Amy Winehouse del Mar Menor

La cantante de soul y hip-hop Ana Sánchez 'Anunna'. / a. S.
La cantante de soul y hip-hop Ana Sánchez 'Anunna'. / a. S.

Ana Sánchez 'Anunna', cantante de soul y hip-hop, con 15 años ya grababa 'covers' de Sara Vaughan: «Lo que daría por haber conocido a Freddie Mercury y cantar con mi abuela Benita»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Se encerraba en el baño la canija de la familia a cantar como Sara Vaughan y no había quien la sacara de allí. «Luego me he enterado de que el cuarto de baño tiene la mejor acústica», cuenta para los Nino Bravos de las duchas. Con 26 años está lista para lanzar al mundo su primera maqueta, que quiere convertir en vinilo para ver sobre el plato dando vueltas a 45 revoluciones el nombre de Soul Korea, la unión musical que ha creado con Giorgio Hermano (Gregorio Conesa Vidal) en San Javier.

Una voz de caramelo y mucho 'flow' la sitúan en el mismo vecindario que la autodestructiva Amy Winehouse, sobre todo porque la cantante murciana ha pegado el estirón con 'potitos' de jazz, soul y rock. «En mi casa sonaba heavy metal en la habitación de mi hermano, mientras que yo escuchaba todo lo de Sara Vaughan, Ella Fitzgerald, Nina Simone, James Brown, mucho gospel y mucho blues», le sale el swing por los ojos de almendra y una melena bicolor.

Quién
Ana Sánchez Ortiz.
Qué
Cantante.
Dónde
San Javier.
Gustos
La música.
ADN
Valiente y rebelde.
Pensamiento
«Le inculco a mi hijo el respeto a lo diferente».

Su afiliación musical juega en minoría en los oídos de su generación: «Sí, tengo amigos que les gusta el regetón. Es que ahora todo es eso. Incluso yo, si estoy de fiesta y ponen regetón, no me marcho». De hecho, «en mi grupo de amigas yo soy 'la liá', porque me lío cuando salgo y no veo el momento de volver, pero si no estoy bien no salgo, porque entro en bucle». El día y la noche tienen sus acordes para Anunna, su nombre de guerra: «En el coche voy cantando, cuando paramos improviso o lo mismo canto flamenco», se lanza.

«En el coche voy cantando, cuando paramos improviso o lo mismo canto flamenco»

La música siempre fue su caja de las golosinas: «Mi hermano Deme tenía en el bajo de casa, donde ensayaba con su grupo, un amplificador, una batería, una guitarra, y cuando se iban yo bajaba a tocarlo todo», se escapaba la rapera del Mar Menor. Antes de dejar la escuela ya soñaba más con la discografía completa de Queen que con las muñecas.

«Mi infancia fue perfecta, muy familiar, muy tranquila, pero luego tuve una adolescencia más complicada», sonríe con los ojos. Ana, que sufrió las fiebres del pop afro y los ritmos de iglesia, pasó por la guitarra y por la percusión.

Tiene también Anunna un armario del que sacar emociones y vaivenes. «Tuve una relación tóxica, que me decidí a finalizar, pero me quedé con lo mejor, un hijo que tiene ya 7 años». Ha reprogramado su ruta la cantante: «Ahora me preocupo más por lo importante y, si me caigo, me va bien la ayuda, pero tengo claro que tengo que levantarme yo sola».

En cuanto puede, se escapa al estudio con su otra mitad musical y «se nos pasan las horas haciendo letras y ritmos». «Ahora todo está a tu alcance, puedes hacer música en una habitación. Es lo que tiene ser milenial», se propone Ana aprovechar. No le da miedo el océano digital de la música en el mundo: «No me obsesiona que lo nuestro se parezca a otros, porque no he escuchado nada parecido». Hasta ahora han divulgado su trabajo a través de las redes sociales y pronto se ve en el escenario «para dar buena música y algo de show».

Los roles trasnochados no aparecen en su horizonte porque «tengo claro que si quiero hacer algo lo haré, y desde luego me aterra la idea de pasar toda la vida atada a alguien», casi más que un mundo sin melodías. «Canto a todas horas. Mi madre me dice que es como una enfermedad», se aferra a su voz. Para los pocos ratos de silencio, «me voy a una cala frente al mar. Me da paz». Ana quiere agarrar con las dos manos el futuro, como manoseaba la guitarra de su hermano a hurtadillas: «Me gustaría vivir en Asia porque me entusiasma su cultura y quisiera saber qué hacen allí, pero si pudiera desear algo pediría haber conocido a Freddie Mercury y haber podido cantar con mi abuela Benita».

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