Pareja con pelotas

Sergio Ayala, con su beagle. / j. m. rodríguez / AGM
Sergio Ayala, con su beagle. / j. m. rodríguez / AGM

Sergio Ayala, jugador del FC Cartagena, y 'Kai', un beagle de cuatro años de edad, mantienen un tierno idilio desde 2015

FERNANDO PERALS

La amistad entre un perro y un humano. Esa relación especial, única y pocas veces comparable que a muchos les ha tocado vivir. Sergio Ayala, jugador del FC Cartagena, y 'Kai', un beagle de cuatro años de edad, mantienen un tierno idilio desde 2015. El defensa jugaba en el filial del Valencia cuando a él y a su mujer se les despertó el instinto 'maternal' en lo que a animales se refiere. No hubo mucho debate en la pareja. Pocos días después, 'Kai' entró por la puerta de casa. Una acción, la de mudarse a un nuevo hogar, en la que el animal tiene un máster. «Es uno más de la familia. Le afecta que su dueño tenga que cambiar de lugar de residencia por trabajo. Cuando ve que la casa se desmonta, que le quitamos sus cosas del sitio y que llegamos a una nueva vivienda le cuesta adaptarse. Él ya está muy a gusto en Cartagena. Vivimos en un ático con terraza y eso le da la vida porque le gusta el sol, está a sus anchas y muy contento».

Cuando el futbolista vuelve del entrenamiento, 'Kai' sabe que llega su momento. El animal a veces olvida que Sergio tiene mujer e hija y le atrapa para disfrutar de un largo paseo cerca del Cartagonova, o de un objeto que les apasiona por igual a dueño y mascota: «Le vuelve loco el balón. Siempre que salimos a pasear tiene que ser con una pelota. Se lo pasa en grande. Se puede tirar un buen rato jugando con ella. Me canso yo antes que él».

En el momento en el que el defensa regresa a casa después de un partido, el perro sabe cuando toca jugar o consolar a su amo. Nota el estado de ánimo de Sergio. Además, el beagle permite al futbolista darle al botón de 'off' y descansar la mente por un instante: «Los paseos por la tarde con él me ayudan a olvidarme un poco del día a día. Te despejas de estar en casa, de pensar en el fútbol, o te olvidas del móvil por un rato. Pasas un momento de tranquilidad con él y te ayuda mucho. Sabe cuál es mi humor después de una victoria o una derrota. Si hemos perdido, es posible que le toque pasear con mi mujer y no conmigo».

Cariñoso. Bueno. Juguetón. Y excesivamente nervioso alguna vez, ya que cuando dice de ladrar no hay quien le pare. Así es 'Kai', una parte fundamental en la vida del central albinegro. Y no solo en la suya, también en la de la pequeña de la familia: «Mi hija tiene ahora un año. Ha aprendido a andar y a hacer cosas. Ve al perro tumbado y ella se tira encima de él. Le coge las orejas. 'Kai' se va a otra esquina y la niña le persigue. Tiene mucha paciencia con ella pero se lo pasan de maravilla».