Patty Llaguno: «En Atlanta jugué al fútbol de delantera»

Patty es una gran amante de los perros. En la imagen aparece junto a 'Sansón', un yorkshire que regaló a su madre./aJ. M. Rodríguez / AGM
Patty es una gran amante de los perros. En la imagen aparece junto a 'Sansón', un yorkshire que regaló a su madre. / aJ. M. Rodríguez / AGM

Patty Llaguno. Jugadora de pádel

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANEROMurcia

Vive en Madrid. Allí se fue un día porque para el pádel casi no había ni amanecido en Murcia y ella iba a toda máquina. Hoy, más serena, vive días reposados, en los que ha aprendido a ralentizar, a buscar tiempos muertos que antes le parecían espacios vacíos y ahora respiros, a disfrutar de la vida sin perder la sonrisa, pero sin los decibelios de antaño. Empezó a jugar al pádel siendo niña en el Club Dos Mares de sus padres, estudió en Estados Unidos y volvió para emperejilar su impresionante currículo siendo campeona del mundo por parejas (2010) y número uno del 'ranking' mundial (2013). El pádel ha sido la pasión de esta cartagenera, a quien le chifla lo que hace y asegura ser consciente de ello.

-¿Qué es mejor que el pádel?

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Enfrente del mar.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Beyoncé, en Copenhague.
3 -Un libro para el verano
-'No soy un monstruo', de Carme Chaparro.
4 -¿Qué consejo daría?
-Estar muy presente.
5 -¿Cuál es su copa preferida? -
Diría que el agua, pero no: la cerveza.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Ninguno.
8 -Un epitafio
-'Carpe diem'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Me bastaría con disfrutar día a día.
10 -¿Tiene enemigos?
-No.
11 -¿Lo que más detesta?
-La crítica destructiva.
12 -¿Un baño ideal?
-En La Manga, el 1 de enero.

-Compartir buenos ratos con la gente con la que me gusta estar. Eso es comparable al pádel y diría que incluso mejor.

«Echo mucho de menos el mar; eso sí, cada 1 de enero mi baño en La Manga es sagrado»

«Mi universidad tenía uno de los mejores campus de Estados Unidos; fui con miedo y casi no vuelvo»

-¿Tiene muchas personas con quienes pasar buenos ratos?

-Amigos de verdad, unos pocos, y luego la familia, los que son de tu sangre, que siempre estarán ahí.

-¿De qué tiene miedo?

-Me da mucho miedo que le pase algo a mi familia. Mis padres se van haciendo mayores y están lejos, aunque intento estar cerca de ellos de otra manera. Afortunadamente, mi hermana está en Madrid conmigo y acabo de tener una sobrina maravillosa que, además, es mi ahijada.

-¿Cuándo fue la última vez que tuvo miedo?

-Pues fue el otro día, en un torneo de pádel en Valladolid. Sonará raro, pero tuve miedo en la pista de pádel y hacía mucho que no me pasaba algo así sobre una pista.

-¿Qué le ocurrió?

-Es difícil explicarlo, pero a veces tienes la sensación de que no sabes muy bien qué haces ahí, en mitad de la pista.

-Algo así como el miedo escénico del que hablaba Pastora Soler, la cantante.

-Sí, algo parecido. Es como un vacío repentino que llega y no sabes muy bien por qué, pero te paraliza. Mi compañera [Patty tiene como pareja de pádel desde hace varios años a Elisabeth Amatriaín, Eli] no paraba de animarme, pero me costaba seguir. Afortunadamente, ya estoy mejor. Es lo que tiene el deporte, que siempre da otra oportunidad.

-¿Cómo se lleva con Eli?

-Muy bien. Creo que es importante compenetrarse dentro y fuera de la pista, compartir valores. En cada partido se viven momentos de tensión y tienes que tener complicidad con tu pareja de juego. Yo no podría tener como compañera a alguien que me cayera mal, porque además, al final viajas y compartes muchos momentos y aficiones. Las dos somos grandes lectoras, aunque ella es más ordenada y yo más dispersa. Y luego está Neky, nuestra entrenadora, que es muy importante, una pieza fundamental, porque nos concilia y nos enseña a ceder.

