Enamorado de mi coche

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

El cuentista Julio Cortázar -cuentista siempre en el mejor sentido de la expresión, el de contador de historias- era un verdadero demiurgo de la palabra. El genial escritor argentino tenía una capacidad extraordinaria para expresar situaciones y sentimientos cercanos a través de la fantasía de sus composiciones. Imperecederas son sus 'Instrucciones para dar cuerda al reloj'. En esta pequeña pieza, el autor de 'Rayuela' expone que cuando alguien te regala un reloj, te está obsequiando con algo que va mucho más allá del objeto de uso cotidiano. «Te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo... Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días para que siga siendo un reloj... te regalan la obsesión de atender a la hora exacta... el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa». En definitiva, te crean una preocupación.

Evidentemente, y más en un tiempo en el que el móvil ha sustituido al 'peluco' de toda la vida, no hay que interpretar el texto de Cortázar en su sentido literal. Pero he de confesar que estoy experimentando esa sensación tras cambiar de coche. Sí, el mantenimiento en perfecto estado del puñetero nuevo 'carro' se convierte para la mayoría de los mortales en una obsesión. No importa lo que te hayas gastado en él. En mi caso, no mucho. Al salir del concesionario, uno no puede más que sentir lo que expresaba Roger Taylor en 'I'm In Love With My Car'. El batería de Queen hacía de la letra del tema toda una oda a su «máquina de ensueño». No es de extrañar que sus compañeros en 'la Reina' se mofaran de la canción. Una mera banalidad para el astrofísico Brian May.

Pues bien, pasada la euforia inicial por la adquisición de lo que casi se presenta como un símbolo fálico, comienza el sufrimiento. «¿Dónde va a dormir ahora por las noches? Esa plaza de garaje es muy estrecha. ¡Voy a rozar esa columna! Menudo bordillazo le acabo de soplar. Por ese camino de tierra no lo meto. ¿Eso es un rayón?». Pero vamos, nada que no solucione el tiempo y el tercer bollo en la chapa.