Los gigantes de Cabo Tiñoso

Excursión con picnic a las antiguas baterías militares de Castillitos para disfrutar de un paisaje de película

MIGUEL RUBIOMURCIA
Los gigantes de Cabo Tiñoso

La única pega que se le puede poner a Castillitos es la subida. La estrechísima carretera que arranca en Campillo de Adentro y que asciende entre barrancos y acantilados requiere de la máxima atención al volante. Pero una vez arriba, el espectáculo merece la pena. No solo por las impresionantes vistas sobre el Mediterráneo, en pleno corazón del espacio natural de la sierra de Cabo Tiñoso; también por el escenario de película que forma el fortín militar levantado durante la dictadura de Primo de Rivera para defender la base naval de Cartagena y que estuvo en servicio hasta el año 1993.

El paraje es ideal para una jornada de picnic en familia. Lleve todo lo necesario porque el núcleo habitado más próximo queda a ocho kilómetros y en el acuartelamiento no existe ni una fuente de agua potable. Se accede desde la carretera que une Cartagena y La Azohía; hay que tomar el desvío que conduce al núcleo rural de Campillo de Adentro. A partir de aquí, comienza la subida hacia la Punta de Cabo Tiñoso por una vía (la E-23) de solo cinco metros de ancho y con algunos socavones en el pavimento. Así que extreme la precaución. A unos cinco kilómetros, el camino se desvía hacia la izquierda, prácticamente colgado del precipicio. Pronto aparecerá ante sus ojos la silueta del complejo militar, que desde la lejanía, y camuflado en el macizo montañoso, recuerda a uno de los escenarios de El Señor de los Anillos.

A la entrada del acuartelamiento se ha preparado una pequeña zona de aparcamiento. Deje allí el coche y siga a pie. El recinto posee una extraña belleza, que sobre todo fascina a los más pequeños. Quizás por el estilo de la construcción, que recuerda a un castillo medieval, y del que recibe su nombre. O puede que más bien por los dos impresionantes cañones con los que se artilló la fortaleza en el año 1929. Son dos vickers capaces de disparar proyectiles de casi una tonelada de peso (uno por minuto), cargados con 18 kilos de TNT, a una distancia de 35 kilómetros. Tres pisos subterráneos contenían toda la maquinaria y el engranaje. Para la época, tecnología punta. Solo los tubos de estos cañones gigantes, de casi 10 metros de largo, pesan algo más de 86 toneladas. Un ingenio militar cuyo estruendo al ser accionados todavía resuena en los oídos de los más mayores del Campillo. Temblaban hasta los cristales de las ventanas, recuerda un lugareño.

Castillitos es un gran complejo militar construido para proteger Cartagena en caso de ataque enemigo. Otro puesto artillado similar se levantó al este, en el Monte de las Cenizas, para cerrar el cinturón defensivo de la estratégica ciudad portuaria. En realidad, el conjunto de Cabo Tiñoso lo forman tres baterías de costa: Castillitos, a 250 metros de altura con los dos vickers citados; la del Jorel, más abajo, de 1923 y con cuatro cañones; y la batería del Atalayón, en la cima, a 345 metros de altura, y artillada con cuatro cañones antiaéreos en una curiosa construcción con columnas jónicas y un pórtico dórico. Las instalaciones militares se completan con túneles, galerías, almacenes, oficinas, despachos, baluartes, puestos vigías acasamatados y las estancias necesarias para la rutina diaria de tropa y mandos. Todo unido por un camino, entre pinos e imponentes acantilados, que permite realizar un reparador paseo por este paraje protegido por su interés ambiental.

El acuartelamiento recibió un lavado de cara hace unos años con el fin de acondicionarlo a las visitas turísticas. Habilitaron varios miradores y un área con bancos de madera, donde sentarse para tomar el bocadillo. Si acude con niños pequeños, no les pierda de vista, porque algunas zonas pueden resultar peligrosas debido a los precipicios y cortados que limitan el perímetro del recinto.

A la vuelta de Castillitos, puede detenerse a contemplar la cuarta batería que existe en este límite fronterizo con Mazarrón, la de Loma Larga, construida para proteger La Azohía e Isla Plana. Su interés es menor porque fue desartillada en 1940 y los cañones enviados a Ceuta para reforzar la vigilancia del Estrecho del Gibraltar durante la Segunda Guerra Mundial. Otra parada opcional es Campillo de Adentro, donde existe un singular cuartel de carabineros, ahora abandonado y en manos privadas, que pronto podría incluirse en una nueva ruta turística que prepara el Ayuntamiento de Cartagena con estos destacamentos levantados para frenar el contrabando. En el único bar que existe en el pueblo, al mismo borde de la carretera y que también funciona como sede social, le servirán un tentempié, que podrá degustar mientras curiosea una colección de fotografías antiguas, colgadas en la pared. Entre las imágenes, estampas de Castillitos antes de su abandono. Y con suerte se encontrará con algún vecino dispuesto a contarle otras historias de este singular emplazamiento militar.