Qué delicia de fantasmas

Alfredo Sanzol vuelve a ofrecer con 'La valentía' una buena y divertida función

Un momento de la representación, el viernes en el Festival de San Javier, de 'La valentía'. /Pepe H.
Un momento de la representación, el viernes en el Festival de San Javier, de 'La valentía'. / Pepe H.
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Y siempre será bienvenido, que lo sepa. Porque tras las rematadamente deliciosas 'La respiración' y 'La ternura', Alfredo Sanzol nos regala ahora 'La valentía', una comedia disparatada, y rebosante de humanidad, cuya carga de disparate surrealista de 24 quilates se mezcla nuevamente con una aproximación entusiasta a lo mejor del ser humano: su capacidad para empatizar con el otro, su pertenencia a una familia en la que hermanos, padres y abuelos han puesto o ponen habitualmente a su servicio un caudal de cariño y manos tendidas que hacen más fácil y mucho más agradable el caminar por la vida. Por muchos enredos que contengan las historias servidas por Sanzol, por muy alto que pueda ser el nivel de lo rocambolesco que se alcanza en sus obras, siempre saldrá triunfante lo mejor de la condición humana: la comprensión, la inocencia, la entrega, la memoria, la gratitud, los recuerdos felices...

En el caso de 'La valentía', donde habita encantado el espíritu del mejor Jardiel Poncela -ay, esos habitantes de su casa deshabitada-, y se presienten los ecos maestros de Eduardo de Filippo y sus 'Estos fantasmas', el premiado autor y director de escena pone un acento emocionante y justo en la reivindicación de la importancia de saberse parte de una familia a la que, además de la vida, le debemos los desvelos pasados, el bienestar procurado y, ¡qué importante!, esos maravillosos días de infancia vivida junto al calor y las enseñanzas de nuestros mayores, algunos de los cuales, tan queridos, es bastante probable que ya no estén.

'La valentía'

Autor y director.
Alfredo Sanzol.
Intérpretes.
Inma Cuevas, Estefanía de los Santos, Jesús Barranco, Francesco Carril, Font García y Natalia Huarte.
Representación.
Auditorio Parque Almansa de San Javier, viernes 3 de agosto de 2018.
Calificación.
Buena

La fantástica Inma Cuevas (Trini) y la siempre y por siempre recomendable y singular Estefanía de los Santos (Guada), entre las que fluye una complicidad en escena que aporta dosis de credibilidad a una historia que evidentemente no es creíble desde la raíz a las puntas, encarnan a dos hermanas que han heredado la casona de sus antepasados, en la que pasaron los felices veranos de su niñez. Pero, claro, como no todo es de color de rosa, la entrañable y antiquísima casona tiene un pero de campeonato: a pocos metros de su puerta de entrada hay una ruidosa y coñazo autopista. Y esto divide a las hermanas: mientras Guada se niega a venderla y ha decidido instalarse allí una temporada, e incluso alquilar algunas habitaciones, Trini defiende que la mejor opción es venderla y está dispuesta a hacer todo lo posible para quitarle a su hermana de la cabeza su plan y su deseo.

¿Y qué se le ocurre hacer? Pues contratar los servicios disparatados de los disparatados Hermanos Espectro, que se dedican a echar a gente de sus casas a base de meterles el miedo en el cuerpo y pegarles unos sustos de esos que te suben los genitales a lo que viene siendo el gaznate. Los hermanos, una especie de Mortadelo y Filemón, pero todavía más de chiste y con aires de cazafantasmas aptos para bebés de seis meses, parecen haberse aprendido muy bien el argumento de 'El resplandor', de Kubrick, y derrochan también ambos un aire de buena gente que te conquista de inmediato. Ellos son los estupendos Jesús Barranco (Clemen) y Font García (Felipe).

Pero es que todo se liará aún más por el hecho de que hasta la casona han llegado, para instalarse en la habitación alquilada, otra pareja de hermanos -Martín (Francesco Carril) y Martina (Natalia Huarte), otros dos que están fenomenal-, estos sí que fantasmas puros y duros, de los muertos de verdad, antepasados de las hermanas y cuya misión consistirá en convencer a Trini de que renuncie a vender la propiedad. Y sí: los equívocos, los líos y las situaciones absurdas empiezan, además de a provocar carcajadas, a sucederse en una espiral sin fin.

La acción, arropada por la sencilla, eficaz, trasparente y un punto fantasmal escenografía de Fernando Sánchez Cabezudo, y la iluminación redonda del habitual en los montajes de Sanzol, el jumillano Pedro Yagüe, transcurre a un ritmo emparentado con el vodevil, con constantes entradas y salidas de los personajes, dejando momentos verdaderamente memorables: ¡madre mía, qué momentazo el que protagonizan Clemen y Fernando, disfrazados de las 'hermanas gemelas antiguas', intentando asustar, y lográndolo, a una Guada que está magnífica cuando hace estallar su punto de ingenuidad a lo María Barranco en la almodovariana 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'.

Suave

Una de las grandes virtudes de Sanzol es que sabe sacar lo mejor de cada uno de sus actores y aquí de nuevo lo deja claro, en esta comedia de fantasmas, casas encantadas y recuerdos maravillosos de otros tiempos. Tierna y divertida, 'La valentía' es un montaje suave que en nada perturba.

Acaba la representación de 'La valentía' y tienes la impresión de que a sus personajes los conoces de toda la vida, y casi que los quieres, incluidos los fantasmas auténticos. Sanzol, un mago en la construcción de comedias de enredo, que no obstante se construyen sobre un fondo de tristeza, pérdida y soledades a veces muy intensas, dibuja una vez más personajes que forman una pandilla encantadora, rebosante de humanidad, enamoradizos, tiernos, vividores... Además, como resulta que Sanzol no es solo un excelente y premiado autor, sino también un director con una sensibilidad muy especial para envolver sus montajes con una atmósfera mágica de la que, con frecuencia, no quieres irte todavía, la puesta en escena de 'La valentía', a la que suma la música creada por Fernando Velázquez, da sus frutos. Y sales del Auditorio del Parque Almansa, que de nuevo en la noche del viernes registró una abundante presencia de espectadores, con una gran sonrisa.

 

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