-El piloto Fernando Alonso, en una carrera con un coche que no corría, dijo que a mitad de vuelta le daba por pensar en si había dejado puesto o no el aire acondicionado, ¿le ha pasado alguna vez aburrirse en la pista?

-No es lo normal. La competición mueve cosas por dentro, hay tensión, aunque hay ocasiones en que estás en tu película, claro, y no se nota por fuera, pero con el tiempo te vuelves exigente, no dejas que te afecten otras cosas, te vuelves más autocrítica.

-¿Usted se pasa revista a menudo?

-Con la edad un poco más. Yo salía a la pista mucho a divertirme, pero el pádel es ahora más competitivo y hay que ser más autocrítico.

-¿Cómo se combate la sensación de que el deporte sigue y tú vas cumpliendo años, que necesitas esforzarte más para dar lo mismo que antes?

-Pues haciendo otras cosas. Yo no he tenido lesiones graves. Cruzo los dedos, por cierto. Eso ayuda, y también que he aprendido a cuidarme más, a sacar tiempo para otras cosas, aparte de entrenar, como para hacer yoga y pilates. Puede parecer lo contrario por lo que he dicho antes, pero a mis 32 años me siento mejor al final de los torneos que antes. Mi cuerpo me agradece los cuidados que le prodigo. Además, tengo un preparador físico.

-Así que ahora hace yoga.

-Sí, aquí cerquita de mi casa, en Madrid. Pese a ser deportista, no tengo una flexibilidad excesiva y el yoga me ayuda mucho. Lo descubrí hace año y pico y hablé con mi hermana. Al principio lo hicimos 'online', pero me faltaba esa parte de obligarme, por eso me puse con una profesora.

-¿Con qué más mima su cuerpo?

-También he trabajado con un nutricionista que me ha enseñado a comer. Tampoco nada especial, simplemente comer de todo, pero hacerlo bien. Es básico, por ejemplo, no hincharse a comer, pero no pasar hambre, es decir, hacer una comida cada pocas horas pero nunca muy copiosa. Eso sí, un día a la semana me lo tomo libre [ríe], pero sin pasarme.

-Da la impresión de que se toma la vida de una forma más tranquila y serena que hace años.

-Sí. Hace años no sabía parar, tomarme mis momentos. A veces buscas planes a destajo para no pensar, pero ahora busco más los momentos de pausa. Son vitales para recargar. Eso me lo ha enseñado el yoga. Ahora duermo muy bien.

-¿Antes no?

-Normalmente sí, pero tuve un problema de insomnio cuando fui a Estados Unidos [Patty Llaguno estudió Marketing en Atlanta]. Coincidió con la época en que estaba conociendo las universidades y tenía que conseguir la beca. Me recordaba a mi padre, que siempre ha sufrido insomnio, pero aquello pasó.

-¿Cómo recuerda aquella etapa?

-Maravillosamente bien. Una vez pasada esa época inicial de incertidumbre, todo fue a mejor. Fueron cuatro años increíbles, en los que me fui con miedo y casi no vuelvo [ríe]. Mi universidad era de película, por el escenario y las facilidades que te dan. Allí, si eres deportista, te facilitan el trabajo. Te cambian un examen, por ejemplo, si te coincide con una prueba. Mi universidad era pequeñita, la Berry College, pero luego me enteré de que su campus estaba considerado como uno de los más bonitos de Estados Unidos. Había ciervos. Estaba como en una reserva natural. La única parte que me costó fue la falta de vida en la calle, pero aprendí a estar más en silencio.

-¿Y lo que menos le gustó?

-La verdad es que tuve suerte. Quizá lo único malo era la parte social. El hecho de no salir a la calle, pasear, quedar a tomar algo... Allí los planes se hacían en el centro comercial.

