Donde sea, pero contigo

Raúl Canto, con su mascota./Vicente Vicéns/ AGM
Raúl Canto, con su mascota. / Vicente Vicéns/ AGM

Raúl Canto y el fútbol sala han ido siempre de la mano, pero a su lado, como fiel escudero en su lucha por llegar a lo más alto, también está 'Hugo', un perro mestizo de raza bobtail y border collie

FERNANDO PERALS

Dicen que el deseo se nutre de esperanza. Y que no hay logros sin metas. Estas certezas encajan perfectamente en la vida de Raúl Canto, jugador del Jimbee Cartagena, que persigue sus sueños a punterazos. Y lo lleva haciendo desde que tiene uso de razón, porque el fútbol sala y él han ido siempre de la mano. Pero a su lado, como fiel escudero en su lucha por llegar a lo más alto, camina alguien más. Se trata de 'Hugo', un perro mestizo de raza bobtail y border collie, y tres años de edad, que encontró en Raúl y su pareja la vida que se merecía y aún no le habían dejado disfrutar: «Lo rescatamos cuando tenía 4 meses. Lo acogieron unas amigas que lo sacaron de una familia que lo abandonó en una habitación. Ellas tienen a 'Álex', su hermano, y al no poder quedarse con 'Hugo' nos lo ofrecieron. Mi novia y yo le dimos vueltas porque no vivíamos juntos y nos faltaba tiempo para dedicarle. Nos gustan tanto los perros que después de pensarlo varios días, decidimos cogerlo y cuidarlo lo mejor posible. Cuando llegó tenía problemas en los músculos, que los tenía atrofiados. Hicimos el trabajo de pasearlo mucho y de ponerle fuerte. Se recuperó bien y ahora está perfecto. Vive mejor que nosotros».

El deporte ha mandado a Raúl a Italia. Y también a Gran Canaria. Al primer destino se aventuró a ir solo. Al segundo no se lo podía permitir. 'Hugo' se cansó tanto de esperar la vuelta de su dueño de Vicenza que cuando este se fue a jugar a las islas se subió al mismo avión para vivir juntos la experiencia. La odisea mejor dicho, porque como asegura el futbolista, los cuatro meses unidos en Canarias fueron un verdadero caos: «Es un perro grande y tenía que viajar en un transportín enorme. Tuvimos que darle pastillas para sedarlo. Cuando jugaba los fines de semana fuera de casa, lo dejaba con una cuidadora que busqué a conciencia y que me ayudó mucho. En diciembre volví a Murcia. Me vi yo solo en el aeropuerto con todas las maletas, dos carritos, el perro y el transportín. Tuvimos que hacer trasbordo en Madrid y, cuando me cambiaba de avión, vi pasar al perro en dirección contraria a la que iba yo. Llamé a mi novia cagado de miedo. Pensé que iba a perder a 'Hugo'. viví un momento muy malo pero hoy estamos aquí los dos».

Es una relación de tres. Raúl, 'Hugo' y María. El deportista y su novia han hecho diminutos lo que parecían ser gigantes obstáculos para que la mascota tuviera la vida que se merece. El fútbol sala y los estudios nunca lo han impedido. El sacrificio no ha sido tal porque su alegría desbordante es la mejor recompensa. Raúl reconoce que su presencia hizo más feliz a toda la familia: «Mis padres y mis suegros no querían perro y ahora lo tienen como si fuera su nieto. Le compran de todo. Lo tienen mimado. Mi abuela falleció hace dos años y 'Hugo' se volvía loco con ella. Tuvo una enfermedad larga y verlo le devolvía la alegría. Me preguntó por él hasta su último día. Toda la familia está enamorada de él. Mi pareja y yo nos organizamos para que no le falte de nada. Cuando llegas triste a casa o después de un fin de semana separados y miras su cara de alegría, todo merece la pena. Ese cariño que te muestra a cada segundo es crucial para mí».

El deportista lo lleva impregnado en su piel. Su brazo derecho muestra el rostro del animal y su inicial ('H') grabado con tinta para toda la vida. Un tatuaje especial como símbolo del amor recíproco que habita en una relación sin igual. No importa donde esté Raúl, 'Hugo' siempre irá con él.