Literatura salvaje

El viento de la 'nature writing' sigue soplando con fuerza, empujando nuevos títulos y primeras publicaciones en castellano de clásicos de la escritura de naturaleza. El editor que apostó fuerte por este género en España con Errata Naturae, Rubén Hernández, explica a 'La Verdad' por qué la narrativa 'verde' es mucho más que una moda

Literatura salvaje
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

El aire transporta el aroma de una chimenea lejana, se escuchan graznidos apagados entre los árboles y el ambiente húmedo obliga a abrigarse el cuello en la caída de la tarde. Estas sensaciones acompañan al lector durante un buen rato después de cerrar y dejar sobre la mesa 'Walden', el clásico publicado en 1854 por Henry David Thoreau cuya reedición por Errata Naturae en 2013 marcó la entrada triunfal de la 'nature writing' en España.

El editor que apostó fuerte por la literatura de naturaleza dedica muchas tardes del otoño a cortar leña. Rubén Hernández (Madrid, 1978) necesita cuatro o cinco toneladas para pasar los meses fríos en la finca de Navalmoral de la Mata (Cáceres) donde vive y trabaja. Decidió instalarse hace cuatro años con su editorial en el noroeste frío y limpio de Extremadura. Nada de esnobismo, simplemente quería ocupar los días de acuerdo con un estilo de vida más sencillo y 'slow'. Tiempo de calidad y horas más largas, tranquilidad y buenos alimentos lejos de semáforos, tráfico y disponibilidad total. Entre encinas y arroyos, este experto en Teoría del Cine y Estética Fílmica, y exprofesor de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, publica con buen ojo y gusto exquisito títulos que son recibidos como un regalo inesperado por críticos y lectores. Quizá su colección más conocida sea Libros Salvajes, con la que ha rescatado clásicos de la narrativa 'verde' anglosajona y que le ha situado como el gran referente de este género en España al frente de su editorial independiente, que cumple sus primeros diez años.

La 'nature writing' no es una moda, está convencido. Para explicar por qué, atiende a 'La Verdad' desde su refugio en plena naturaleza: de buen humor, a media mañana de un día luminoso y desde un teléfono fijo. Mejor no poner a prueba la cobertura del móvil.

«El medio ambiente es el gran tema del siglo XXI»

-¿Por qué apostó tan fuerte por los libros de naturaleza?

-Por un interés mío desde hace mucho tiempo. Por libros que tenía que leer en inglés o en francés, porque en castellano no estaban disponibles. En España no se había publicado casi nada porque quizá se pensaba que no había un público potencial al que pudiera interesar. Pero en 2013 empezamos a publicar los escritos de Thoreau y nos llevamos la sorpresa de que había un interés enorme. Ya había una edición de 'Walden', aunque muy mejorable; nosotros, en cinco años, hemos publicado catorce ediciones y vendido casi 30.000 ejemplares de este libro.

-¡Quién se lo hubiera dicho a Thoreau!

-¡Sí! Así que al ver este interés por su obra y lo que representa, nos dijimos: '¡Demonios, vamos a hacer una colección!'. Y así nació Libros Salvajes, cruzando los dedos para ver si había suerte. Y la verdad es que libreros, críticos y público la han recibido muy bien.

Entre los autores por los que Errata Naturae se la ha jugado con acierto, un buen ejemplo es la estadounidense Sue Hubbell (Kalamazoo, Michigan, 1935), que ha convertido en dos libros de éxito -'Un año en los bosques' y 'Desde esta colina', textos publicados originalmente en su país hace varias décadas- su experiencia en las inhóspitas montañas Ozarks, donde se instaló con su marido para dejar atrás una aburrida vida de bibliotecaria. Que su marido la abandonase al poco tiempo no impidió ni que cumpliera su sueño ni que años más tarde relatara su vida salvaje desde el humor y la esperanza.

El editor Rubén Hernández, fotografiado en Noruega durante un viaje reciente al país nórdico.
El editor Rubén Hernández, fotografiado en Noruega durante un viaje reciente al país nórdico. / en

Otra sorpresa para el editor Rubén Hernández ha sido la buena acogida, este mismo año, de 'Refugio', de Terry Tempest Williams (Corona, California, 1955), escrito en 1991 y llamado a convertirse en un clásico de la literatura de naturaleza. 'Refugio' es una crónica personal deslumbrante donde la autora, célebre en Estados Unidos por su defensa del medio ambiente y la causa antinuclear, relata una debacle familiar que se inicia en 1983, cuando su madre es diagnosticada de cáncer. Siempre con elegancia -cero drama-, la narración nos sitúa ante el proceso de la enfermedad, cómo se afronta y trastoca las vidas, en paralelo a lo que puede convertirse en un desastre natural: la crecida del Gran Lago Salado -Salt Lake-, en Utah, un lugar al que la autora está vinculada sentimental y profesionalmente.

Después de acertar también con 'Refugio', de Terry Tempest Williams, su apuesta para el otoño es 'Invierno': la epopeya vital del escritor estadounidense Rick Bass en Montana entre osos alces, pumas y lobos

-¿Por qué ahora este auge de la narrativa 'verde'? ¿Intentamos escapar de algo?

