Pasar al otro lado

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

Un 3 de julio de 1971 Jim Morrison pasó definitivamente al otro lado. 'Break on Through (To the Other Side)' rezaba precisamente uno de los temas con más 'punch' de The Doors. Su líder pensaba más en un buen colocón que en el inframundo mientras escribía la letra de la canción. Al final, parece que una cosa llevó a la otra. La tumba del 'Rey Lagarto' es ahora una de las más visitadas en el cementerio parisino de Père-Lachaise. Tantas veces jugó a la lotería el americano que al final el Gordo le cayó en la ciudad del amor. Sobre la lápida, una inscripción en griego: 'Recuerdo del héroe llevado por su demonio'.

Los franceses siempre han tenido una especial sentido del espectáculo y un profundo respeto a la hora de enterrar a sus héroes, a los propios y a los apropiados, como el mismo Morrison o Pablo Picasso. Solo hay que acercarse al Panteón de París para dar una vuelta por la historia del país galo a través de los nichos de sus figuras más insignes. Una sensación similar, en versión soviética, es la que despierta una visita a la Plaza Roja o al cementerio moscovita de Novodévichi. «Gorbachov está fuera de Rusia por traidor, pero lo repatriaremos aquí cuando muera», me aseguró un guía del camposanto.

El turismo de cementerios es uno de mis vicios confesables. Es parte del folclore de un pueblo el cómo da sepultura a sus muertos y cómo homenajea a sus personalidades. Y es rozar un trocito de historia. Hace poco, aprovechando el bicentenario de su nacimiento, me acerqué a Torreagüera en busca de la tumba de Antonete Gálvez. Impulsor del Cantón murciano y llamado por algunos el 'Emiliano Zapata de la Huerta', tuvo que ser enterrado fuera de 'suelo santo' por orden del obispo de la época. Las escasas referencias que he encontrado dicen que sus restos fueron trasladados medio siglo después al panteón familiar. No encontré allí lápida alguna que así lo indicara. «Hay quien aún no tiene claro si fue realmente un héroe, un bandolero o un simple loco de atar», señalaba el profesor Pepe Belmonte. El problema quizás es ese, o que no sabemos poner en valor nuestra historia.