Lidó Ricó: «Somos más primitivos que nunca»

El artista yeclano Lidó Ricó. /Martínez Bueso
El artista yeclano Lidó Ricó. / Martínez Bueso

El artista yeclano comienza 2018 con tres exposiciones abiertas en Berlín, Estambul y en el Mubam de Cartagena, donde hasta el 4 de febrero puede disfrutarse de la espectacular 'Corpus'

ANTONIO ARCO

Lo suyo es el vértigo. «Hay que hacer trabajar a las neuronas porque somos muy cómodos. Vivimos en una sociedad en la que la comodidad nos ha hecho personas casi despreciables», dice Lidó Rico (Yecla, 1968), que ha comenzado 2018 con tres exposiciones abiertas: en Berlín -Catucci Gallery, hasta el 17 de enero-, en Estambul -RenArt Gallery, hasta el 24 de enero-, y en Cartagena, en cuyo Museo Regional de Arte Moderno (Muram), puede disfrutarse hasta el 4 de febrero de 'Corpus', un recorrido en carne viva, a través de sus instalaciones y esculturas, en su gran mayoría en resina de poliéster, bronce y otros materiales, por su trayectoria desde comienzos de los años 90. Una exposición que el autor dedica a la memoria de Gontzal Díez, poeta y periodista de 'La Verdad' hasta su muerte en 2013, en la que brilla con contundencia una de sus grandes aportaciones artísticas: la que es fruto de haber recurrido a su propio cuerpo como herramienta principal para la elaboración de su trabajo. Durante años, ha batallado con su propia anatomía, sin escatimar riesgos ni violentos esfuerzos, para sumergir distintas partes de la misma en escayola para elaborar los moldes de sus esculturas. «Todos nos parecemos porque somos como envases, lo que nos hace distintos a cada uno es nuestro contenido», sostiene.

«La vida es violencia en estado puro, despertamos y todo se convierte en invasivo»

Lidó Rico no se ha cansado de exprimir su anatomía como experimento, inspiración, materia prima y entrega: «No importa que esté treinta años con un mismo discurso, el de mi propio cuerpo, porque cuanto más intento acercarme a él, más lejos lo siento; la fractura entre cuerpo y alma está cada vez más rota y son muchas las ocasiones en las que piensas que el envase donde nos ha tocado vivir es de tan poca sustancia que asusta. Afortunadamente, a través del trabajo ese vivo ente insustancial se puede transformar en algo superior porque el arte, la cultura, nos recupera como el auténtico milagro que somos».

-¿Qué le ha enseñado su cuerpo?

-Nuestro cuerpo está construido de masa, miedo y memoria; la sociedad los fricciona y manipula hasta formar una pasta, una especie de betún de color indefinido donde se diluyen todos nuestros valores, y donde lo esencial se va aparcando en lo más hondo y profundo de nosotros mismos. El peso enorme del miedo que tenemos a demostrar cómo somos realmente hace que lo natural vaya quedando soterrado por capas de apariencia de cuya densidad resulta casi imposible librarse. Por suerte, el arte tiene el poder de ayudarnos a romper ese revestimiento, siendo capaz de fulminar los complejos que la apariencia nos impone; nuestra percepción es la punta de una aguja que tiene el deber diario de tensionar, de desplazar hasta romper, de sorprenderse y de evolucionar, eliminando las opiniones impuestas para aportar la nuestra propia. Tengamos claro que absolutamente nadie tiene el monopolio de la verdad. Cada uno de nosotros posee una percepción diferente, existen tantas realidades como personas y tenemos el deber de aprender a gestionar cada uno la nuestra, enfrentándonos sin complejos al vacío de nuestra propia ignorancia.

«El arte nos ayuda a eliminar represiones y nos hace descubrir nuevos e inesperados valores»

-¿Qué es lo importante?

-Las ideas. El cuerpo es blando y todo lo blando lastra; el valor de la carne consiste en ser una especie de hostal de paso donde se alojan nuestra conciencia y nuestras ideas, que son las únicas capaces de cambiar las cosas. El arte es un espejo, un lugar donde poder mirarnos de manera diferente para avanzar en el conocimiento, ayudándonos a descubrir facetas que desconocíamos de nosotros mismos, eliminando represiones y haciéndonos descubrir nuevos e inesperados valores.

-¿Qué denuncia?

