Historia bajo la Luna llena

La Torre del Espolón, con iluminación nocturna./GUILLERMO CARRIÓN / AGM
La Torre del Espolón, con iluminación nocturna. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

La visita al Castillo de Lorca comienza al sol del atardecer y bajo el Parador, un edificio cuyas obras sacaron a la luz la judería

Pepa García
PEPA GARCÍA

Si hay placer que reserve los tórridos días del estío murciano, hasta para los que trabajan, ese es el inmenso disfrute de las refrescantes noches al aire libre, bajo la estrellada bóveda celeste e iluminados por la Luna llena. Precisamente ese es el deleite que promete este fin de semana y que les invito a disfrutar sumergiéndose en otra noche, la de los tiempos, para recorrer paso a paso la historia del Castillo de Lorca.

Pónganse calzado cómodo para bajar y subir rampas y escaleras sin complicaciones, resérvense toda la noche para culminarla con una cena en Las Caballerizas del Castillo y no olviden llevar la cámara para dejar constancia de una visita que solo en verano es posible. Les hablo de 'El atardecer de la historia', una visita guiada que les paseará por la judería y les mostrará las habilidades artesanas, sociales y comerciales de los judíos, dejándoles con ganas de más. Un agradable paseo que les permitirá conocer las vicisitudes de un enclave de frontera y cómo la paz y el abandono preservaron un increíble pasado. Un recorrido por el tiempo que les acercará a la guerra de la Independencia española o Guerra de los Seis Años, con la que el Castillo de Lorca sufrió las últimas transformaciones antes de su abandono.

La visita comienza al sol del atardecer y bajo el Parador, un edificio que se inauguró en 2012, pero cuyas obras, iniciadas en 2002, sacaron a la luz la judería. Hay solo 18 viviendas excavadas, un taller de vidrio y otro de costura, aunque los arqueólogos estiman que vivía una población de 300 judíos. Entrar al conjunto sinagogal es abrir los ojos a otro mundo. Templo y lugar de reunión de la comunidad semítica, su estructura y las piezas que se exhiben muestran el modo de vida de esta civilización, que medió en tiempos de guerra entre musulmanes y cristianos e hizo del negocio su mayor virtud.

La ruta se dirige luego a la Torre Alfonsina, levantada en el s. XIII por Alfonso X, pero antes pasarán por el aljibe que surtía de agua a la numerosa población civil. Ya en la robusta torre, un machón macizo central la hace indestructible, disfruten de los detalles, pero, sobre todo, de las increíbles vistas nocturnas que les pone a sus pies. Cuando terminen, pasadas las 22.30 h., el paseo les habrá abierto el apetito para disfrutar de la cena en el incomparable marco del patio de armas, junto al polvorín del siglo XIX.

Si van con niños, es mejor que opten por el 'Guardián de las estrellas', un recorrido más breve y teatralizado en el que el juego y la diversión son el vehículo para que los niños disfruten del patrimonio cultural y amplíen los horizontes de su conocimiento. Lo harán buscando pistas, resolviendo acertijos y ayudando a su guía a encontrar al emir que tiene retenidas a tres princesas para devolver la alegría a las estrellas. Una alegría que ustedes tendrán asegurada en una terapia de auténticas carcajadas.

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