Qué bien se está cuando se está bien

Tres momentos del espectáculo 'Improvisao', de Farruquito. / j . m. rodríguez / AGM
Tres momentos del espectáculo 'Improvisao', de Farruquito. / j . m. rodríguez / AGM

El Granaíno interpretó unas siguiriyas de ensueño, escalofriantes, en un recital redondo y lleno de matices; Farruquito demostró ser la pura esencia del baile gitano

PATRICIO PEÑALVER

El baile de Farruquito con su espectáculo 'Improvisao' y el cante de Pedro El Granaíno con su 'Granaíno jondo' en un viaje a la raíces, a esa esencia de lo clásico, a ese flamenco sin aditivos ni colorantes, era una suculenta propuesta para la quinta y última gala del Festival del Cante de las Minas, del pasado martes, que sobrepasó todas las expectativas: ahí no cabía ni un alfiler. Los pronósticos se confirmaron en una noche de gloria bendita.

Con la excelente guitarra de Antonio de Patrocinio, Pedro El Granaíno demostró una vez más esa madurez, ese metal de su garganta que cada vez se cotiza más en el mercado, y el porqué de esa legión de nuevos seguidores. Comenzó por una serie de soleares de Fosforito y Camarón, que terminó con una finura de la apolá. Le siguieron unos tangos lentos en los que cuadraba la voz en cada tercio, recordando esa 'Leyenda del tiempo' de Enrique Morente: «Nadie puede abrir semilla/ En el corazón del sueño/ El sueño va sobre el tiempo/ Flotando como un velero/ Nadie puede abrir semilla/ En el corazón del sueño». Con el corazón en el sueño, El Granaíno nos despertó con unas siguiriyas escalofriantes, la primera de Camarón y la segunda apoteósica de Manuel Molina, unas siguiriyas de ensueño. Con los tangos, de nuevo echó mano de uno de sus referentes: Morente, y lo volvió a bordar. En un recital redondo y lleno de matices le quiso dedicar ese taranto de Camarón a la Brigada de Salvamento de Asturias que participó en el rescate del niño Julen en Totalán (Málaga), a la que en el comienzo de la gala el alcalde de La Unión, Pedro López, había entregado a cuatro de sus integrantes el máximo galardón del Festival: el Castillete de Oro. Impresionantes esos cantes mineros en la garganta de Pedro El Granaíno. Con las bulerías de su propia cosecha montaba la pequeña fiesta de su gran actuación llena de matices, que remataba por fandangos de Morente y Camarón, y mostraba su voz natural retirándose del micrófono y cantando a capela. Con un público entregado se retiró y al otro lado del escenario, al bajar la escalinata hacia los camerinos, le esperó Farruquito y su compañía para aplaudirle y jalearlo.

Sello Farruco

Qué decir a esta altura de José Manuel Fernández Montoya, Farruquito, que no se haya dicho, hasta yo mismo me repetiría de lo escrito sobre él si buscara alguna crónica de otro año, que Farruquito representa la esencia del baile gitano, con ese sello de su abuelo Farruco, y es uno de los grandes bailaores de la actualidad, eso ya debe darse por entendido.

Farruquito presentaba su espectáculo 'Improvisao', en el que dependiendo de la necesidad de bailar el taranto en vez de la siguiriya o la las alegrías en vez de la soleá, cambia el orden a ultima hora. Y así comenzó por esa introducción de buenos cantes por tonás en la voz de Pepe de Pura, hasta que asomaba con andares elegantes y comenzaba el baile por seguiriyas, espectacular en sus movimientos y desplantes con esa manera propia de colocar los brazos, luciéndose en la escobilla con ese prodigioso zapateado.

En la introducción de la segunda intervención del bailaor, se lucía la cantaora María Vizárraga, para dar al paso a un baile por alegrías, poderoso, con esa manera de su abuelo, lenta y subiendo los brazos más arriba de los hombros, alzándolas al cielo.

Y ahí, en ese cambio del vestuario llegó el momento de lucirse su cuadro de baile y lo hizo con un excelente solo por bulerías, el joven guitarrista Yerais Cortés y también el percusionista El Polito, en esa recreación del espectáculo en la que cante, guitarra y baile se funden de manera diferente cada noche. Y concluyó la gran velada, porque aquello era una fiesta para los sentidos, con un baile sensacional por soleá, con la voz recia de Pepe de Pura, con otra escobilla en la que se volvió a lucir taconeando, con precisos y enérgicos desplantes, en esa salida por bulerías. Un gran éxito, con ese público que aplaudía y quería más y más y hubo un gran fin de fiesta. Farruquito dijo: «No voy a cantar por cartageneras», pero agarró la guitarra y comenzó a tocar por bulerías y su cuadro bailó, como se baila cuando se está muy a gusto, y los circundantes también estaban a gusto.

O sea, como decía nuestro Paco Rabal, al que tanto le gustaba el cante de las minas: «Qué bien que se está cuando se está bien».