La infelicidad

ANTONIO PARRA SANZ

Entre las muchas definiciones que Julio Cortázar acuñó del cuento hay una en la que lo considera como un fotograma de una realidad mayor, una película que sería la novela, y Ramón Bascuñana parece haber seguido al autor argentino con absoluta fidelidad, a juzgar por esta veintena de relatos en los que se habla de los mil y un tipos de relaciones familiares que una persona puede vivir, o sufrir, y de cómo esos entornos se quedan grabados a fuego en nuestra memoria.

Acierto

Claro que con saber elegir un instante, esa fotografía a veces no basta, y ahí llega otro mérito de este autor alicantino, a quien conocimos antes como poeta que como narrador, pero cuya personalidad literaria no puede disociarse, y es el de elegir siempre la palabra con acierto, sin renunciar al lirismo pero dejando que sea la narración la que gobierne el alma de los personajes y de cada trama.

Un acierto que va cristalizando ya desde el mismo inicio de los relatos, que nos cautiva a medida que avanzamos en su lectura y se van descosiendo las costuras familiares, los secretos, las amarguras, y que se nota especialmente cuando llega el 'clic' de cada relato, ese momento en el que verdaderamente se nos desvela el tema del mismo, el motor que ha llevado a los personajes a contarnos su historia, en un monólogo interior que es la fórmula preferida del autor para lograr sus fines.

Se da en muchos la idea recurrente de que el infierno son los otros, en un homenaje a Sartre que no es el único que se ve en este volumen que rebosa soledad e infelicidad. Desvelar aquí la tipología de cada relato sería un crimen de lesa literatura, pero no me resistiré a mencionar uno de ellos, 'El día que me enamoré de Natalia Ivanoff', por el juego de contrarios y todo lo que lleva aparejado. Léanlo y sucumbirán a la tentación de leer todos los demás.

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