El flamenco, un asunto neoyorquino

ANTONIO PARRA

El flamenco, sin duda, surgió en España, más concretamente en algunas zonas bajo-andaluzas, aunque en realidad el concepto o categoría de flamenquismo y los espacios que lo popularizaron (con su plebeyismo cultural que tanto criticaron los ilustrados españoles) se divulgó rápidamente en toda la península, alcanzando incluso a la nobleza: creció un mundo de majos y manoplas con su núcleo avanzado en el Madrid castizo («una mujer española/ nacida en el Lavapies/ es una mujer flamenca/ de la cabeza a los pies»), un ámbito popular de chulos y chulaponas, o de 'guapos', 'chulos' y 'flamencos', nombres diferentes que van describiendo en la literatura al mismo tipo de personaje desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX.

En fin, que sí, que esa amalgama de cosas que hoy conocemos con el nombre de flamenco nació en España. Sin embargo, en buena medida, se forjó y configuró como espectáculo (y a la larga se 'vistió' y dignificó como arte cosmopolita) en el extranjero. Durante el siglo XIX, en Europa, en París sobre todo, pero también en otras grandes urbes, como Londres.

Esa época decimonónica ya la documentó excelentemente la profesora sevillana Rocío Plaza en diversos libros, por ejemplo: 'Los bailes españoles en Europa. El espectáculo de los bailes de España en el siglo XIX' (Almuzara). Ocurría que la vieja Europa ilustrada había entrado en la fatiga del racionalismo. Triunfaba el Romanticismo, y en el mundo del ballet había un cansancio de la perfección clásica y se volvió la mirada hacia la fuerza y pasión de los llamados bailes españoles. Un ejemplo: un ballet como 'El diablo cojuelo' incluye en su coreografía una pieza de baile popular español: la Cachucha, y fue bailada nada menos que por la 'prima ballerina assoluta' austriaca Fanny Elssler. El público europeo aclamaba la fuerza de la danza española.

Bien, pues el impagable José Manuel Gamboa ha completado con el cuarto volumen la magna obra 'En ''er' mundo. De cómo Nueva York le mangó a París la idea moderna de flamenco' (Editorial Athenaica), que el lunes presentó en la Casa del Piñón dentro de la agenda cultural del festival.

Con esta obra completamos la visión de ese proceso. Si París fue capital del 'flamenco' en el XIX, después, desde finales de ese siglo y primeras décadas del XX, le va a llegar el turno a Nueva York, allende los mares. Personajes como Carmencita Daudet (cuñada de El Rojo el Alpargatero), Sabicas, la Argentina, La Argentinita, Vicente Escudero, Faíco, y más tarde Antonio y Rosario, o Gades, cruzaron el Atlántico y triunfaron, y después regresaron y trajeron un flamenco ya plenamente forjado y moderno.

Un libro imprescindible para nuestra historia flamenca.