Extraordinario virtuosismo

El bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta, durante el solo de danza que protagonizó el jueves en el festival de San Javier. / pepe h
El bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta, durante el solo de danza que protagonizó el jueves en el festival de San Javier. / pepe h

El público de San Javier se volcó en la magnífica actuación de Acosta Danza

MARGARITA MUÑOZ ZIELINSKI

Para quienes no hayan tenido la ocasión de ver a Carlos Acosta en su anterior y premiada etapa profesional de danza clásica, partiendo del Ballet Nacional de Cuba y llegando a ser el primer bailarín negro en interpretar Albretch en 'Giselle', Sigfrido en 'El lago de los cisnes', Solor en 'Bayadera' y Basilio en 'Don Quijote' en compañías como el English National Ballet, el Houston Ballet y el Royal Ballet -en poco tiempo será el nuevo director del Birmingham Ballet-, quizás hayan empezado a conocerlo como 'Yuli' en la excelente película de Icíar Bollaín. Bueno, es lo que tiene el mundo de la danza: descubrir grandes talentos a través de la pantalla y vivir sensaciones de otra etapa de creación y otros estilos.

Acosta Danza Evolución es una compañía pequeña, con doce bailarines, que es tá causando furor donde se presenta por varios motivos. La preparación técnica clásica y el trabajo contemporáneo de energía extraordinaria son la base perfecta para un programa en el que, coreógrafos aparentemente dispares, logran una justificación de estilo.

De Goyo Montero, 'Imponderable' abrió la velada entre luces, linternas y humo. Lenguaje corporal y expresividad correctos, para empezar a despertar sensaciones con Carlos Acosta en el dúo 'Mermaid', creado por Sidi Larbi, en el que una sirena de increíble cuerpo elástico con zapatillas de punta emociona luchando fuera del agua. Maravillosa coreografía y maravillosa interpretación. El público ya siente emociones y sabe de qué va la noche. En la segunda parte, otra creación de Goyo Montero con 'Llamada'. Curiosa mezcla de música de Owen Belton y flamenco de Miguel Poveda y Rosalía... Contrastes muy bien llevados que cambian las sensaciones. Como en el resto de piezas, seguimos viendo la importante base de efectos de luces, sin los que cambiaría automáticamente el sentido coreográfico, tanto en el trabajo grupal y de desplazamientos, como en la intencionalidad de destacar la individualidad de los personajes. Muy impactante el resultado para pasar a la fantástica coreografía de 'Two', solo de Acosta e impresionante trabajo siguiendo la partitura de Andy Cowton en el espléndido cuerpo, que es una maravillosa escultura viva en un cuadrado mágico reflejando los años de estudio y preparación del bailarín. Y como gran final, divertido, original, y una pasada de coordinación de todos los bailarines, 'Twelve', de Jorge Crecis, una locura de botellas con agua y luces, coreografía con apuntes de danza urbana, gimnasia, deporte, giros, volteretas, muy complicada y divertida, y el público ya completamente volcado con la extraordinaria actuación de la noche, aplaudiendo sin querer que se fueran. Si ahora van a ver la película 'Yuli', entenderán mejor el espectáculo y quién es este genio de la danza llamado Carlos Acosta.