-Quizá se haya recibido como una válvula de escape. Yo mismo soy un ejemplo. Buena parte de mi vida he residido en grandes ciudades y hace cuatro años ya no aguantaba más. Así que me fui a vivir al campo. Este movimiento físico y psicológico está en la mente de mucha gente, que comienza a plantearse un cambio en su modo de vida.

-Se ha especializado en un género eminentemente anglosajón, con pocos autores en castellano. ¿Algún autor español en su radar?

-Los escritores españoles se inscriben más en la idea del ruralismo. Que practiquen este género hay muy poca cosa. Tenemos un par de proyectos para el futuro con nuevos autores, que aún no están firmados, pero que aspiramos a descubrir al público.

-¿Por qué los escritores españoles se atreven tan poco a convertir la naturaleza en literatura?

-Nuestra relación con la naturaleza, a lo largo del siglo XX, ha sido muy diferente a la de otros países. Como Estados Unidos, donde los antepasados directos de los autores que ahora escriben tuvieron que enfrentarse a la naturaleza para construir un país.

Decidió hacer una colección, Libros Salvajes, tras la buena acogida de 'Walden', el gran clásico de Thoreau del que en cinco años ha publicado catorce ediciones y vendido casi 30.000 ejemplares

-Quizá deberíamos conocerla, comprenderla y respetarla un poco más...

-No soy sociólogo, pero cuando viajo por Francia percibo que el campo está vivo. Las zonas rurales también tienen un peso económico y vivencial, desde luego mucho mayor que en España. Te asomas a Google Earth y ves que Francia y otros países europeos siguen cubiertos de bosque. En España hay muchas reservas de la biosfera, parques y espacios protegidos, pero hemos perdido esa cobertura enorme de vegetación. Eso también puede influir. En Francia, Inglaterra o Alemania atraviesas zonas de cultivo y nunca son tan grandes como en España, y siempre están rodeadas de árboles. En España jamás: las zonas de cultivo se extienden hasta donde alcanza la vista, así que se ha perdido mucha biodiversidad, se ha expulsado a los depredadores...

-¿Tiene aún recorrido este género en España?

-Por supuesto, aunque en los temas que despiertan un interés verdaderamente grande siempre hay una parte de moda y aprovechamiento. De hecho, hay otras editoriales que se están subiendo al carro. No sé qué continuidad tendrá en sus catálogos. Pero tengo algo claro: el medio ambiente es el gran tema del siglo XXI. Estoy seguro al cien por cien. Nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza cada vez preocupa más a la sociedad, por eso creo que el cambio climático debería ser una sección fija en los periódicos, porque es el asunto que va a marcar nuestra vida. Muchos de los libros que publicamos reivindican eso.

Tiburones boreales

Así es: otras editoriales también han visto una veta aprovechable en la creciente atracción de los lectores españoles por libros que protagonizan exploradores, colonizadores neorrurales, animales o directamente el paisaje. Como Salamandra, que consiguió introducir el verano pasado en muchas maletas de vacaciones 'El libro del mar', del escritor de viajes noruego Morten A. Stroksnes. Un texto profundo y de gran calidad literaria, original y raro, entre la novela y el ensayo, que relata nada menos que el intento del autor, en compañía de un amigo, de pescar un tiburón boreal a lo largo de las cuatro estaciones del año. En las aguas heladas del Vestfjorden -fiordo del Oeste- y de la manera más precaria -e imprudente- que pueda imaginarse: a bordo de una lancha neumática, cebando al escualo con carne podrida de vaca, utilizando un sedal reforzado con una cadena y sin un plan claro para cuando el monstruo de las profundidades picase el anzuelo.

Biblioteca básica

'Walden'
Autor: Henry David Thoreau. Editorial: Errata Naturae. 376 páginas (edición especial 200 aniversario). España. 2017. Precio: 22 euros.
'Refugio'
Autora: Terry Tempest Williams. Editorial: Errata Naturae. 432 páginas. España. 2018. Precio: 21,50 euros.
'Un año en los bosques'
Autora: Sue Hubbell. Editorial: Errata Naturae. 304 páginas. España. 2016. Precio: 19,50 euros.
'Invierno'
Autor: Rick Bass. Editorial: Errata Naturae. 224 páginas. España. 2018. Precio: 19 euros.
'En los senderos'
Autor: Robert Moor. Editorial: Capitán Swing. 392 páginas. España. 2018. Precio: 22 euros.
'El alma del mar'
Autor: Philip Hoare. Editorial: Ático de los Libros. 512 páginas. España. 2018. Precio: 22,50 euros.
'El libro del mar'
Autor: Morten A. Strøksnes. Editorial: Salamandra. 320 páginas. España. 2018. Precio: 20 euros.
'Disfrutar en la naturaleza'
Autor: Jose Luis Gallego. Editorial: Alianza Editorial. 256 páginas. España. 2018. Precio: 15 euros.
'Mi primer verano en la sierra'
Autor: John Muir. Editorial: Relee. 238 páginas. España. 2018. Precio: 20 euros.

