Un escatológico reto viral obliga a cerrar al menos cuatro piscinas en La Manga

El interior de una piscina, en una foto de archivo./
El interior de una piscina, en una foto de archivo.

La última moda entre los adolescentes, que consiste en defecar en el agua, está estropeando las vacaciones de muchos residentes

ANTONIO GIL BALLESTAMurcia

Los retos virales que promueven las redes sociales alcanzan límites insospechados. Hay muchos incomprensibles o inofensivos, que consisten en bailar o bañarse en agua fría, pero otros son más peligrosos y desagradables. Aunque pocos como el último: defecar en las piscinas públicas o comunitarias. Una nueva moda veraniega que está obligando a cerrar piscinas y estropear vacaciones.

La Región tampoco escapa a esta epidemia. Administraciones Inmomar gestiona numerosas comunidades en La Manga. Antonio Ruiz, su propietario, confirma que han sufrido cuatro casos hasta ahora, la mayoría en agosto, y las pruebas apuntan a que «se trata de adolescentes». «No es algo fortuito», como puede ocurrirle a algún niño que tenga un descuido involuntario, sino que «es provocado». El propietario de Inmomar explica que estos actos incívicos «ocurren por la noche». Horas después, cuando el encargado acude a revisar el estado del agua, se encuentra «los excrementos, que se nota que son de un adulto».

El repugnante descubrimiento obliga a cerrar la piscina y tomar las correspondientes medidas higiénicas. En estos casos, «la ley es muy estricta», reconoce Antonio Ruiz. El Ministerio de Sanidad establece por el Real Decreto 742/2013 los parámetros que indican la calidad del agua (pH, cloro o turbidez), los valores que deben cumplir y a partir de qué niveles se debe prohibir el baño. El documento añade que, en situaciones de incumplimiento, el titular deberá adoptar «las medidas correctoras oportunas». El procedimiento de Inmomar consiste en echar una mayor cantidad de cloro y dejarla cerrada 24 horas. Después, hacen una analítica por si es necesario ampliar el tiempo de clausura.

Antonio Ruiz sostiene que el rigor sanitario está por encima de todo, aunque suponga una enorme molestia para los residentes de las urbanizaciones. «Es un perjuicio muy grande porque la gente se queda un día o incluso dos sin poder bañarse. Además, algunas comunidades cuentan con hasta 250 apartamentos, y muchos de ellos alquilados, que vienen para una semana», lamenta. Con casi tres décadas de experiencia a sus espaldas, no había tenido que afrontar una situación así: «En estos 27 años de trayectoria como administrador, nunca se me había dado el caso de que lo hicieran a caso hecho, como un juego».