Así suena la hermandad

Así estaba el Auditorio del Parque Almansa de San Javier durante el recital de Chick Corea. / PEDRO SÁEz
Así estaba el Auditorio del Parque Almansa de San Javier durante el recital de Chick Corea. / PEDRO SÁEz

Chick Corea desplegó su jazz fusión en un concierto soberbio repleto de genios

Alexia Salas
ALEXIA SALASSan Javier

Chick Corea está contento. Sonríe y bromea a cada momento, canturrea en algunos de sus temas, y se rodea de amigos para ponerle alas a su música. Tiene motivos. A sus 78 años corona con su música preferida una carrera abrumadora como creador virtuoso y aventurero. Su concierto suena a fiesta que no tiene intención de parar. Esa revisión de temas que grabó en 1976 en 'My Spanish heart' llega a tiempo de convertirlo en mensajero de hermandad y conciliación, «una cura musical contra la inhumanidad que el hombre emplea con el hombre», según él mismo afirma.

Su celebración latina cuenta con genios a los que rendirse, como Jorge Pardo y Niño Josele, y otros músicos de diversas nacionalidades en perfecta comunión. El fondo dinámico y vegetal que aporta el venezolano Luisito Quintero, que transporta al corazón de una selva sonora, se trenza con el pulso vibrante del contrabajista cubano Carlitos del Puerto. El creativo baterista Marcus Gilmore, nieto de Roy Haynes, marca el latido de esta orquesta que irradia esperanza y luminoso 'feeling'. Ese frente que forman el trombón de Steve Davis, más jazzero, y el trompetista Mike Rodriguez, más latino, podría derribar hasta el muro mental de Trump si quisiera. Todo fluye felizmente en este combo, sin que el rey sol acapare chispa de protagonismo, pero que desde el centro lo controla todo, lo hace funcionar todo, y distribuye energía y orden al círculo mágico.

Ficha

Concierto
Chick Corea (piano), Mike Rodriguez (trompeta), Jorge Pardo (saxo y flauta), Steve Davis (trombón), Niño Josele (guitarra), Carlitos Del Puerto (contrabajo), Marcus Gilmore (batería), Luisito Quintero (percusiones) y Niño de los Reyes (bailaor flamenco).
Cuándo
Jueves, 25 de julio.
Dónde
Auditorio Parque Almansa (San Javier).
Calificación
Excelente.

Comenzó con el punteo lírico al piano de 'Pas de Deux', un tramo del ballet de Stravinsky 'Le baiser de la fée' para adentrarse en ese ritmo de camaradería, de raíces españolas y afrocubanas que no abandonaría en toda la noche. Casi sin borrar la sonrisa de su cara, salta del piano clásico al teclado eléctrico, busca la complicidad de los percusionistas y, a cada toque cristalino y ligero como un río de Niño Josele, no puede evitar volver la mirada con admiración hacia este almeriense de larga dinastía flamenca.

En 'Yellow Nimbus', escrito originariamente como un dúo que Corea quiso hacer con Paco de Lucía, se te clava en el alma esa digitación vertiginosa y limpia del guitarrista que tanto evoca al maestro. Ahí entran a fundirse, como el mar y la lluvia, los sones latinos cautivadores con el nervio flamenco en el taconeo de Niño de los Reyes. Brutal y arrollador, no se le puede seguir con la mirada al bailaor sin contener el aliento. Ni cuando reta a Jorge Pardo con su flauta racial, que busca como nadie los quiebros y recodos flamencos, se deja domar. Ese duelo, con un fondo de semillas vivas y cristales que chocan con el aire, suena a naturaleza inexplorada. Esa confluencia de sonidos se convirtió en uno de los diamantes del concierto, que tuvo en 'Duende' la fase más jazzística. A través de 'My Spanish heart' y 'Armando's Rhumba', el pianista fue apurando su incursión en el linaje musical que, tanto por familia como por afecto artístico, ha cultivado desde siempre.

Los nuevos arreglos de su 'Spain' pusieron un final a la altura de un músico genial. Esos primeros compases de 'El concierto de Aranjuez' sonando alternativamente en el piano, la guitarra y la flauta poderosa de Jorge Pardo fueron impagables. Solo lo pudo superar su transcurrir en el piano y la entrada final de los vientos con la melodía de 'Spain', tantas veces versionada.