Una historia interminable

Daniel Vidal
DANIEL VIDAL

No soy capaz de encontrar, entre las más de mil páginas del 'Gran libro de los insultos', de Pancracio Celdrán Gomariz, un solo denuesto que defina con precisión la falta de sensibilidad que ha desatado el 'Open Arms'. La podredumbre de unas mentes en las que se ha disuelto sin remedio el azucarillo del odio. Las peligrosas bufonadas del italiano más tóxico desde Mussolini. Es una película de mi niñez la que me aporta claridad para escapar por unos minutos de un mundo que algunos mayores se empeñan en llevar al inframundo. Y entonces llega la genial melodía que Giorgio Moroder creó para esa película no menos maravillosa que es 'La historia interminable' (Wolfgang Petersen, 1984), basada en la novela de Michael Ende, que devoré por primera vez en el sentenciado cine Rex. Pero esa es otra historia.

Óscar Camps se me aparece en el papel de Atreyu. Pero no surcando los cielos a lomos de Fújur, sino tratando de evitar que Ártax se hunda en un pantano de tristeza. Luchando por cumplir la fantasía de unos desgraciados de tener no ya una vida mejor, sino una vida. Un héroe en entredicho que se topa sin remedio con La Nada, que es lo que hay en algunas cabezas empeñadas en aleccionar sobre legislación marítima y migratoria, mafias, subvenciones e ingeniería portuaria antes que reclamar la salvación urgente de unas cuantas almas que ya no están para circunnavegar el Mediterráneo. ¿Cómo no se le ha ocurrido a Pedro Sánchez ofrecer el puerto de Hondarribia?

Mientras se suceden los pulsos vía Twitter, cientos de migrantes sin foco mediático, sin Richard Geres ni Marc Gasoles, siguen alicatando el fondo de un gran cementerio marino que genera más ríos de tinta que de solidaridad, más películas de ficción que medidas reales de integración en una Europa que, aislada en su torre de marfil, sin rumbo ni timón, acabará desmoronándose como una patera en una fuerte marejada. Se pregunta Camps si hacen falta muertos para que la humanidad reaccione. Claro que no. Los muertos ya no nos hacen reaccionar. Ni los que ya hemos olvidado, ni los que seguirá provocando esta historia interminable.