Un 'tour' muy disputado

Una guía libre dirige un recorrido turístico por la Plaza Mayor de Madrid. / Maya Balanya
Una guía libre dirige un recorrido turístico por la Plaza Mayor de Madrid. / Maya Balanya

Los guías por libre han inundado las ciudades. Cobran la voluntad, pero «nadie les da menos de 8 o 10 euros por cabeza». Los profesionales titulados claman contra «la ley de la selva turística»

ANTONIO CORBILLÓN

La plaza del Zocodover de Toledo fue un tiempo capital mundial de las tres culturas. Hoy está poblada por docenas de paraguas de colores. No son (solo) para protegerse de la tremenda solana toledana de estos días, sino para convocar a los usuarios de los 'Free Tours', las visitas guiadas por libre (lo que no significa gratis) que proliferan por centenares en todas las ciudades españolas. «Hace cinco años fuimos los pioneros. Pero, solo en los últimos tres meses, nos han salido cinco competidores», reconoce la responsable de Ventas de la empresa de visitas guiadas por libre Cuéntame Toledo, Alicia Martínez.

Los hoteles temen a plataformas como Airbnb. Los taxis le han declarado la guerra a otras como Cabify. Y los más de 15.000 guías turísticos españoles con titulación y carné oficial luchan contra las sombrillas de los 'Free Tour'. Bajo sus paraguas hay mucho más que lo que Alicia Martínez llama «labor casi social para que los viajeros tengan un primer acercamiento a la ciudad y así podamos democratizar más el disfrute turístico».

«La mayoría se presentan como asociaciones sin ánimo de lucro pero son colectivos sinónimo de lucro, que es muy distinto», protesta la presidenta de la Confederación de Guías de España, Almudena Cencerrado. Su organización no tiene la fuerza de los taxistas para bloquear una ciudad. «El turismo es muy importante en España. Pero no tenemos peso para presionar. Ahora todo el mundo puede hacer de guía y la amenaza que tenemos encima es que nos impongan el 'modelo Madrid'», resume Cencerrado.

Ese modelo se estrenó en 2009 cuando se importó a la capital española procedente de Berlín y la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, decidió acabar con los carnés y los títulos de guía turístico. No se ha vuelto a expedir ninguno desde entonces. Fue su interpretación de la Directiva Europea de Servicios (ley Bolkestein) que simplificó el papeleo en toda la UE. El sector turístico fue uno de los más afectados. Desde entonces ni siquiera hace falta un aval o una licencia para abrir una agencia de viajes. Y la cifra de oficinas se ha reducido a menos de la mitad desde entonces.

La Plaza Mayor de Madrid o cualquiera de sus itinerarios es hoy también un reguero de paraguas de colores de guías por libre. Más de 30 ofertas diarias fuera de las agencias que escudriñan todos los atractivos de la capital. Inés Ligero pertenece a la ortodoxia de los guías con título. Ni los 88 museos que oferta Madrid le hacen ser optimista sobre el futuro que les aguarda a los graduados. «Sufrimos una competencia desleal, aunque ahora hay que reconocer que no es ilegal, sino alegal», lamenta Ligero, que es secretaria de la Asociación Profesional de Guías de Madrid.

Un guía por libre gana 75 euros a la hora. Alguno llega a los 500 en una mañana

Los titulados insisten en que el turismo se merece que se cuide al máximo la calidad de lo que se ofrece. Pero en un mundo en el que quien más y quien menos no para de viajar, pocos les escuchan. «Hace unos días pegué la oreja a un acompañante 'free' de Madrid y le decía a su grupo que 'A Felipe II no se le ponía el sol en sus cinco continentes'. ¡No sabía que también dominamos Australia!», bromea con amargura Isabel Ligero.

Antes de esa desregulación europea, las denuncias contra lo que entonces eran «piratas turísticos» surtían rápido efecto y las sanciones cortaban por lo sano. Ahora el conflicto es más sutil. Muchas ofertas fuera del mercado las realizan titulados con experiencia. «El discurso de advenedizos está tan superado que incluso las agencias oficiales lanzan sus propios 'free tours'», advierte la gestora de Cuéntame Toledo, que exige a sus 14 guías (la mayoría con título universitario) un cursillo de mes y medio de formación.

