Los bailes de Carnestolendas

Mujeres en el salón de baile del Teatro Principal de Cartagena, en el Carnaval de 1925.
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Mujeres en el salón de baile del Teatro Principal de Cartagena, en el Carnaval de 1925.

Carnestolendas, periodo que comprende los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, se ha caracterizado en nuestra ciudad y comarca como días de celebración del Carnaval, festejo típico y con una gran solera, presente en la identidad propia cartagenera, perdurable en su memoria incluso en las épocas en las que estuvo prohibido.

Llegados a este punto, de lo que vamos a tratar en nuestra sección de hoy, al hilo como siempre de la imagen fotográfica, será del llamado Carnaval en los salones. Es una variante más de estas fiestas de origen clásico que incluían bandos anunciadores, carnaval en la calle, concurso de disfraces, piñatas y cabalgatas.

Los llamados bailes de carnaval tuvieron una gran tradición en nuestra ciudad y alcanzaron su mayor desarrollo en el primer tercio del pasado siglo XX. Se celebraban bailes en el Casino, el Ateneo, el Teatro Circo, el Teatro Principal, el Teatro Máiquez, el Cine Sport, el Gran Hotel y casi todos los casinos de las diputaciones y pueblos del término municipal. Cada lugar tenía un determinado público, e incluso peculiaridades que los distinguían; pero con un gran denominador: el disfraz, la música y el ambiente de gran animación.

Al Casino acudía la aristocracia cartagenera. En sus salones se distinguían el lujo, la etiqueta y la elegancia de sus socios, e incluso la participación en estos bailes de miembros de la Casa Real. Así se relataba en el periódico 'El Porvenir', en 1926: «Don Carnaval ha sentado sus reales en el Casino, y el aristocrático centro se ha vestido de gala para recibir el jovial soberano de unos días: luces, flores, adornos elegantes, todo ha parecido poco para agasajar al regio huésped».

En el Ateneo la presencia mayoritaria la constituía la llamada clase media, más liberal y republicana, que siempre incorporaba a sus bailes las últimas tendencias extranjeras, como el Charleston y el Frandreak-Ball entre otros.

La burguesía comercial acudía preferentemente a los bailes del Teatro Principal, los más multitudinarios y que mejor adornaban sus escenarios. Sus patrocinadores eran los miembros de la Sociedad Instructiva de Comercio y Banca.

Así se reseñaba uno de estos bailes en el Principal en 1925: «Cuando penetramos en la elegante sala de nuestro primer coliseo, creímos estar en una de esas espléndidas y brillantes fiestas que se organizan en el Real, donde toda distinción, toda belleza se refugia con sus alegrías y sus risas, para rendir tributo a la mujer hermosa. Y anoche todas las mujeres eran una en garbo y gentileza; anoche el triunfo indiscutible de la mujer cartagenera, que en sus varios aspectos, en la diversidad de sus trajes en la alocante algarabía de sus risas, simbolizaba la ciudad linda y caritativa, era el tratamiento fiel, la encarnación suprema del alma de la ciudad. Porque allí todo era elegancia y distinción, que hermanaban gratamente con la alegría y la belleza... porque se reunió anoche en el Principal, lo más saliente de cuanto en Cartagena brilla y significa en todos los órdenes».

En la década de los treinta, en este Teatro Principal, empiezan a organizar sus bailes de Carnaval las cofradías de Semana Santa, tanto Californios como Marrajos. Buscan recaudar fondos para sus desfiles pasionarios, y destaca la organización por parte de la Cofradía Marraja de la elección de la 'Señorita Cartagenera', que luego derivaría en 'Miss Cartagena'.

Sobre el Carnaval de 1928 se podía leer en el diario 'Cartagena Nueva': «La belleza de las deliciosas mujeres de Cartagena lucirá admirablemente en el lindo marco que para estas Fiestas han preparado californios y marrajos y el resultado económico de estos bailes será otro nuevo éxito que redundará en bien y provecho del esplendor y la magnificencia de las procesiones de unos y otros, orgullo de Cartagena que las luce satisfecha como una de sus más preciadas galas».

Al Salón Sport se trasladaría la Sociedad Instructiva de Dependientes y Banca, porque debido a su éxito y la afluencia de público a sus bailes se les había quedado pequeños los salones del Principal.

Todos estos bailes carnavalescos tuvieron su versión infantil, que se celebraba por la tarde. Los niños y niñas vestían artísticos disfraces, que competían en originalidad y lujo. Había regalos para los más destacados y golosinas para todos los participantes.

Como hemos señalado, en los barrios, diputaciones y pueblos también se celebraba este tipo de bailes en sus casinos, con gran participación y muy concurridos por jóvenes que derrochaban mucha alegría y diversión.

No faltarían los detractores de estos bailes. Veían en ellos todo el mal posible: Carnaval frente a Cuaresma, un salón de baile frente a una iglesia. Así se expresaba el 'Eco de Cartagena' en 1925: «El Carnaval disfraza a los hombres y los engaña, mostrándoles la vida como un festín que debe terminar en una orgía. La Cuaresma arranca al hombre la careta y pone sobre su frente ceniza para indicarle que los placeres de la carne se truecan en polvo, y solo las virtudes se convierten en coronas inmortales».

Y para terminar, unos versos del poeta cartagenero Abdón Martínez para la piñata final del carnaval de 1922: «Ha callado el horrible estruendo de la trompeta y el violín. Don Carnaval se está muriendo en la tristeza del jardín».

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