No una, sino tres personas

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANERO

Sabido es que todos los españoles llevamos dentro no una, sino tres personas: un médico, un entrenador de fútbol y un inquisidor. Las dos primeras están más que probadas y la última también desde que existe esa cosa tentacular de las redes sociales, que son un wéstern lleno de actores de gatillo, fácil no, facilísimo, prestos a desenfundar en aras de una bandera: el buenismo y la corrección política. Hipócritas que olvidan que en este valle todos tenemos virtudes y defectos, que no hay nadie sin mácula y que, como cantaba Sabina, «es mentira que sea un caballero cuando nadie me ve».

Qué fácil es levantar un cadalso si estás disimulado en la Red, a salvo. Imposible llegar a ellos, opacados como están por un muro que es invisible y por lo mismo inderribable. Así, qué poco tardaron los Robespierres de turno en poner el cuello de Plácido Domingo en la guillotina. Enseguida, una ola de solidaridad inundó las redes y en Filadelfia y San Francisco cancelaron sus conciertos, movidos por una suerte de contagio. Ellos ya han juzgado. Ya saben: con la toga por delante. No voy a entrar en si llevan razón o no, en si el tenor es un sinvergüenza o no, en todo caso no parece que sea la Madre Teresa de Calcuta, pero hay nueve denuncias de hechos que ocurrieron hace treinta años y todas salvo una son anónimas. ¿Es suficiente para sacar la toga al fresco y laminar la reputación de alguien, amparado en un anonimato que permite un arrojo falso, un quijotismo de tresillo y alpargata, un coraje con pies de barro? Los apóstoles de la santidad ya han dictado sentencia.

Ay, las redes, como siempre las fustigo, acabo hoy con otra cara. Lo hago con Antonio Basco, que perdió a su mujer, la única persona en su vida, en el tiroteo del 3 de agosto que segó la vida de 22 personas en El Paso (Texas). Basco temía estar solo y pidió ayuda a la funeraria, que lanzó un mensaje en Facebook. Resultado: hubo que trasladar el funeral para dar cabida a tanta gente, con colas para darle el pésame y un tropel de músicos que se ofrecieron gratis para el acto. Conclusión: las redes sirven, pero sin tanto memo de por medio.