la semana, a que te pinchen en Radio 3 o en Los 40, salir en una revista o incluso a que saques un 'single' físico. La gente no va a ir a la tienda a comprarlo, si es que queda alguna. Ha cambiado el modelo de consumo y de promoción, y a los músicos, como siempre, nos toca adaptarnos. A nosotros lo que nos gusta es el formato físico: los discos, tocar en vivo y que la gente venga a los conciertos. Y, en ese sentido, nos sentimos como los últimos supervivientes de una antigua civilización, de la antigua forma de hacer las cosas. Todo esto nos hace sentirnos como los últimos samuráis o los últimos mohicanos.

–¿Estáis en vía de extinción?

–No. Creo que el rock goza de buena salud. Siguen apareciendo muy buenas bandas, como Greta Van Fleet y, a nivel nacional, Hinds, que han tenido mucha repercusión internacional. Son grupos de su tiempo. Gente joven que navega en estas nuevas aguas sin ningún problema. Nosotros intentamos aprender y fijarnos en lo que hay y hacer las cosas acordes a los tiempos. Es verdad que mantenemos nuestra esencia y que intentamos compatibilizarla con estar presentes en las plataformas digitales y en las redes sociales, pero conservando nuestro núcleo duro, que es el vinilo, el CD, el póster, la camiseta, la 'tote bag' con nuestro logo y las chapas y pegatinas, y viajar de ciudad en ciudad para tocar en salas de conciertos y en festivales. Es verdad que no le hacemos tanto caso a las redes sociales como otros grupos y artistas. A nosotros nos resulta extraño estar todo el día haciendo 'stories' en Instagram. Nos resulta útil cuando estamos en la carretera para estar en contacto con los seguidores, pero no nos gusta basar toda nuestra actividad en este tipo de elementos. Cuando empezamos a ser conocidos, la red principal para música era MySpace, ¿y dónde está ahora? Hemos visto crecer y morir a un montón de plataformas. Llegamos a conocer Napster.

–En resumen, no hay que volverse locos con las redes sociales.

–No creo que el mundo empiece y acabe en Instagram, Spotify y YouTube. Son simplemente plataformas que tampoco tienen por qué tener derecho a apropiarse y adueñarse de tu actividad, aunque ese es otro asunto. Todo el tema de los derechos es bastante complejo y todavía no está legislado correctamente en este país. Estamos deseando ver cómo evoluciona todo esto, y lo nuestro es seguir tocando, girando, haciendo música y preocuparnos más por el arte y el oficio que por estar a la última para soltar algún chascarrillo acorde con la broma del día. No sentimos la necesidad de pronunciarnos en redes sobre temas de actualidad o polémicas. Vivimos en nuestra dimensión paralela en la que todo el mundo es bienvenido e intentamos estar un poco por encima del mundanal ruido.

«No creo que el mundo empiece y acabe en Instagram, Spotify y YouTube; cuando empezamos, la red principal para música era MySpace, ¿y dónde está ahora?»

–Parece que la música en vivo goza de buena salud, pero también es algo engañoso, porque han cerrado muchas salas de conciertos y lo que prima es que se celebre un festival en cada pueblo.

–Lo que ocurre es que la cultura se gestiona ahora desde las concejalías de Turismo y no desde las de Cultura. Y que la cultura se convierta en una atracción turística sin más, pues tiene más cosas malas que buenas. La cultura no tiene que ser válida en función de las plazas hoteleras que se ocupen o del número de clientes en los restaurantes. Esos no deben ser los baremos. Al final, desde las concejalías de Turismo se juzga que una iglesia tiene valor si la visita mucha gente. Si no deja dinero en el pueblo, no vale nada. ¿Qué pasa con el valor artístico e histórico? Y quien dice una iglesia, pues sucede lo mismo con un museo o la música en vivo. Lo llevamos viendo desde hace mucho tiempo. Soy muy activo en el tema de la cultura base en Valladolid y me he encontrado siempre con ese obstáculo de explicar a los políticos por qué la cultura es necesaria más allá de llenar restaurantes y hoteles y de que haga bonito ver a la ciudad llena de gente. Es un valor y un patrimonio que nos da identidad. Aporta cosas que van más allá del mero comercio. Cuando consigamos que los políticos dejen de pensar solo en términos económicos, podremos avanzar mucho como sociedad.

–En el caso de los festivales, que no solo prime atraer a los turistas.

–Los festivales están muy bien, pero siempre que sean de música, no ferias para entretener sin más al público. Está muy bien el factor de entretenimiento y de ocio que tiene la música y las artes en general, pero es mucho más. Y eso habría que ponerlo en valor y en perspectiva. Hay que compatibilizar los festivales con las salas de concierto, y que exista un circuito para que el público tenga acceso a la música todo el año en condiciones óptimas. No puede ser que los políticos cierren salas con una mano, aludiendo a temas enrevesadísimos de licencias y legislaciones del año 86 de la comunidad autónoma que luego se aplica en según qué municipios, y que con la otra den por bueno cualquier festival por chapucero que sea, simplemente porque queda bonito, atrae a turistas y da votos. Tiene que existir un equilibrio, un balance y una voluntad de no esquilmar la tierra.

Bonus tracks

–¿Qué disco ha marcado tu carrera?
–El 'MTV Unplugged in New York', de Nirvana. Es un disco muy importante porque es de un grupo que me marcó cuando era adolescente. Cambiaron el panorama de la música rock internacional. Y nos dio la idea de que se podía hacer rock no solo con guitarras eléctricas.
–¿Cuál fue la primera canción que aprendiste a tocar?
–'Come as you are', de Nirvana.
–¿Qué banda nunca faltaría en un festival organizado por ti?
–Neil Young and Crazy Horse. Es un artista que siempre improvisa en sus conciertos y muy interesante para ver en un festival y que no todo sea escuchar las canciones más conocidas.
–¿Qué canción debería sonar en un bar para que decidieses irte?
–No me pasa eso, no soy nada 'hater'. La música mala es necesaria porque así se puede identificar la buena y la hace destacar.
–¿Cuál es tu mejor recuerdo musical?
–La gira que hicimos con Chris Isaak en 2010. Es uno de mis ídolos musicales.
–Un concierto al que asistieras y que te decepcionase.
–Mayhem, un grupo de black metal noruego. Todavía tengo dudas sobre si tocaba de verdad o era 'playback'.
–Cuando vas como público a un festival, ¿eres de los que pasas más tiempo en el escenario principal o en los secundarios?
–Los secundarios, para descubrir nuevos grupos.
–¿Liam o Noel?
–Liam. Últimamente ha estado muy gracioso en sus comentarios.
–Si te llama C. Tangana y te pide una colaboración, ¿qué le contestarías?
–Si está bien pagado, se podría hablar. Soy muy abierto a otros estilos, y mis compañeros también. Sería interesante colaborar con alguien de un espectro tan diferente al tuyo.