Puerta de entrada

Como el taxi o los hoteles, los miles de guías titulados y asociados se ven engullidos por las nuevas leyes del mercado, la llamada 'economía colaborativa' que ha sido la puerta de nuevas formas de negocio. «Los recorridos libres son una forma de llegar al turista para ofrecerle después otros servicios», resume la investigadora de la Escuela de Turismo Ostelea de Barcelona, Pilar Leal, que ha hecho una ponencia sobre la materia.

Destaca el valor «emocional y moral» con el que juegan estos guías alternativos. «Nunca he visto a nadie que no dé una propina al acabar». De hecho, estos cicerones «están autorizados a pedir explicaciones en caso de no recibir nada», reconoce Alicia Martínez.

En juego está un suculento salario. Todas las empresas de guías consultadas admiten que reciben «entre 8 y 10 euros de media por persona». Una visita de hora y media con 25 clientes supone un ingreso de 250 euros. Hay webs para hacerse guía en cualquier lugar del mundo que prometen 500 euros diarios de ganancia en menos de cinco horas de trabajo. Desde una oficina de la Universidad Politécnica de Valencia, Pablo Pérez-Manglano y su socio Juan Castillo aspiran a liderar este mercado a nivel mundial. Ambos crearon hace menos de año y medio Guruwalk. Investigaron este nuevo mercado turístico y calcularon que «crece a ritmos superiores al 20% anual», explica Pérez-Manglano.

Guruwalk crea comunidades 'online' que conectan a viajeros con guías locales. Lograron fondos de los mismos que invirtieron en Cabify y experimentaron en Florencia, Viena y La Habana. Hoy están en 230 ciudades, tienen más de 30.000 usuarios y mil guías autónomos. «Cuanta más comunidad hagamos habrá más espacio para nuevos negocios. Es un marketing perfecto, ya que el 30% de los usuarios pide después servicios de pago». Lo ratifica la investigadora Pilar Leal, que asegura que «la diferencia con otras plataformas de servicios es que aquí no hay una transacción monetaria clara, sino una puerta de entrada a otros consumos de pago».

Guruwalk trata de comerle el terreno a FreeTour.com, los reyes del negocio. Para lograrlo, sus mentores se presentan como «las páginas amarillas de los guías», explica Pérez-Manglano. En su completa web ofrecen todo lo que un viajero pueda desear para evitar intermediarios y abaratar costes en todo tipo de necesidades. El propio Pablo ha elaborado un completo tutorial digital en el que explica a los aspirantes a guía las claves del éxito: cómo conquistar a los clientes (aprendiéndose sus nombres), aumentar las reservas o mejorar la inserción publicitaria.

La pregunta clave -¿quién controla los ingresos y cuánto se declara?- se queda sin respuesta. «Estamos en 64 países y cada uno tiene su legislación -responde Pablo Pérez-Manglano-. Lo que les decimos es que cumplan la ley, que se hagan autónomos y declaren todo. Pero desde Guruwalk no podemos controlar todo».

Pilar Leal concluye en su investigación que «esto no se va a detener y va a generar nuevos modelos de negocio. Lo que hay que hacer es regularlos».

Turismo sin intermediarios

Pioneros
Los 'Free Tours' comenzaron en 2004 de la mano de Sandemans, firma nacida en Berlín. Fue una actividad claramente ilegal y perseguida hasta la desregulación europea de servicios (2009). Hoy domina el mercado Freetour.com, creada en 2014 desde Irlanda. Tiene casi un monopolio en 350 ciudades del mundo. Solo en Madrid, ofrecen más de veinte rutas diferentes. Muchos guías oficiales se han sumado a esta fórmula para no quedarse sin trabajo.
El competidor español
La valenciana Guruwalk intenta 'robarle el empedrado' al resto de 'Free Tours'. Ven tantas posibilidades al negocio que ya se plantean «cobrarle dos euros por viajero al guía» por su labor de intermediación digital. En año y medio ha conquistado 64 países y más de 200 ciudades.
8 / 10 euros es la media que paga cada viajero por la ruta libre (nunca gratis).
Los expertos hablan de «conexión emocional», que hace que nadie deje de dar su propina al acompañante cultural. Gestores como Cuéntame Toledo, con más de 200 clientes al día, aseguran que «lo nuestro es una taquilla a la inversa: aquí se paga al final». También insisten en que se «declara todo a Hacienda». Las empresas y guías titulados ponen en duda la fiscalidad de estos servicios. Incluso las plataformas digitales admiten la falta de control del flujo económico.

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