Marica

Rubén García Bastida
RUBÉN GARCÍA BASTIDA

Se le gritaba con desprecio al que se hacía daño y se le lanzaba por la espalda al que huía o al que lloraba con razón o sin ella. También servía para empujar a alguien a hacer lo que no quería o para denominar al niño que prefería jugar con las niñas. Ya casi no se escucha. Antes era más fácil. En los patios de colegio, 'marica' era el sinónimo más ofensivo de cobarde. Supongo que eso fue mucho antes de que los maestros nos adoctrinasen, porque lo cierto es que poco a poco fui dejando de oírselo decir a los críos. El otro día lo chilló uno en la playa y fue como encontrar un celuloide antiguo.

Cuando yo era uno de ellos, también tuve un maestro. Y debo reconocer que nos fue cambiando. El profesor modificó y moldeó nuestra conducta y probablemente la de los alumnos de otras muchas clases antes y después de la mía. Por supuesto nos enseñó algo de Matemáticas y algo de Lengua; los nombres de los ríos. Nos enseñó a compartir los lápices y a no clavárselos al de al lado, a colgar el abrigo en lugar de dejarlo en la silla y a no pasar los paraguas mojados a una habitación seca. También pudimos saber por sus palabras lo deliciosa que estaba la panceta de cerdo a la brasa y asuntos más triviales. Él hablaba mucho y nosotros lo escuchábamos todo. A esas edades todavía escucha uno más que habla. El caso es que, entre lección y lección, aquel maestro siempre dejaba caer algo que te llevabas a casa. Recuerdo, por ejemplo, el día en que nos pidió que le diéramos las gracias a quien nos hiciera la comida. Lo recuerdo porque fue el primero en que se las di a mi madre. También tengo en la memoria cómo insistió en que le dijésemos que estaba rica cada vez que nos lo pareciera. Otro día nos enseñó a decir cobarde cuando quisiéramos decir cobarde. Y como esas, tantas cosas. La vida seguía y nosotros íbamos tomando nota. Yo aún no lo sabía, pero entre río y río, lo que aquel hombre nos estaba enseñando era respeto. Por el que tenía miedo y por el que corría despavorido, por los que preferían jugar con niñas y por los que se sentían diferentes. Va por él, y por todos los maestros que nos hicieron mejores.