Prisioneros

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Eleonora, la guía de la Galería de la Academia, en Florencia, prohibía doblar la esquina de la primera sala del museo y acudir a la carrera a devorar el 'David' de Miguel Ángel. Al menos, no sin antes detenerse frente a 'Los Prisioneros' y entender (a grandes rasgos, que diría Fernando Guillén Cuervo en 'Airbag') la filosofía del genial escultor florentino. Gracias, Eleonora. Contemplar ese primer prisionero, esas formas retorcidas que jalonan el camino al 'David', es lo más parecido a experimentar por primera vez el síndrome de Stendhal.

A diferencia de sus coetáneos, que proyectaban primero en yeso para no gastar piedras a lo loco, Miguel Ángel Buonarroti trabajaba en un único proyecto y asumiendo todos los fallos que pudiera cometer (pero que no cometía) sobre el material. Su forma de trabajar estaba motivada por su deseo de «rescatar» del interior de la mole de mármol a la figura que se encontraba «prisionera» en la piedra, y que el escultor ya veía en su cabeza. Así, Miguel Ángel 'liberó' de su prisión a figuras tan impresionantes como el propio 'David' o el 'Moisés'. Sin embargo, el faraónico proyecto que le encargó el pontífice Julio II para la tumba papal dejó finalmente inacabadas varias de esas esculturas. Imágenes eternamente prisioneras, a medio camino entre la libertad y una cadena pétrea que las mantiene ancladas en el desasosiego y la permanente zozobra de la eterna huida frustrada.

Ninguno de esos prisioneros se llama Josefa, la única mujer que logró escapar del enésimo naufragio en el Mediterráneo gracias al milagroso rescate efectuado por los miembros de la ONG Open Arms. Entre esos voluntarios no hay ningún Miguel Ángel Buonarroti, y ninguno de ellos imagina una preciosa figura en su mente a la que rescatar porque no les hace falta. Bastante tienen con lo que ven todos los días. Los mismos que salvaron a Josefa también se llevaron para siempre en el corazón la imagen de las decenas de cadáveres flotando entre maderos y salvavidas desinflados. Prisioneros de carne y hueso, inertes, a medio camino entre el terror de su tierra, la libertad soñada en Europa y la ceguera del primer mundo. Anclados para siempre en el Mediterráneo, el pasillo hacia el 'David'. Prisioneros de la muerte, sin un solo Miguel Ángel que les pueda rescatar ya.

Temas

Verano

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos