Namasté en Cabo de Palos

Rafa Sáez, rodeado de abalorios, en su tienda de Cabo de Palos. / a. s.
Rafa Sáez, rodeado de abalorios, en su tienda de Cabo de Palos. / a. s.

La Tienda de Rafa es el placer secreto de la 'jet set' cabopalera, aunque su aura ha atraído a famosas. Cubre de mimos y bromas a sus clientas: «No me corto un 'hair'»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Debería colgar una advertencia en la puerta de la Tienda de Rafa parecida a las de las cajetillas de tabaco. Su interior, fascinante y hechicero como un chamán, no enferma en absoluto, pero sí crea adicción. Cruzar el umbral es sumergirse en un universo mágico, como si hubieran esparcido todas las especias del lejano mercado de Delhi, y se hubieran convertido en sedosos caftanes, sandalias de pedrería y amuletos que callan más de lo que se ve. El tiempo se para en este cuarto repleto de historias latentes y siglos de cultura remota plasmada en pañuelos, blusones y abalorios. Perderse entre los anaqueles, donde Rafa reparte sus diseños de la India, allá los de Nepal y en el otro pasillo los exclusivos de Tailandia, es el mejor plan. «¿Querida, no has visto mi colección de Bali?», muestra a las adictas que vuelven una y otra vez a este templo, más sanador que el ibuprofeno, más liberador que una terapia de cien euros. «Estos pendientes te los regalo para tu vestido de los pompones color beige», mima a sus feligresas Rafa, que conoce el carisma que irradia quien sabe dar antes de recibir.

Rafa es quizás el hombre más adorado por las mujeres en Cabo de Palos. Es el santón de este santuario de las vanidades del primer mundo, celosas de la belleza magnética de otros universos. A este exmaestro le cegó para siempre ese esplendor de espiritualidad y color. «A mí la India me enseñó a vivir, a disfrutar, a no medir el tiempo», revela de su piedra filosofal. Aún tenía la pizarra del colegio como único horizonte cuando le tentaron los influjos de la moda hippie, hasta que en 1988 decidió poner rumbo a la India.

Lugar recomendado
La Tienda de Rafa (Cabo de Palos).
Qué hacer
Perderse entre los anaqueles de vestidos y complementos de la India, Nepal, Bali, Tailandia o Vietnam. Siempre pedir consejo a Rafa.
Los guías perfectos
Rafa Sáez, exmaestro y 'traficante' de moda del sur de Asia, experto en sedas, en piedras y en psicología femenina.

«Pasé los primeros dos meses en pleno monzón. Cogí las fiebres tifoideas por beber agua de lluvia de un cubo, ya que vivía en una casa barco sobre un lago, y me volví malísimo a Cabo de Palos. Pero me enamoré de aquel país para siempre», cuenta el idilio de su vida. Ver al santón de la película 'Baraka' dando las primeras gracias del día en las aguas del Ganges con su mantra del amanecer le dio el impulso final para pedir una excedencia e instalarse seis meses entre enormes ojos negros. «Viví como un nómada. Recorrí todo el país, desde Goa a Cachemira. He vivido con los sadhus, los ascetas hindúes en los templos de Pushkar, una de las siete ciudades sagradas, rodeada de desierto, y he fumado lo que fuman allí», comparte Rafa sin quitar ojo a los apuros de sus clientas. «Mejor ese lazo en el lado», ordena desde su centro de mando, entre sortijas marinas y pedruscos pulidos al otro lado del mundo. «He conocido al Dalai Lama y a Richard Gere, pero claro, cuando yo no hablaba ni palabra de inglés. Y a la maharani de Jaipur», se eleva Rafa sin remedio al otro punto del orbe, donde tiene a una familia apadrinada con la que se reúne tres meses en primavera y tres meses en otoño.

«He conocido al Dalai Lama y a Richard Gere, pero claro, cuando yo no hablaba ni palabra de inglés»

Talleres artesanos

Su vida en la India la llena de trabajo en la Fundación Vicente Ferrer y sus viajes de 'traficante' de moda. De los talleres artesanos más recónditos se trae las maravillas que entusiasman a sus clientas, entre ellas Carla Royo Villanova, Ana Rodríguez (exmujer de José Bono) y la princesa Margarita. Durante el verano, se entrega Rafa a su vida de hechicero, con el excedente de sueños en su cabeza que le dejaron los ríos, los desiertos, las junglas y los sonidos que concentra en un pequeño Bombay dentro de Cabo de Palos.