Jerome Van Passel: Miradas directas al corazón

Jerome Van Passel: Miradas directas al corazón
vicente vicéns / AGM

FERNANDO PERALS

No es casualidad que la vida una a dos seres especiales en sí mismos. Igual que no es casualidad que el destino, más tarde o más temprano, tome parte del que más lo necesita cuando más lo necesita. Jerome Van Passel es holandés por tres de los cuatro costados. El que queda lleva respirando murcianía hace ya unos años. Fue el pedáneo de Santo Ángel desde 2015 hasta 2019. Sí, un señor de Países Bajos, algo que le convierte en especial. Junto a él, siempre a su vera, pueden encontrar a 'Bruno', un perro mestizo, cruce de bracko y boxer, que acaba de cumplir ocho años. «Una familia de cazadores tenía varios perros y una de ellas se quedó preñada. La criatura no valía para cazar e iban a llevarlo a una protectora. Mi mujer y mi hijo se cruzaron en su camino y ahora es uno más entre nosotros», dice Jerome.

Lo que hace singular a 'Bruno' es su mirada. Los ladridos no van con él. Son sus pupilas la que tienen escrito el futuro y las que lo dicen todo. Todo lo que necesita saber su dueño en un momento exacto, en un instante concreto. «Me habla con sus ojos. Si quiere algo me llama la atención. Cuando me tiene detrás de él se va hacia el lugar donde está el objeto o alimento que quiere. Si quiere abrir la puerta, te mira, mueve sus ojos hacia la puerta, y así hasta que se la abres y te abraza. Si quiere la pelota o una galleta, te levanta, se sienta en el lugar indicado, lo mira, te observa a ti, y él mismo te acerca el momento de jugar o merendar».

Corre sin límites. Nada como ninguno. Se baña cuando su amo se mete a la ducha. Escucha atentamente las indicaciones de Jerome y los suyos. Educado como un hijo más, la mascota no es como el resto de los de su especie. «La veterinaria aconseja a la gente que me pregunte a mí las dudas del cuidado de sus perros. Se viene con nosotros de vacaciones. Nos lo podemos llevar a restaurantes sin ningún problema. Es un bicho muy especial».

'Bruno' es una bomba de energía. Si a una raza nerviosa como es el bracko, le sumas la herencia boxer de su padre, es hora de apagar e irnos. Es un fiel compañero de fatigas para Jerome. Lo lleva con la lengua fuera. Bueno, así quizás se lleven mutuamente. Son excursionistas y efusivos cuando llega la hora de darse amor: «Soy senderista y este ha conseguido que salga aún más. Necesita salir y jugar. Es mi acompañante en cada caminata. Me hace el viaje más ameno. Nos divertimos juntos. Le encanta cazar, esconderse y jugar contigo con todo lo que se encuentre por el monte. Es sociable con otros perros y sus amos. Me conocen por ser el dueño de 'Bruno' allá donde voy».