José A. Ruipérez: «Tenemos que avanzar en la educación adaptada a cada alumno, pero vamos lentos»

José Antonio Ruipérez./L.V
José Antonio Ruipérez. / L.V

«La inteligencia artificial no se aplica en las aulas de la misma manera que en otros campos porque el aprendizaje no tiene un impacto económico inmediato»

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Investigador postdoctoral desde abril en el Massachussetts Institute of Technology (MIT, Boston, EE UU), José Antonio Ruipérez Valiente (Murcia, 1988) acaba de recibir el premio Jóvenes Investigadores Informáticos de la Sociedad Científica Informática de España (SCIE) y la Fundación BBVA por «sus relevantes contribuciones, tanto teóricas como prácticas, en la aplicación de técnicas de inteligencia artificial y análisis de datos para ayudar a comprender el comportamiento humano en entornos de educación 'online', y mejorar así el proceso de aprendizaje». Un reconocimiento que se suma a un extensísimo currículo y a una larga lista de menciones, aunque este quizá sea «el galardón más importante que he recibido en todos estos años». Un premio que le «motiva» a seguir por el camino científico tras acabar «cansado» de una investigación en España «orientada a resultados» y probar durante un tiempo en la empresa privada como 'data scientist', una de las profesiones con más presente y más futuro aún. Graduado en Ingeniería de Telecomunicaciones en la UCAM, máster y doctorado en Ingeniería Telemática por la Universidad Carlos III de Madrid, hoy profundiza en el inmenso campo de la «analítica de aprendizaje» en el centro de investigación más prestigioso del mundo, aunque con la idea de volver para «seguir contribuyendo al crecimiento del país y de la Región».

-Su campo de investigación es la analítica de aprendizaje o 'learning analytics'. ¿De qué se trata?

-Lo que hacemos es analizar datos que nos proporciona la educación, datos que normalmente provienen de entornos virtuales de aprendizaje, entornos 'online' que ahora están muy de moda y en los que los estudiantes acceden a vídeos, a ejercicios, a evaluaciones entre pares, laboratorios virtuales donde hacer prácticas... Esos datos que obtenemos de esas actividades los analizamos para mejorar ese contexto de aprendizaje, así como los resultados de ese aprendizaje de los alumnos.

«Mientras los estudiantes juegan, nosotros evaluamos sus conocimientos en geometría, pero también otras habilidades como la creatividad, la curiosidad...»

-¿De qué manera?

-Se pueden hacer muchas cosas. Desde proveer a los profesores y a los estudiantes de herramientas que mejoren el aprendizaje mediante visualizaciones, a la adaptación del proceso de aprendizaje en función de las necesidades de cada alumno. Se pueden hacer modelos de previsiones para saber qué estudiantes corren mayor riesgo de no completar un curso correctamente, y así poder intervenir. Muchísimas cosas. La idea es que la inteligencia artificial aplicada al entorno educacional se vaya incluyendo en el proceso formativo de los estudiantes para que esa formación esté mucho más adaptada a los alumnos y puedan tener un mejor proceso de aprendizaje.

«Falta financiación»

-¿Cómo se está adaptando nuestro sistema educativo a la nueva realidad que impone la inteligencia artificial y otras tecnologías?

-Lo cierto es que no nos estamos adaptando nada bien. Mientras otros campos como la publicidad o el comercio lo aplican desde hace tiempo, la educación va a otro ritmo porque no tiene un impacto económico directo inmediato, como sí ocurre con la publicidad; así que la cosa va mucho más lenta. Por eso cuesta ver todavía implementaciones reales y que las instituciones y las universidades apuesten por introducir estas mejoras en sus procesos de aprendizaje. La educación debe adaptarse a cada alumno y basarse en datos. Esto es algo que proporcionan estas tecnologías y en lo que tenemos que avanzar. En Estados Unidos, por ejemplo, hay becas por todos lados para investigar en este sentido. Y se invierte muchísimo dinero en educación. En España falta financiación.

-¿Y concienciación?

-Es verdad que el sector público se mueve por otras motivaciones y unos presupuestos muy estrechos. Es complicado que una universidad pueda justificar un gasto muy grande en nuevas metodologías de aprendizaje, por ejemplo. En otros países, es la financiación de la empresa privada la que apuesta por estas nuevas formas de aprendizaje.

-La inteligencia artificial hace la educación más efectiva... ¿y también más divertida?

-Por supuesto. Dentro de mi tesis doctoral ya trataba este tema y ahora en el MIT también estamos desarrollando un proyecto sobre evaluación de competencias a través de juegos. Trabajamos con alumnos de Primaria, en el área de geometría, con un espacio virtual en el que hay una serie de tareas con las que tienen que jugar. Mientras ellos juegan, nosotros evaluamos de forma indirecta, sin que lo sepan, sus conocimientos en esa materia, pero también otras habilidades cognitivas como pueden ser la creatividad, la curiosidad... Para ellos es un juego; para nosotros una evaluación. La idea es que ellos también aumenten su motivación, que no se aburran en clase y mantengan el interés.

-¿Cómo se imagina usted la educación en un futuro inmediato?

-A mí el formato educativo que más me gusta es el de la educación orientada a proyectos. Una educación menos reglada, en la que el currículum se aprenda más a través de proyectos. Con grupos multidisciplinares, para que cada persona aporte sus propios puntos de vista a la resolución del problema. En el proceso de resolución del problema o del desarrollo del proyecto es cuando se adquieren los conocimientos, el currículum, aunque de forma menos reglada. El problema que puede tener este tipo de educación es que depende mucho más de la motivación intrínseca de los estudiantes. Esto pasa en todos los modelos educativos, pero digamos que aquí el alumno debe sacarse aún más las castañas del fuego, ser más autodidacta. Yo creo que, en un futuro cercano, la educación mutará hacia un modelo híbrido, con una parte de los contenidos 'online' y otra parte presencial más práctica, más orientada a los proyectos y a la resolución de problemas. No creo que el cambio se vaya a producir de golpe ni de forma inmediata. Llegará poco a poco, aunque no me atrevo a dar plazos.

-¿Se plantea usted volver a España para continuar con su carrera investigadora?

-Sí me lo planteo. España tiene cosas malas, pero también tiene muchas buenas. Evidentemente, me gusta vivir en España, otra cosa es que no haya buenas salidas profesionales. Pero mi idea es volver a España y a Murcia para seguir contribuyendo al crecimiento del país y de la Región.