La flamante temporada literaria ofrece otras dos tentadoras novedades: 'En los senderos' (Capitán Swing) y 'El alma del mar' (Ático de los libros). En el primero, el joven periodista ambiental estadounidense Robert Moor debuta en la literatura con un ensayo sobre cómo los caminos nos ayudan a transitar y entender el mundo. El segundo es obra de un clásico de este género, el escritor británico Philip Hoare (Southampton, 1958), que cierra así una trilogía iniciada con 'Leviatán' y 'El mar interior'. Hoare es un tipo que aprendió a nadar con 29 años y que ahora se sumerge -siempre que puede- en compañía de ballenas, «hermanas a las que me gusta abrazar», declaró la semana pasada en Madrid durante la presentación de su libro.

-¿Puede estar creándose una burbuja de 'nature writing' que termine pinchando?

-A mí me parece fundamental que un editor publique libros sobre los que tenga un buen conocimiento. En la medida en la que se constata un determinado interés, muchos editores quieren tener libros sobre ese tema, pero luego muchos resultan ser una castaña. Es lo que suele vivirse en ferias como la de Fráncfort, donde se compran derechos de edición a toda prisa llevados por las modas, como pueden ser por ejemplo los tiburones. Yo intento desprenderme de esas tendencias. El catálogo de un editor independiente es un buen trasunto de sus intereses, pasiones e identidad cultural. Porque no sacas libros por sacar, escoges muy bien, quieres ser pulcro y respetar tu propio catálogo, y siempre tratando de ser lo más independiente posible.

-¿Cuál será su próximo lanzamiento?

-'Invierno', de Rick Bass (Fort Worth, Texas, 1958), uno de los grandes autores de 'nature writing' en Estados Unidos que aún estaba inédito en España [la novela sale a la venta este lunes 5 de noviembre]. Es su propia historia, cuando con 30 años, a finales de los 80, decidió cruzar Estados Unidos con su esposa hacia el norte para buscar una nueva vida. La encontró en Montana, en la frontera con Canadá, en el Valle del Yaak, entre lobos, coyotes, pumas, osos y alces.

-Suena bien.

-Lo primero que tuvieron que hacer fue aprender a enfrentarse al invierno, con temperaturas de 30 bajo cero sin electricidad, solo con una motosierra y una chimenea. Esa relación dura y primeriza con las inclemencias del tiempo dio como resultado un libro poético y maravilloso, ilustrado por su esposa, la pintora Elizabeth Hughes.

-Parece que solo edita los libros que le gustaría leer.

-Tengo la necesidad de conectar mi ámbito personal con el trabajo. Aquí la vida que llevamos es la que nos gusta, y también es la que nos gusta encontrar en los libros. Tenemos un huerto, un caballo, contacto continuo con los pastores... una vida muy cercana a la que habíamos imaginado.

Rubén Hernández regala a los internautas esta frase en la web de su editorial: «Sobre la puerta de nuestra oficina nos gustaría escribir algún día ese verso de Virgilio que aún hoy se puede leer en los umbrales de algunas casas de campo italianas destinadas al retiro y los libros: 'Deus nobis haec otia fecit', un dios nos ha donado este ocio. Querríamos, de hecho, un invierno perpetuo e inexcusablemente níveo donde se confundiesen finalmente las faenas y el placer, la necesidad y el deseo. Y tal vez persiguiendo ese invierno inasequible, siempre al norte del futuro, nos hicimos editores».

No escribir, sino transcribir la naturaleza

Jose Luis Gallego, Divulgador ambiental y autor de 'Disfrutar en la naturaleza'

Los escritores de naturaleza aspiramos a ser unos copiones. Eso es lo que intento cuando tengo necesidad de contarla.

Copiar al dictado del río o del bosque. Copiar el canto de los pájaros, el estridular de los grillos, el bramar de los ciervos. Retransmitir sin aderezos literarios un atardecer de otoño en el hayedo, el amanecer rosado en una cumbre nevada o la hora violeta en la marisma. Copiando lo que sientes.

La naturaleza no necesita recursos literarios para seducir al lector, le basta con ser descrita.

Uno quisiera ser el Antonio López de las letras para poder transmitir al lector de la manera más real, más fiel posible, lo mucho que puedes disfrutar en la naturaleza. No es preciso echar mano de ninguna técnica narrativa, de ningún recurso poético.

La mejor manera de contar la naturaleza es transcribir de manera fiel los sentimientos que te despierta. Eso, claro está, siempre que los sientas. Por eso la condición esencial para transcribir la naturaleza es sentirla.

Por todo ello, creo que el auge de los escritores de naturaleza representa el apogeo de la naturaleza en sí. Una naturaleza que durante demasiado tiempo fue relegada a paisaje, rebajada a entorno, pero que ahora empieza a ser de nuevo anhelada. Hay una generación de lectores que están redescubriendo la naturaleza a través de estos libros. Y eso es, ante todo, una buena noticia para ella.

La condición indispensable para proteger algo es conocerlo, estimarlo. Con mis libros de naturaleza solo busco generar ese conocimiento y esa estima en el lector, para que cada vez seamos más los que la protejamos.

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