-La manipulación social se alimenta del miedo a lo desconocido, y la incertidumbre sobre la imagen que proyectamos a los demás nos hace ser seres lamentablemente débiles; por esta razón, siempre he defendido, e intentado predicar con el ejemplo, lo importante que es vivir sin temor a la lucha y a la constante búsqueda, porque el hombre está en este mundo para aportar, para sumar, y no precisamente dinero o cobardía, sino esperanza y necesidad de saber.

-¿Qué propone?

-Nuestra existencia es un completo misterio, una madeja casi imposible de desenmarañar, y de nosotros depende buscar ese hilo que nos ayude a comprenderla y descifrarla. Tengo la certeza de que siendo conformistas sólo conseguiremos abrazar un cielo lleno de silencio. El arte contemporáneo no da soluciones pero sí plantea preguntas; la comodidad, lo fácil, me resultan obscenamente alejados de la verdad. El arte se debe a su presente y, aunque nos ha tocado vivir en una sociedad hueca, nos dejamos llenar de contenidos innecesarios hasta la médula. Nos pensamos libres e interconectados por la tecnología, creemos estar con todos y en todas partes, pero en realidad no somos más que una torpe arqueología de nosotros mismos; somos más primitivos que nunca, estamos cada vez más alejados del afecto y de la sorpresa, y vivimos esclavos del miedo.

Fragilidad

-¿A qué no teme usted?

-A mi fragilidad. Sólo se puede llegar a tener plena conciencia de la propia existencia cuando descubres que somos fragilidad en estado puro, y por esta razón me gusta trabajar con la precariedad, con los mismos componentes una y otra vez desde hace tantos años: cuerpos, resina y realidad, intentando, con toda la pasión que mis células me permiten, llegar a la emoción con los menos elementos, no sumar sino restar, depurando resultados hasta el límite. Pensemos por nosotros mismos, que nadie mediatice nuestras opiniones por muy absurdas que parezcan y aunque vivamos en una prisión llamada cuerpo, conscientes de que el significado de la palabra libertad es una utopía, hay que intentar avanzar por todos los medios y esto sólo se consigue con trabajo, perseverancia y, sobre todo, respeto.

«Sólo se avanza con trabajo, perseverancia y, sobre todo, respeto»

En marzo de 2016, en Manama, capital del Reino de Bahréin, expuso por vez primera Lidó Rico algunas de sus nuevas creaciones ya alejadas de su propio cuerpo; creaciones surgidas del proyecto científico artístico denominado 'Genoarquitecturas', en el que se embarcó, con pasión volcánica, junto a José Luis Ferrán, neurobiólogo del Desarrollo de la Universidad de Murcia (UMU); y Kuei Y. Tseng, neurofisiólogo de la Facultad de Medicina de Chicago (RFUMS). Fue el inicio de un viaje inagotable al corazón del cerebro humano, a su materia, sus misterios, sus debilidades, sus extraordinarias potencialidades, su capital importancia. Cerebros para hablar del hombre, belleza primitiva y conocimiento que mira al futuro. Cerebros que también están presentes en la exposición del Muram. «Lo banal y lo sublime comparten espacio generando nuestra identidad», dice el artista, para quien «la vida es violencia en estado puro, despertamos y todo se convierte en invasivo, cada instante se llena de imágenes, olores, sonidos, caricias, todo absolutamente todo se convierte en frentes de batalla, donde la información va solapando nuestra libertad y modelando nuestra conciencia. Somos un frágil estado de conciencia».

«El hombre, con el paso del tiempo, ha pasado de ser una persona cualitativa a ser una persona cuantitativa; eso implica muchísimas cosas, todas negativas. El hombre se dedica a sumar por sumar, no se dedica ni siquiera a observar con atención», opina el artista. «Curro como un auténtico salvaje», dice Lidó Rico, que sabe muy bien lo que es pasarse «meses durmiendo tres o cuatro horas al día». Lo reconoce: «Se me va la olla si no trabajo; si no estoy creando, no soy persona». Y tanto esfuerzo, a veces crudamente animal, está claro que merece la pena cuando se contemplan sus frutos, exquisitos pero no dulces.

-¿Qué no es usted?

-Ni soy gracioso, ni tengo sentido del humor. El humor no es lo mío, como no lo es tomarme el arte con distancia, ir de divino o de elitista, no implicarme al máximo en lo que hago, ni pensar en hacerme rico. Yo lo que quiero es hacer feliz a la gente que me rodea, y emocionar a quienes se acercan a mis obras.

 

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