Inocencio Medina Vera: el pintor de la fiesta huertana

'Bautizo en la huerta de Murcia', propiedad de un coleccionista particular, fotografiado ayer tras su restauración. Con esta obra, adquirida por la infanta Isabel, al pintor Inocencio Medina Vera le concedieron en 1906 la segunda medalla de la Exposición Nacional. /VICENTE VICÉNS / agm
'Bautizo en la huerta de Murcia', propiedad de un coleccionista particular, fotografiado ayer tras su restauración. Con esta obra, adquirida por la infanta Isabel, al pintor Inocencio Medina Vera le concedieron en 1906 la segunda medalla de la Exposición Nacional. / VICENTE VICÉNS / agm

El 26 de octubre se conmemora el primer centenario de la muerte en Archena de uno de los artistas e ilustradores de referencia del costumbrismo español

PEDRO SOLER

Cuadros suyos son propiedad del Museo del Prado ('La Romería de San Eugenio') o de la Fundación Thyssen ('La Rosaleda de Buenos Aires'). Por algo hubo quien lo definió como «uno de los pintores de más prestigio de España». Pero «ha muerto muy joven y sin bienes de fortuna que legar a su familia, más que la gloria de su apellido». Lo escribía 'La Ilustración Española y Americana', el 15 de enero de 1919, recordando a Inocencio Medina Vera, que había fallecido varios meses antes -el 26 de octubre de 1918- en Archena, su pueblo natal, afectado por la tuberculosis. Ante la situación económica en que quedaba su viuda e hijos, el diario 'ABC' y la revista 'Blanco y Negro', de los que había sido asiduo colaborador, organizaron una exposición, con obras del propio artista, que ambas publicaciones conservaban en sus fondos.

'La Ilustración Española y Americana' también escribía, con la firma de José María Díaz, que se trataba de un «hombre soñador, amante hasta tal extremo de su trabajo, que solo en él confiaba y esperaba triunfar por su propio esfuerzo (...). Su lucha fue, como la de tantos otros artistas, un constante sufrir hasta triunfar, y, cuando lo había conseguido y la aureola de su nombre le ofrecía un brillante porvenir, ha muerto en el alborear de su legítimo triunfo». Y añadía que, pintor «muy aficionado a los tipos murcianos, consagró a ellos gran parte de su labor artística, logrando hacer verdaderas maravillas de composición, de luz y de colorido». De hecho, en Murcia era reconocido como 'El pintor de la huerta', y, muchos años después, Paco Alemán Sainz escribiría que «Murcia tiene en Inocencio Medina Vera un pintor de la fiesta huertana, de la huerta en atuendo de fiesta, precisando en su pintura un tipismo popular que, con mayor o menor dramatismo, es un hecho que no puede esquivarse».

'Un día más', propiedad del Museo del Prado, depositado en el MUBAM.
'Un día más', propiedad del Museo del Prado, depositado en el MUBAM.

Con motivo de la exposición, se proponía al ministro de Instrucción Pública, entonces Joaquín Salvatella, la adquisición de «algunas obras del notable artista», porque «sería un medio de proporcionar consuelo a la familia y adquirir unas joyas, que tienen lugar muy adecuado en nuestro museo de arte moderno»; obras que «servirían de aliento a la juventud, que trabaja con entusiasmo por el encumbramiento del arte español, viendo una protección oficial, aunque indirecta, pues es recompensa a su trabajo a quienes, como Medina Vera, legan a su patria un nombre ilustre y el ejemplo de una vida de trabajo».

Muy aficionado a los tipos murcianos, consagró a ellos gran parte de su labor artística

También 'El Heraldo de Madrid', del 30 de octubre de 1918, afirmaba que en Archena, «la muerte se nos lleva a un artista de los más nobles y honrados de nuestra Escuela clásica»; porque Medina Vera era, «como dibujante, un correctísimo artista, de gran inspiración. En sus obras brilla la distinción y la elegancia con que trata los asuntos de sociedad, y la gracia con que resuelve las escenas picarescas. Sin llegar a la caricatura, Medina Vera hacía apuntes ligeros, admirables, era un devoto del natural, un sacerdote del realismo, un excelente dibujante. El periódico también recordaba que había ganado una medalla por su cuadro 'La paz de la aldea' y entre sus obras más notables citaba 'El día de San Eugenio en el Pardo' y 'A casa que llueve'.

Definido como 'pintor de la huerta', hizo «verdaderas maravillas de composición, de luz y de colorido»

También se afirmaba que, aunque su labor como dibujante le impedía dedicarse por entero a la pintura, era «un virtuoso de la profesión, un inspirado, cuya desaparición es muy sensible porque era joven y podía esperarse mucho de sus grandes dotes y talento. Muy de veras lamentamos su muerte».

'La Rosaleda de Buenos Aires', propiedad de la Fundación Thyssen.
'La Rosaleda de Buenos Aires', propiedad de la Fundación Thyssen.

