Entre dos estéticas que al final se complementan

Diana Navarro, sobre el escenario del Antiguo Mercado Público de La Unión, el pasado viernes. / Pablo Sánchez / AGM
Diana Navarro, sobre el escenario del Antiguo Mercado Público de La Unión, el pasado viernes. / Pablo Sánchez / AGM

Diana Navarro y Miguel Ortega ofrecen al público de La Unión una velada que aglutina canción melódica, coplas populares y cante jondo

PATRICIO PEÑALVER

Con una gala al más puro estilo heterodoxo comenzaba la fase de galas del festival, la noche del pasado viernes, con la cantante malagueña Diana Navarro y el cantaor sevillano Miguel Ortega; dos estéticas distintas que al final se encontraron cuando la cantante, antes de terminar su concierto, pergeñó unas pinceladas estrictamente flamencas, y de la canción pasó a los palos del cante ortodoxo.

El cante, el buen cante en el sentido clásico, llegó de la garganta de Miguel Ortega, Lámpara Minera en 2010, que a buen seguro se resarció de alguna espinita que otrora tuvo clavada por disenso en la forma de gestionar aquel premio. Ortega comenzó cantando la misma minera con la que ganó hace ochos años el máximo galardón y continuó con un taranto.

Centrado y seguro, con la sobria guitarra de Manuel Herrera, prosiguió por alegrías, para después ofrecer un largo recorrido por soleá apolá, desde Cádiz a Utrera, desde Lebrija a Triana. A esa larga serie por soleá le siguieron unos tientos que, rítmicamente por tangos, se fueron para la parte de Badajoz. Y ya en el ecuador de su travesía, sin la zozobra del nerviosismo que produce ese escenario, dejó un buen ramilletes de siguiriyas, para pasar a la parte festera por bulerías, con esa buena guitarra que tocó lo justo, y que siempre va dejando a cantaor colocado en cada tercio. Ya con el público a su favor, desgranó una serie de fandangos, y quiso rematar la larga y jonda faena cantando a capela.

Con Diana Navarro, llegó esa otra estética del cartel, con sus bellas canciones, en las que se integran el pop y la electrónica, o la copla. En la primera parte de su actuación, Navarro ofreció su último trabajo: 'Resiliencia', ya muy rodado -pues casi va para dos años-, con esos temas de amor y desamor en los que cuenta la capacidad que tienen las personas para superar circunstancias traumáticas que no dejan de ser un viaje de crecimiento y superación personal.

Curiosamente, el mismo público que llenaba el recinto, se entregó entonces a la voz melódica de Navarro, que se hizo esperar unos minutos. Y ahí fue dejando los temas de 'Resiliencia', como: 'Yo me voy a querer'; 'Ni siquiera nos quedó París' o 'Olivia Ovidia' dedicado a una mujer boliviana y a todos aquellos que tienen que abandonar su tierra; hasta llegar a otras canciones tales como 'Los niños no'; 'No te olvides de mí' y 'El perdón'. Ni qué decir que 'la Navarro' llevaba a cuatro músicos que sonaban como una pequeña orquesta. David Pérez, al piano; Faisal Kourrich, al violín; Porti, a la guitarra; y David de la Fuente, a la batería.

'Campanera'

De manera que, por si el público, que estaba en un riguroso silencio, permanecía aletargado, la Navarro espetó: «Ahora llega el momento de que cantéis conmigo», y empezó a declamar la famosa copla 'Campanera' de Joselito: «¿Por qué has pintado en tus ojeras / la flor de lirio real? / ¿Por qué te has puesto de seda? / Ay campanera, ¿por qué será?». Mientras una parte del público siguió tarareando, ella se calló para escuchar el coro. Después, dijo: «¡Por algo estamos en la Catedral del Cante!». Navarro terminó la serie de coplas populares, y llegó la sorpresa, con esa parte de cante jondo que había preparado, como guinda, en exclusiva para esta ocasión, y con Juan Antonio Suárez Cano a la guitarra. La artista hizo una de las primeras mineras que cantó Pencho Cros y una taranta. Para seguir dándole pinceladas jondas al cuadro, se le unió el cantaor Antonio Campos. Y, al unísono, se replicaron en los tercios cantando cuplés por bulerías. Diana Navarro se encontraba muy a gusto después del largo recital y los circunstantes querían más, por lo que allá se fue ella por una serie fandangos y granaína. Llegó el momento de la despedida y, para terminar y seguir su vuelo libre, eligió 'Paloma blanca', una emblemática canción de Antonio Molina: «Una paloma blanca, como la nieve, como la nieve / tiene el pico de oro / alas de plata / color de lirio / paloma si vas a bañarte vente conmigo». Y fuéronse todos la mar de contentos.

 

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