Paco Ureña prolonga su buena racha en Madrid

Paco Ureña recibe con el capote a uno de los tres toros que le tocaron en suerte./Chema Moya / EFE
Paco Ureña recibe con el capote a uno de los tres toros que le tocaron en suerte. / Chema Moya / EFE

El de Lorca corta una oreja en su regreso a Las Ventas y Miguel Ángel Perera cuaja una gran faena

FRANCISCO OJADOSMadrid

Muchísima expectación despertó la segunda corrida de toros de la Feria de Otoño. Se anunciaban mano a mano dos de los toreros que salieron a hombros en la pasada Feria de San Isidro, Migue Ángel Perera y Paco Ureña, y el público llenó la plaza. No decepcionaron.

El festejo

Plaza de toros de Las Ventas:
Corrida de toros. Tercer festejo de la Feria de Otoño. Lleno
Ganadería:
Dos toros de Juan Pedro Domecq (1° y 4°), dos de Núñez del Cuvillo (2° y 5°) y dos de Victoriano del Río (3° y 6°, devuelto a los corrales) y un sobrero de José Vázquez lidiado en 6° lugar. El quinto resultó extraordinario. A los demás se les despidió con silbidos en el arrastre.
Miguel Ángel Perera:
De lila y oro. Palmas, silencio con aviso y vuelta al ruedo.
Paco Ureña:
De caldero y oro. Una oreja, silencio y ovación con saludos.
Incidencias:
El público tributó una gran ovación a Paco Ureña al finalizar el paseíllo, que saludó desde el tercio, compartiéndola con Perera. Saludaron en banderillas Javier Ambel y Jesús Arruga.

Abrió la corrida Miguel Ángel Perera con el toro Lingotazo de Juan Pedro Domecq, que no se definió en los primeros tercios. Blandeó en el inicio y se coló por el derecho, por lo que Miguel Ángel planteó su obra por el pitón izquierdo y se ajustó en las tandas de naturales, a las que prosiguieron otras en redondo de mucha firmeza. El punto de transmisión que le faltó al oponente fue obstáculo para que la masa entrara en la faena.

No gustó a un sector de público el trapío del segundo, que se salvó por su aparente cornamenta. Este llevó el hierro de Cuvillo. Lo lidió sobre los pies Ureña, que lo cuidó en varas. Entró al quite Perera por gaoneras, sin réplica del lorquino que no quiso dar capotazos de más comprobadas las fuerzas. Brindó al público e inició la faena con impactantes estatuarios abrochados con dos trincherillas de cartel. Exigió por abajo Ureña en la primera serie de naturales al de Cuvillo, que perdió las manos. Remontó el de Lorca ese momento a base de toreo caro, siempre bien colocado para ligar y dejó muletazos de ensueño, como el broche a una de las tandas con uno de costadillo fantástico, y lujoso fue el toreo por bajo para cuadrar una gran estocada. Oreja de ley que mantiene a este torero entre los favoritos de esta plaza.

El tercero fue de Victoriano del Río. Lo lanceó rodilla en tierra Perera en el saludo y lo llevó al caballo en un gracioso galleo por chicuelinas. Hubo pique en quites, al entrar Ureña por verónicas y replicar Perera por chicuelinas. Comenzó su faena de muleta por alto, quietas las plantas, el extremeño. Tuvo nobleza Soleares y hasta que se acabó lo aprovechó Perera hasta exprimirlo en series de mano baja dotadas de temple. Pinchó y la estocada necesitó del descabello.

Un bonito jabonero fue el segundo del lote de Ureña, que se estiró a la verónica en el recibo. Le abrió los caminos Ureña llevándolo largo en el comienzo de faena. Le faltó clase al de Juan Pedro, que sí tuvo movilidad. Lo intentó con firmeza el Lorca por ambos pitones y cuando entendió que la faena no cogería vuelo tomó la espada para matar de entera.

El quinto llevó el hierro de Cuvillo. Fue muy protestado pero lo mantuvo el palco en el ruedo. Acertó. Lo citó de lejos Perera y acudió pronto el bravísimo colorado dando emoción a la ligazón de las series con la diestra. Desde treinta metros siguió citando el matador y acudiendo el toro para que Las Ventas vibrara con la bendita sensación que produce ver a un toro embestir y a un hombre dominar las embestidas sin ventajas para crear una obra artística de primer orden. Las bernadinas citando desde la distancia fueron de órdago a la grande. Con la plaza puesta en pie entró a matar en el mismo centro del anillo. Faenón, pero la perfección no existe y quedó patente en el pinchazo y el mete y saca que le privaron de la puerta grande.

El sexto, de Victoriano del Río, fue devuelto por flojo. En su lugar saltó al ruedo Mañanero, de José Vázquez. Manseó en el caballo y salió suelto de las capas. Papeleta para Ureña que le pudo en un inicio de pierna flexionada para quedarse con él. Salió el Paco aguerrido. No pestañeó cuando el toro le puso los pitones en el pecho y acabó por plantear la pelea en tablas, aguantando tarascadas con valor seco. La estocada recibiendo sorprendió por inesperada. Se fue a doblar en manso a la puerta de toriles, pero tardó en caer, sonó el aviso y se enfrió la petición de otra posible oreja.