El mar siempre ahí

El mar siempre ahí
David Frutos

La luz del atardecer otoñal sobre el Mar Menor enamoró a esta familia del norte, de tal forma que, lo que iba a ser una reducida residencia estival acabó convirtiéndose en su hogar habitual, para lo cual, el proyecto evolucionó desde el sencillo volumen inicial, a una macla de distintos cuerpos geométricos que iban dando cabida a las nuevas necesidades del programa. Cada uno de ellos ofrecía en su cubierta una oportunidad distinta de ver el mar, de aprovechar una sombra o de protegerse o exponerse al levante o al lebeche.

A su vez, esta luz tendida potencia las sombras arrojadas de unos volúmenes sobre otros, subrayando la geometría del conjunto.

Hacia el mar, toda la vivienda se abre al exterior, llenándose, cada una de sus estancias, de esta fuente de energía vital y disfrutando de las espléndidas vistas. Luz, mar y viento como protagonistas del proyecto.

El amplio espacio escalonado entre la vivienda y la playa crea una sucesión de colores, en profundidad, con el mar al fondo, conseguida con la plantación de distintas especies que matizan la luz según el momento.

Por el contrario, en la fachada opuesta, se cierra buscando protección e intimidad respecto al vial público, mostrando unos planos cerrados y rotundos de piedra.

Ficha

Autor:
Griñan Montealegre Arquitectos
Ubicación:
Mar menor