Un pedazo de alma

La artista cubana, durante su actuación en la velada de La Mar de Músicas, que le rindió un emotivo                              homenaje. :: pablo sánchez / agm/
La artista cubana, durante su actuación en la velada de La Mar de Músicas, que le rindió un emotivo homenaje. :: pablo sánchez / agm

Omara Portuondo justifica con un concierto histórico un premio incontestable

JAM ALBARRACÍN

Lo que me queda por vivir será en sonrisas / porque el dolor yo de mi vida lo he borrado / lo que me queda por vivir será entre dichas / porque el sufrir que me ha tocado lo he agotado». No la cantó en Cartagena, pero permítanme introducir esta crónica con los versos de su canción 'Lo que me queda por vivir' porque reflejan a la perfección, no solo el espíritu, sino también la actitud vital de Omara Portuondo. La gran dama de la canción cubana fue metafóricamente besada la noche del martes por un completo auditorio El Batel, dentro del evento en el que el festival le entregó su preciado Premio La Mar de Músicas.

Ochenta y cuatro años viviendo Cuba, sintiendo Cuba, exportando Cuba y transmitiendo la misma alma de su música. Y acercándola de manera singular a Cartagena, donde la hemos visto en repetidas ocasiones, ya sea a nombre propio, con su Buena Vista Social Club o con sus queridos desaparecidos compañeros Ibrahim Ferrer, Compay Segundo y Rubén González. El galardón-homenaje que La Mar de Músicas otorgó anoche a Omara Portuondo no podía ser más merecido. Introducido por la periodista Lara López, entregado por Santiago Auserón y flanqueada en escena por el propio Juan Perro, Marinah (ex Ojos de Brujo), la sección de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Región de Murcia, un coro de niños y, por supuesto, por sus sensacionales músicos de Buena Vista, Omara ofreció un concierto absolutamente emotivo que quedará para el recuerdo histórico del festival.

Todo el concierto tuvo el inconfundible acento cálido del homenaje, con la dama entrando y saliendo, dejándose acompañar-abrazar por músicos e invitados. Siempre arropada por Buena Vista, la primera pieza en sonar fue 'Siboney', con la Sinfónica Región de Murcia; para 'Carpintero' todos los niños del mundo le hicieron el juego; la inmortal 'Dos gardenias' la cantó a dúo con Juan Perro, quien previamente había interpretado junto a la orquesta 'Idilio'; en 'Quizás, quizás, quizás' Omara se despachó sola, pero 'Y tal vez' la hizo con Marinah, quien interpretó junto a Juan Perro una poco ensayada 'No me llores más'.

Después de tres piezas de Buena Vista a solas -todo un espectáculo en sí mismos, no lo olvidemos-, amagó despedida con 'La sitiera' y ofreció el momento musical más 'gallina en piel' de la velada, cuando a solas con el pianista Rolando Luca y el gran Jesús Aguaje Ramos -¡menudo solo de trombón!- la 'novia del filin' lloró el bolero '20 años' («con qué tristeza miramos un amor que se nos va / es un pedazo del alma que se arranca sin piedad»). Omara Portuondo: no hay más preguntas, señoría.

El futuro es mañana

Previamente, en La Catedral, Benjamin Clementine mostró algunas de las cualidades que le han otorgado el honorífico título de 'next big thing' de la música británica para cierto sector de la crítica. A solas con su piano, demostró ser un verdadero diamante en bruto. Su presencia magnética y su voz vigorosa, aunque no especialmente melódica, le otorgan un poder de fascinación que debería convertirlo en lo que hoy todavía no es: un gran artista. Abrió con 'The people and I' y cerró precisamente con una bella canción titulada 'Who is next?', antes de despedirse con 'Adiós' -así, en español-. Hasta la vista, esperamos volver a verle pronto. El futuro es mañana mismo.