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Un momento de la representación en San Javier de 'Señor Ruiseñor'. / pepe h
Un momento de la representación en San Javier de 'Señor Ruiseñor'. / pepe h

Joglars logra una gran ovación tras la representación de 'Señor Ruiseñor', una crítica feroz al independentismo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Es que aciertan los de Joglars -¡benditos sean los cómicos como manda la Virgen de Montserrat, alias 'la Moreneta': valientes y apasionados!-, hasta en el arropamiento musical de sus espectáculos, siempre tan exigentemente cuidados, con precisión y mimo, hasta el detalle: depurados, elegantes y representados con un altísimo nivel interpretativo; total, nada nuevo bajo el sol: a Joglars, antes con Boadella y ahora sin él, los conocemos bien, los respetamos, los admiramos y, como es lógico, es que no te apetece lo más mínimo perderte cada nuevo montaje que vayan estrenando.

Vamos, ni a mí, ni al numeroso público que les ovacionó la otra noche en San Javier, tras la representación -servida con delicadeza, sin la menor prisa, primorosamente- de 'Señor Ruiseñor', que nada más arrancar propone el disfrute de la composición coral de 'Dónde va la alegría', de la zarzuela 'Doña Francisquita', de Amedeo Vives, que ya les digo yo a todos ustedes que no la escucharán, ni en sueños, en un mitin de Quim Torra o Carles Puigdemont, tanto monta, monta tanto el desquicie ideológico y la falta trepidante de, además de sentido común, sentido de la responsabilidad, dicho todo ello sin el menor deseo de que me tapen la boca con ningún lazo amarillo.

Lo de Ruiseñor es por Santiago Rusiñol (1861-1931), nacido en el seno de la burguesía catalana y que, como artista inquieto en varias facetas, destacó sobre todo en la pintura; ay, esos hermosos jardines suyos de esa España que algunos muchos se empeñan en seguir dividiendo en dos, mientras que los independentistas catalanes en lo que se empeñan es en ver si cuanto antes mejor la mandan a tomar por saco, o a tomar viento fresco, o directamente a freír monas. Rusiñol, que amaba por encima de todas las cosas la virtud, la verdad y la belleza, es, sin duda, un referente de «una Cataluña cívica, culta y abierta al mundo», a la que hoy tanto echamos de menos.

Lo que nos cuentan es: «Un jardinero de Parques y Jardines debe dejar el trabajo por culpa del reuma y le ubican en el Museo Rusiñol, donde hará del propio pintor presentando las visitas teatralizadas del Museo. Pero al cabo de un tiempo, cuando él se ha enamorado del pintor, deciden transformar el Museo Rusiñol en el Museo de la Identidad». Ya se lo pueden ir imaginando. Y, «a partir de aquí se crea un conflicto entre los dos mundos: el de Rusiñol y el de los que defienden la identidad, a los que llamamos bárbaros. La obra es una reivindicación del arte como patria universal, a partir de Rusiñol, contra las patrias identitarias».

Identidad

Y qué claro que queda, y con cuanto ingenio, buen humor, frescura, desparpajo, astucia y magia teatral desplegada durante toda la función, que las patrias identitarias lo que suponen es un retroceso en los avances civilizatorios de la Humanidad, por no decir de un modo más coloquial, dado que uno es un caballero, que son un coñazo, un peligro, una sombra amenazante y, como me dijo una vez con mucha preocupación el filósofo Julián Marías, suicidas. «Los nacionalismos son suicidas», fueron sus palabras exactas.

No es nada nuevo, decía: otra vez puro teatro por los cuatro costados y por el verbo incisivo, demoledor, disparatado de los diálogos. Y, claro, el resultado de ese estado febril de puro teatro, cocinado con cinismo, crítica ácida, esperpento en grandes cantidades, ironía fresca del día, guasa para detener un Talgo y mucha picardía bien distribuida, es este 'Señor Ruiseñor' -como así le llamaban en Aranjuez-, con el que siguen practicando ese ejemplar respeto por el espectador, y continúan sin dejar títere con cabeza, en este caso al independentismo, al que es nombrarle, ejemplo, a Lola Flores cantando, ejemplo, 'Limosna de amores', y caer enfermos de escorbuto. La estupidez, que es soberana y se extiende como la pólvora.

'Señor Ruiseñor' es una mordaz crítica del ya agotador 'procés' frente al cosmopolitismo y civismo sin intransigencias que representaba Rusiñol, figura que sirve a Joglars para, con respecto a los mundos de Yupi en torno a la 'república catalana', desnudar la realidad: desde las manipuladas mentiras oficiales consumidas por la población y el falseamiento de la Historia, hasta caer en la espesura del ridículo. ¡Bravo!

Obra. 'Señor Ruiseñor'. Dramaturgia. Ramon Fontserè, con la colaboración de Dolors Tuneu y Alberto Castrillo-Ferrer. Intérpretes. Ramon Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilà, Juan Pablo Mazorra, Rubén Romero. Espacio escénico. Anna Turrell. Iluminación. Bernat Jansà. Proyecciones. Manuel Vicente. Dirección. Ramon Fontserè y Alberto Castrillo-Ferrer. Representación. Auditorio Parque Almansa, miércoles 7 de agosto de 2019. 50 Festival de San Javier. Calificación del montaje. Muy bueno.

Así fue

Obra
Señor Ruiseñor
Dramaturgia
Ramon Fontserè, con la colaboración de Dolors Tuneu y Alberto Castrillo-Ferrer
Intérpretes
Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilà, Juan Pablo Mazorra, Rubén Romero
Espacio escénico
Anna Turrell
Iluminación
Bernat Jansà
Proyecciones
Manuel Vicente
Dirección
Ramon Fontserè y Alberto Castrillo-Ferrer
Representación
Auditorio Parque Almansa, miércoles 7 de agosto de 2019. 50 Festival de San Javier
Calificación del montaje
Muy bueno