La muerte del pintor tuvo en Murcia más atenuadas repercusiones. Solo 'El Liberal', del 4 de noviembre, afirmaba que «hace varios días falleció en Archena el ilustre y notabilísimo pintor murciano Inocencio Medina Vera (...). El deseo de gloria y justo reconocimiento de su labor, que no llegó a alcanzar en España como debiera, le llevaron a la hermosa tierra argentina», donde había convivido con su primo el poeta Vicente Medina. 'El Liberal' recordaba cómo «recientemente, una traidora enfermedad le obligó a volver a España y, como si presintiera su fin, se dispuso a descansar en Archena, la tierra de su niñez y de sus amores, en donde le sorprendió la muerte». También rememoraba el periódico que el pintor dejaba «numerosos cuadros de positivo mérito y valor, algunos de los cuales cuelgan en los salones de distinguidas familias murcianas. Obra suya es también el techo y los cuadros del vestíbulo de nuestro Teatro Romea, aunque en el primero le ayudó el malogrado pintor Latorre».

Reconstrucción del Teatro Romea

Como se ha indicado, Medina Vera nació en Archena el 28 de julio de 1876. Hijo de un maestro de escuela, pese al interés de su padre por que también fuese maestro, Inocencio, desde que era un escolar, se inclinó por el dibujo, la caricatura y la pintura. Con dieciséis años, fue premiado con la Medalla de Plata en un concurso organizado por la Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia; y tres años después solicitó a la Diputación Provincial una pensión para estudiar Bellas Artes en Madrid. Consiguió la beca correspondiente y se trasladó a la capital española, donde pronto empezó a colaborar como ilustrador en publicaciones de muy variado signo: 'Blanco y Negro', 'Madrid Cómico', 'Mundo Gráfico', 'El Arte del Teatro', 'La Revista Moderna', 'La Vida Literaria', 'Alegría'...; al mismo tiempo, exponías sus cuadros en salas madrileñas o en comercios murcianos. En 1898 volvió a Archena para contraer matrimonio con Juana Martínez pero, inmediatamente, retornó a Madrid, donde ya destacaba como «uno de los grandes pintores e ilustradores del costumbrismo español».

En 1911, José Martínez Tornel anunció que cruzaba el charco en busca de su primo, el poeta Vicente Medina

El reconocimiento definitivo a su nombre se produjo a propósito de la reconstrucción del Teatro Romea. Medina Vera y su maestro, Antonio Latorre, serían los encargados de pintar los techos del recinto. El pintor murciano realizó, además, ocho retratos de famosos actores y las pinturas de la sala principal, entre otras. Latorre percibió siete mil pesetas, y Medina Vera dos mil.

'Fuensantica'. | 'Camino de la Argentina', de la colección artística de 'ABC'. | 'La conquista del tranvía', ilustración de la colección artística de 'ABC'.

A principios de diciembre de 1900, el periódico murciano 'El Heraldo' informaba de que Medina Vera había terminado sus retratos, pero también otra pintura que «por su magnitud y mérito artístico, es un precioso cuadro que ha de colocarse en el sitio donde estaba antes el reloj, encima de la embocadura». Se trataba del cuadro en el que la música era protagonista. Respecto a sus retratos, se afirmaba que la obra «merece los mayores elogios», porque están «divinamente pintados. (...). Son magistrales, bastantes para dar nombre a un pintor».

Máximo esplendor

Medina Vera había empezado una época de máximo esplendor. Por entonces ilustró la segunda edición de 'Aires murcianos', de su primo Vicente Medina, y alternó sus estancias entre Madrid y Murcia para atender las numerosas solicitudes que se le presentaban, como las pinturas para la archenera familia Sánchez, o la murciana Abellán y Gil, para la que compuso obras como 'Salida a la mar', 'Los asnos' y 'La vuelta de la pesca'. Pero también le llegan los encargos desde La Unión y Cartagena, donde, entre otros, pinta los murales de una sala del Palacio Consistorial y del Café Moderno, en plena calle Mayor, obras «dignas de un museo».

Es considerado «uno de los grandes pintores e ilustradores del costumbrismo español»

No es extraño que, desde la ciudad marítima, Bautista Montserrat escribiera que «talento y laboriosidad del pintor le han creado un nombre conocidísimo; y sus producciones se cotizan a precio subido en el mercado del arte». Desde el 'Diario Murciano', a propósito de una exposición en el Casino de la capital, se comentaba «el exquisito derroche de arte, de gracejo y de escenas del natural, interpretadas por el genial artista de un modo magistral y ejecutadas en ese estilo peculiar, tan suyo, tan característico, que acusarán su personalidad, aun sin estar estampada su firma». También, en Torrevieja, decoró el salón principal del Casino del municipio con unos murales en los que, como escribió Gil de Vicario, «ahí está el alma de Medina Vera; en cada uno de esos 'panoramas', tan jugosos de colorido, tan sueltos de factura, tan fáciles de concepto». Incluso, por entonces, Medina Vera se presentó a un concurso de carteles en Barcelona. Su obra fue la preferida por el público, aunque no obtuvo premio alguno por parte del jurado. En Madrid sí triunfaba su pintura.

