Davide Morana: Una hazaña que te deja sin palabras

Deportista (Palermo, 1993). Méritos: Ejemplo de fortaleza y fe en sí mismo

Davide Morana: Una hazaña que te deja sin palabras
Martínez Bueso
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Es mi héroe. Conmueve de un modo inmensamente humano, es una fuente inabarcable de esperanza y un ejemplo sobresaliente de vida, todo al mismo tiempo. Ya conocen su historia, su hazaña que parece de novela pero que es real: este joven italiano residente en Murcia, Davide Morana, tenía apenas 24 años cuando le amputaron brazos y piernas a raíz de una meningitis de auténtica locura que se apoderó de su salud como un ejército devastador. Un joven atlético y aventurero, en todo su esplendor, se transformó de un modo sobrecogedor. Pero ha salido adelante, dejando alucinados a todos cuantos conocen su odisea, y está siendo un motivo de admiración cada nuevo empeño que pone en normalizar su respiración, su pulso, su imaginación, sus anhelos de salir adelante, su sed de vida cotidiana, su curiosidad por conocer el siguiente paso que le espera. Los lugares por los que va construyendo su ritual de verdadero héroe contemporáneo deberían ser bendecidos como espacios de peregrinación laica; su contribución a la ejemplaridad de la que es capaz el ser humano no es, desde luego, una enseñanza menor a las que nos ofrecen, como manjares, Platón, Aristóteles, Sócrates, Heráclito, Averroes o Ibn Arabi, paisano universal.

Se entiende que sus seres queridos estén tan orgullosos de él, se entiende que resulte incomprensible la luz que emana, se entiende que nos duela incluso ir viendo poco a pocos sus progresos, se entiende y es lo justo que casos como el suyo, que te erizan, sean un ejemplo de lo mejor de nuestra especie, que de cuando en cuando se da una nueva oportunidad para que sigamos siendo merecedores de seguir habitando este planeta. Uno de sus vídeos, por ejemplo, nos muestra cómo los sueños pueden ir haciéndose realidad. Estrenaba sus nuevas piernas protésicas que está aprendiendo a utilizar. Alucinas. «¡Vamos a por más! ¡Arriba la vida!», dice agradecido. Es un prodigio de persona, y ahora está empeñado en llevar a cabo una singular carrera deportiva que se merecería que lo colmase de laureles, porque su ejemplo y su glorioso día a día de lucha contra el Goliat de la desesperanza es un modo de vivir que te golpea en lo más profundo. Y es todo un honor para esta Región que él esté entre nosotros.