La mujer manda con menos voz

La mujer manda con menos voz

Varios estudios confirman que su progresivo ascenso social y laboral está volviendo más grave el tono femenino. «Hablan de forma más profunda de lo que lo hacían sus madres»

ANTONIO CORBILLÓN

La voz de Margaret Thatcher fue su arma de persuasión política más potente. La 'premier' británica entre 1979 y 1990, conocida como la 'Dama de Hierro', fue una de las grandes pioneras en el progresivo acceso de la mujer a cotas de poder hasta entonces vedadas para ellas. Las grabaciones iniciales de Thatcher ama de casa, hablando de sus sueños mientras sus hijos, Mark y Carol, correteaban alrededor, nada tienen que ver con las de la mujer que después dominó la escena política durante más de una década.

Su biógrafo, Charles Moore, contó más tarde su secreto. Antes de las elecciones que la encumbraron en 1979 recibió lecciones del entrenador de habla del Royal National Theatre, que trabajó su voz para bajarle el tono y lograr que fuera más calmado y autoritario. «Pronto, los tonos intimidatorios del ama de casa cedieron el paso a notas más suaves. Una suavidad que raramente se agrieta, excepto bajo la provocación extrema en los debates de la Cámara de los Comunes», escribió Moore sobre ella.

Diferentes estudios en Estados Unidos, Australia y Países Bajos han llegado a las mismas conclusiones. Igual que el diccionario no deja de evolucionar, el habla también es dinámica. Y la reorganización de las jerarquías sociales, con la progresiva entrada de las mujeres en los ámbitos de poder, está cambiando sus tonos vocales.

«Las voces graves y moduladas dan credibilidad y dominio social»

«Las mujeres de hoy hablan en un tono más profundo de lo que lo habrían hecho sus madres o abuelas, debido a la dinámica cambiante de poder entre hombres y mujeres», concluyó el estudio de la investigadora Cecilia Pemberton en la Universidad de Australia del Sur. Analizó dos grupos de voces femeninas entre 18 y 25 años. Comparó grabaciones de archivo de 1945 con otras de la década de los 90. Todas con similares perfiles: universitarias, no fumadoras. Incluso tuvo en cuenta en el grupo más moderno la irrupción de la píldora anticonceptiva y sus efectos hormonales y en la fonación.

Descubrió que las mujeres habían descendido su frecuencia habitual de 229 Hertzios (Hz) a 206. «Un diferencia significativa y audible», explicó Pemberton, que lo atribuyó a que las mujeres han cambiado agudeza por gravedad para «lograr un tono más profundo para proyectar autoridad y dominio en el lugar de trabajo».

En otro experimento con grupos de debate, la profesora Joey Cheng, del Departamento de Psicología de la Universidad de Illinois, certificó que «las personas (mujeres) que habían bajado su tono terminaron con rango social más alto y se consideraron más dominantes en el grupo».

Cheng lo relaciona con una táctica que también es común en la naturaleza. Hay primates como los macaco rhesus, o nuestros más cercanos parientes, los chimpancés, que disminuyen su tono de voz en sus riñas. «Indican a los demás que su intención es estar listos para luchar y afirmar su estatus», explica Joey Cheng.

La investigadora belga Renée van Bezooijen se ha especializado en la forma en que las emociones se expresan con la voz. En sus estudios comparados, como el que hizo entre los Países Bajos y Japón, se dio cuenta de que «las mujeres de esta zona europea hablan con voces más profundas que las niponas», lo que coincide con los estereotipos de mayor sumisión e incluso mayor brecha salarial de género en el archipiélago asiático.

Este patrón que refleja que una mayor igualdad entre los sexos se relaciona con un descenso y mayor gravedad del tono femenino también se ha cumplido en estudios realizados en Suecia, Canadá o Francia. También en España. «Todo este proceso se lleva viendo desde hace tiempo. Solo hay que pensar en el nacimiento del cine sonoro y cuántas actrices quedaron fuera por su tono de voz agudo», pone como ejemplo la psicóloga Emma Rodero, directora de postgrados de Locución en varias universidades españolas.

Especializada en clases de oratoria y en entrenar a locutores o empresarios, Rodero invita a imaginar una voz femenina al otro lado del teléfono. «Si es aguda la imaginamos débil, tal vez sumisa. Si es grave, especulamos con una persona segura y atractiva».

Todos los estudios que maneja inciden en el progresivo descenso del volumen de hertzios femeninos (claramente por debajo de 200 Hz en los entornos sociales más altos) y del ascenso de tonalidades graves «que confieren un mayor grado de seguridad». Incluso está desapareciendo el tópico de que una voz de mujer aguda invita a un mayor atractivo sexual. «Cada vez ambos sexos se parecen más en la aceptación de voces moduladas, sinónimo de credibilidad», destaca la investigadora española.

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