-¿Desde cuándo juega al pádel?

-Desde niña. Empecé a los 11 o 12 años, cuando todos se preguntaban qué era aquello y había que explicarles que era como el tenis, pero en pequeño. Al volver de Estados Unidos, se celebraba el Mundial ¡en Murcia! Casi no lo podía creer. Fue ahí cuando me enganché.

-¿Y cómo fue eso de montar un club de pádel en una época en que casi nadie jugaba al pádel?

-Pues mi padre vio en Marbella su primera pista de pádel. Y allí había dos inglesas jugando y pasándoselo en grande, así que mi padre se dijo: «Si alguien que juega a eso disfruta tanto, por narices eso tiene que estar bien».

-¿Tuvo una niñez dorada?

-Se puede decir que sí. Mis padres tenían el club Dos Mares en La Manga y mi casa estaba dentro del club, así que me he criado entre pistas de pádel, aunque ellos también me enseñaron a disfrutar del ballet, el taekwondo, la vela, la hípica... Eso me ha hecho no encasillarme. Es bueno hacer cosas diferentes. Veo ahora a los niños de 15-16 años que se lo toman todo tan en serio. No sé, yo creo que hay que disfrutar más. Yo recuerdo mi niñez como una etapa maravillosa. Al club venía gente de todas partes a jugar al pádel, practicar vela y otras cosas. Yo me colaba en todo, porque estaba allí, imagínese. No nos íbamos de vacaciones porque estar allí era como estar de vacaciones.

-¿Le dará pena si un día se cierra?

-Sí. Es un sitio muy especial y, además, mis padres ya se van haciendo mayores, pero bueno, no tiene por qué cerrarse, ya veremos lo que pasa.

-¿Lo echa de menos?

-Sí, y también echo mucho de menos el mar, que no puedo oler en Madrid, claro. Eso sí, todos los años, el 1 de enero, es sagrado mi baño en el Mediterráneo.

-¿Se baña todos los 1 de enero?

-Sí, todos. Tras la Nochevieja es como un ritual irrenunciable. Primero hago un poco de deporte para entrar en calor y luego, al agua. Es una forma de seguir en contacto con el mar. Además, mi madre me suele mandar fotos del mar. Cada vez que voy a La Manga tengo unos rituales a los que no fallo, como el mar, la bici, el mercado de Cabo de Palos, pasear a los perros...

-¿Le gustan los perros?

-Sí, me encantan. No recuerdo un solo momento en casa de mis padres en que no haya habido perros. Ahora, por ejemplo, tienen dos, un yorkshire y una pastora alemana, 'Sansón' y 'Rumba'. Los perros son incondicionales, pura gratitud. Jamás te van a reprochar nada y yo me declaro, sin problemas, superfan de los perros. Los perros aportan tanto que al que no tenga, yo le recomiendo que adopte uno.

-¿Y al pádel ya jugaba en Estados Unidos?

-Allí jugué sobre todo al tenis y al 'soccer'.

-¿Era jugadora de fútbol?

-Sí, al fútbol fue a lo que más jugué de niña, en La Manga, pero era un deporte muy de chicos y a los 13-14 años dejé de jugar. Ya en Estados Unidos, en la universidad había un equipo de fútbol femenino. Hice las pruebas para entrar el último año y me cogieron de delantera. Fue muy enriquecedor.

-Así que se crió entre dos mares, estudió en Estados Unidos y disfruta con el deporte, ¿se considera una persona afortunada?

-Sí, mucho. Cada año de mi vida he hecho lo que me gusta y lo sigo haciendo. Eso es un privilegio y soy consciente de ello. Cuando acabe de jugar al pádel lo haré consciente de que he disfrutado de mi vida de deportista. Hay gente que mira al pasado y se da cuenta de lo bien que estaba cuando ya ha pasado todo, pero yo llevo tiempo siendo consciente de esa sensación. Y eso es maravilloso.

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