«Se la he regalado al complejo»

Sylvia Ingham con la bandera española que llevó a París. / Mª J. P.
Sylvia Ingham con la bandera española que llevó a París. / Mª J. P.

Una bandera española con el nombre de La Manga Club acapara muchos planos televisivos durante la Ryder Cup

MARÍA JESÚS PEÑAS Cartagena

No podían estar mejor posicionados. Sylvia Ingham, su marido Peter, su nieta Mia y una pareja de buenos amigos se encontraban en la primera línea de la grada del 'tee' del 1 de Le Golf National (París). Un lugar privilegiado para disfrutar de la Ryder Cup 2018. Al menos de sus primeros compases, porque desde tan excelente ubicación -para el que hicieron cola en la puerta de entrada desde las seis de la mañana-, este grupo de enamorados del golf contemplaron todas las salidas de ambos equipos, interaccionaron con los jugadores -caso de Rory Mcllroy- o llamaron la atención de los españoles. De hecho Jon Rahm llegó a pensar que con tal alarde de bandera española (casi cuatro metros cuadrados de tela), sobre la que aparecía la inscripción de 'La Manga Club París 2018', estaba frente a unos paisanos. «¿No sois españoles?», les preguntó el de Barrika. Pues no. La sorpresa para Rahm y para muchos fue que la 'rojigualda' fotografiada por la inmensa mayoría de las agencias de medios de todo el mundo, observada por los 920 periodistas acreditados -de 295 medios y de 27 países diferentes-, y que se coló en 620 millones de hogares del planeta a través de la televisión, la portaban unos ingleses.

Han pasado un par de semanas desde el enfrentamiento deportivo de estadounidenses y europeos, y Sylvia Ingham sigue con la resaca de la emoción vivida en la Ryder. Habla a borbotones de ella. Y a su timbre de voz se sigue asomando la adrenalina que experimentó durante los días de competición. Su móvil es el más fiel notario de las numerosas imágenes y vídeos compartidos, y del bombardeo de mensajes recibidos tras la aparición de la bandera en televisión; sus oídos, los maravillosos testigos del electrizante cántico de '¡Europe!, ¡Europe!', que «cuando se lo escuchas a 40.000 personas juntas, no puedes por menos que emocionarte», asegura la británica. La fusión de todas esas voces en una, «fue el mejor momento para mí de toda la Ryder», afirma esta propietaria de uno de los más conocidos restaurantes ubicados dentro del complejo de La Manga Club (Los Belones - Cartagena), y que regenta desde hace 14 años. «Indudable -se reafirma-. Es mi mejor recuerdo. Fue increíble». Un momento en un evento deportivo que define como «único; global. No hay nada como la Ryder». Y se atreve asegurar que «ni tres Wimbledon consiguen ese mismo efecto».

La familia Ingham lleva 20 años en la Región. Todos ellos en el complejo murciano. Se trasladaron desde Portugal hasta aquí por su hija Chelsea, para que esta trabajara su tenis. Provienen de «un lugar precioso, Greak Langdale Ambleside (Cumbria - Inglaterra)», donde eran propietarios de un albergue con servicio de restauración para los visitantes del parque nacional. Hoy en día sus clientes son en su mayoría golfistas, que pisan el Si! (nombre del establecimiento), para disfrutar de la comida y las pantallas gigantes donde poder ver innumerables retransmisiones deportivas. Por supuesto, también la Ryder Cup 2018, que no es la única que los Ingham han vivido in situ. Sylvia se aficionó a este deporte, que su marido sí practicaba, tras vivir la Ryder Cup de Medinah (2012). Hasta entonces no había cogido un palo de golf y se dijo: '¿Viviendo en LMC como es que no juego a este deporte?' Desde entonces lo practica y toda la familia sigue con pasión cada Ryder.

Gleneagles (2014), Hazeltine (2018)... Las banderas de hoyo enmarcadas de estos destinos y puestas en las paredes del Si!, dan testimonio de ello y de la incuestionable importancia de la Ryder Cup en esta familia. «Ni el Open Británico es comparable a una prueba como esta», dice esta 'amateur', que recordemos es inglesa. Y es que el golf y la Ryder entraron en la casa de los Ingham para quedarse. La pequeña Mia (de 10 años) ya le ha dicho a Sylvia que: «¡quiero ser golfista!», mientras su abuela ya piensa en la próxima Ryder, «la de Wisconsin 2020, donde llevaré una bandera, por cierto, con una mejor estampación», comenta divertida. La del 2018 ha hecho su función y pasará a formar parte de la historia de LMC. Esta británica ha decidido regalársela al complejo. Un lugar que se siente como suyo. Unos colores que siente como propios.

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