Su cuadro 'A casa que llueve' fue premiado en la Exposición Nacional de 1904. 'El Liberal', de Murcia, recogía un artículo de 'El Imparcial' madrileño, en el que se afirmaba que Medina Vera había presentado un cuadro en el que «la animación y la vida constituyen el tema principal. Es en la plaza de toros: la lluvia ha interrumpido la fiesta y todo el mundo procura huir lo antes posible. Hay que ver el cuadro para comprender el encanto y el profundo sentimiento que la vida presta a las obras sin tema. Un matiz de ironía delicada presta más interés a este lienzo». Y añadía que entre los pintores partícipes, «Medina Vera es de los que fortifican la esperanza de llegar al arte español». A esta exposición se habían presentado más de mil seiscientas obras, entre ellas de Sorolla, Rusiñol, Sotomayor y Ramón Casas. En 1906 concurre nuevamente a la Exposición Nacional con 'Un bautizo en la huerta de Murcia', que sería adquirido por la infanta Isabel. Le concedieron segunda medalla, pese a que tuvo como competidores a las grandes firmas de la pintura española del momento.

Marcha a Argentina

El pintor buscaba, pese a su etapa de triunfos, nuevos caminos. Por esto, el 26 de octubre de 1911, Martínez Tornel anunciaba que Medina Vera marchaba a Argentina, donde se encontraba su primo, el poeta Vicente Medina. Afirmaba que «los dos habían recorrido sus calles de la Amargura, pero ahora los dos se van a encontrar por fin en América». Y recordaba cómo el ayuntamiento de Archena había rendido solemnes honras al pintor, y cómo el alcalde envió a un hijo suyo a Madrid, para que participase en el banquete que los amigos y admiradores le iban a tributar. 'El Tiempo' aludía a este banquete de despedida, antes de su marcha a América, «contratado para hacer un buen número de obras». En aquel país realizó retratos a miembros de la alta sociedad de Buenos Aires, dirigió la revista 'La Semana Universal' y montó una casa de antigüedades.

En 1914, Medina Vera regresa a España y, en el madrileño Salón Vilches, de Madrid, montó una exposición. Se aseguraba que el pintor había vuelto de América respaldado por la fama y con dinero, por lo que pronto volvería a aquellas tierras. 'El Tiempo' lo calificaba de «joven maestro, que ha acertado a triunfar en todos los géneros, y aquilata y sutiliza su manera y la expresión de su temperamento, en las múltiples gallardías de sus pinceles, que ahora nos encantan doblemente que en los días en que pintaba lienzos de grandes dimensiones y que alcanzaba en exposiciones nacionales altas y honrosas recompensas». Fue por entonces cuando pintó el lienzo 'Un día más', catalogado como uno de sus mejores cuadros, propiedad del Museo del Prado, que en 1926 fue cedido al Museo de Bellas Artes de Murcia gracias a la gestiones de Isidoro de la Cierva, presidente del patronato del museo, donde sigue expuesto.

Medina Vera volvió, de nuevo, a Argentina, y tanto cariño había tomado a aquella tierra que 'Letras. Revista de Vicente Medina', editada en la ciudad de Rosario de Santa Fe, escribía: «Medina Vera se queda definitivamente entre nosotros: le gusta Rosario, ha encontrado aquí personas intelectuales de muy delicado gusto artístico. Además, le atrae la compañía del poeta de los 'Aires murcianos', su pariente. Ambos se complementan y, en armónica colaboración, la obra del pintor y la del poeta irán unidas en lo sucesivo». Se refería a 'Aires chilenos' y 'Aires argentinos', los libros de poemas de Vicente Medina, que serían ilustrados por el pintor.

Pese a este fervoroso deseo de permanencia, Medina Vera regresa a Madrid. Se encuentra enfermo, con nulas fuerzas y como notando que su vida se apaga. Dice a su familia que le urge viajar a Archena para, como escribió Martín Páez, «descansar en la tierra que le vio nacer» y «contemplando los atardeceres, esas puestas de sol encendidas, entre las pequeñas colinas, que configuran una geografía agraria».

«El olorcillo del hogar»

A las cuatro de la tarde del 26 de octubre de aquel 1918, Inocencio Medina Vera muere en su domicilio archenero, en la calle Mayor, 56. Acaba la vida del «pintor de la huerta, en esa primera hornada de pintores costumbristas murcianos, pionero de ese arte típico».

El crítico de arte Dionisio Sierra, en una conferencia recogida íntegramente por la revista 'Polytechnicum', afirma: «Cada vez que veía en exposiciones y revistas de arte un nuevo cuadro de Medina Vera, se esponjaba mi alma. ¡Un pintor murciano, el único que mantiene vivo el olorcillo del hogar, en medio de toda esa babel de pintores extranjerizados!».

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