Panteísmo libertario

ANTONIO PARRA

Recuerdo los años ochenta cuando uno recorría los festivales flamencos de la Baja Andalucía con un fervor militante que ahora ha perdido un poco: todos nos atoramos, en parte también porque acabamos sabiéndonos de memoria lo que iba a cantar cada uno (o una), las palabras que iba a decir, cuando iba a pedir permiso para quitarse la chaqueta («osú, qué caló que hace aquí») y hasta los chistes que iba a contar.

Luego la no comparecencia de las ya desaparecidas Fernanda y Bernarda de Utrera. Siempre se daba por hecho la 'espantá' de Camarón. Pero yo las espantadas que recuerdo son las de ellas. Uno se acercaba a tal o cual festival porque cantaba una de ellas, o las dos, y se encontraba con este cartel: 'Fernanda (o Bernarda) de Utrera no actuará esta noche por enfermedad'. 'Con lo bien que se está en Utrera, voy a ir yo a los Palacios, con lo lejos que está eso...», dirían ellas co toda la razón.

En aquella época reinaban Fosforito, Menese, Diego Clavel, los hermanos Toronjo, Naranjito, el de la Malena y otros de corte más o menos mairenista. Eran los reyes del mambo, es decir, de los festivales. Y por entonces ya movía y removía a las masas con sus coplas incendiarias un tal José Domínguez El Cabrero, tanto o más que su amigo Sánchez Gordillo, eterno alcalde de Marinaleda.

También es cierto que algunos puristas (aunque no sabemos de qué pureza) le negaban el pan, la sal y hasta el tomate para restregar. Y eso que El Cabrero, a su manera, siempre se ha mantenido en una cierta ortodoxia. Sí, por aquellos tiempos todavía trataba de imponer su ley el mairenismo intransigente, y eso que para entonces ya habían triunfado y emocionado Paco de Lucía, Camarón o Lole y Manuel: no todo era de color, los últimos fotogramas en blanco y negro se resistían.

Ahora, El Cabrero, después de cincuenta años en los escenarios, y tras el íctus sufrido, se despide de los escenarios con una gira que le trajo anoche a La Unión, festival en el que ha actuado antes en muchas ocasiones, abriendo las galas tras la inicial de los ganadores de la pasada edición.

Le echaremos de menos si realmente se jubila. No siempre nos ha gustado, pero, estereotipo aparte, yo acabé hace tiempo convencido de que lo suyo no era mera pose, sino una verdad a veces incluso inocente, ingenua. Repito: lo echaremos de menos, notaremos la falta de esa especie de panteísmo rural y bravío que trajo a los escenarios, su eterno canto a la naturaleza y a la libertad.