Instinto animal en cada pelea

Mari Carmen Romero, con sus mascotas. /Jaime Insa / AGM
Mari Carmen Romero, con sus mascotas. / Jaime Insa / AGM

La boxeadora y campeona del mundo de muay thai, Mari Carmen Romero, cuenta con unos 'familiares' muy especiales con los que celebra cada cinturón y medalla que la acreditan como la mejor cuando se enfunda los guantes

FERNANDO PERALS

Dentro del ring no tiene rival. Fuera de él encuentra unos duros oponentes que le desgastan más que cualquier combate. La boxeadora y campeona del mundo de muay thai, Mari Carmen Romero, cuenta con unos 'familiares' muy especiales con los que celebra cada cinturón y medalla que la acreditan como la mejor cuando se enfunda los guantes. La de Puerto Lumbreras, amante de los animales, convive con un loro, tres perros y un conejo indiano en una casa de campo. Se desvive por todos ellos y requiere de la ayuda de sus padres, marido, hijos y suegros para poder compaginar el deporte de élite, un trabajo externo y una vida animal.

La primera mascota que llegó al hogar fue 'Tarzán', uno de los perros de la boxeadora. Es un pastor alemán blanco, ya que tiene razas mezcladas. Le contempla una década de vida y es el guardián de la vivienda. «Un amigo nos dijo que su perra había criado y nosotros teníamos muchas ganas de tener animales. Aceptamos encantados. Es el más especial de todos. Avisa de cualquier peligro. Es bueno, inteligente y actúa como si fuera una persona. Los niños están siempre junto a él y, cuando yo vuelvo de correr, me recibe nada más aparecer por la esquina de la calle. Es uno más de la familia».

'Tarzán' fue el precursor del resto de mascotas. Hizo que los hijos de su dueña pidieran y pidieran hasta verse rodeados por todo tipo de fauna. Una gigante pastor del Cáucaso llamada, 'Lua', de dos años, es la que exprime la energía de su ama fuera del ring: «Come lo que no está escrito y para alimentarla me hace trabajar el doble». Esta otra perra vive con el conejo indiano de los pequeños de la casa y con 'Nala' (como la leona del 'Rey León'), un loro yako de cola roja que no se calla ni debajo del agua: «Fue un regalo de comunión que le hicimos a mi hijo, aunque ahora el pájaro a la que más quiere es a mí. Se pasa los días hablando. Empieza en el momento en el que sale el sol. A las 6 de la mañana está cantando. Me tiene aburrida. Un día estaba en la ducha y se puso a decir 'hola'. Pensé que me había dejado la puerta abierta y me asusté mucho. Me puse la toalla, salí del baño y dije: 'Madre mía pero si es el loro. Imita los sonidos igual que lo hace una persona».

Con varios Nacionales y Mundiales en sus puños, la boxeadora mantiene una férrea lucha, esta sin guantes y desde el cariño. La pugna es con sus hijos, que quieren más inquilinos en casa, pero la 'jefa' ha dicho basta: «Los animales son nuestra vida, pero ya no caben más. Ahora quieren un caballo. Les he dicho que uno no, mejor dos».