Sonia Murcia: «He aprendido a tomar decisiones sola»

Sonia Murcia, en Cabo de Palos, donde bucea, practica pádel surf y sale en piragua, entre otras actividades./José María Rodríguez / AGM
Sonia Murcia, en Cabo de Palos, donde bucea, practica pádel surf y sale en piragua, entre otras actividades. / José María Rodríguez / AGM

Sonia Murcia. Directora de la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia (ESAD)

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

No sabe, asegura Sonia Murcia (Cartagena, 1969) con una sonrisa que se niega a desvestir de su rostro, «estar triste». Los peores momentos de su vida, cuenta, los ha vivido con las zapatillas puestas, subida en una piragua o pegada a una pared natural siguiendo una vía ferrata: «Soy amante del deporte», confiesa; y a él dedica el tiempo que le deja libre la dirección de la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia (ESAD).

-¿Qué siente cuando baila?

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
Frente al mar y al atardecer.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Bruce Springsteen, en el Calderón, en Madrid.
3 -Un libro para el verano
'La respiración', de Alfredo Sanzol.
4 -¿Qué consejo daría?
-Sé perseverante.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Un chupito de vino en lo alto de una montaña.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
No.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
Porcia, de 'El mercader de Venecia'.
8 -Un epitafio
-No me gustan los epitafios.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Me gustaría estar viva.
10 -¿Tiene enemigos?
-Me imagino que sí.
11 -¿Lo que más detesta?
-La falta de palabra.
12 -¿Un baño ideal?
-En Calblanque.

-¿Ahora? ¡Dolor!, y seguro que si me escucha alguna de mis compañeras, mi respuesta le provocará una sonrisa. Pero es que, si me preguntas qué siento después de bailar, te diría que ¡más dolor! [ríe].

«Hace 20 años quizá no era la mejor de mi clase, pero ahora sí»

«Mi abuela vivió 105 años. Soy un poco platónica e idealista, como ella, aunque, a veces, hay que poner los pies en la tierra»

-¿Cómo lleva los años?

-Te hacen tomar conciencia de que el tiempo pasa, pero también de la suerte que tienes de estar aquí y de poder hacer lo que quieres.

-¿Nostálgica?

-Sí, pero no de forma triste. De pequeña escribía diarios y mi abuela también. Un día me contó que los rompió porque se puso a leerlos y dijo: '¡Uf, qué necesidad tengo yo de recordar estas cosas!'. Aquello se me quedó grabado. Creo que ni lo negativo es tan negativo ni lo positivo tan positivo con el paso del tiempo.

-¿Qué le saca una sonrisa?

-Mi abuela. Vivió 105 años. Recuerdo que le hicieron una entrevista y le preguntaron sobre sus años de niñez y ella contestó que no tenía dinero pero era feliz. Hoy, muchas veces, vemos problemas donde no los hay.

-¿Cómo era ella?

-Una mujer muy platónica, muy sensible y quizá no tan fuerte como yo pensaba. Tuvo siete hijos y perdió uno cuando era un niño. Leía un montón y me contaba muchas historias. A mí me encantaba bailar delante de ella, organizaba festivales en casa con mi hermana pequeña y, no sé si le harían gracia o no, pero yo no dejaba que se durmiera [ríe].

-¿Qué bailaba entonces?

-De todo. Después me especialicé en danza contemporánea y en flamenco. Nunca pensé que se iba a convertir en mi profesión. Estudié Derecho, la danza entonces era un 'hobby', pero jamás descarté nada. Creo que las opciones las tienes cuando no dejas de lado ninguna.

-¿Qué le gusta de la danza?

-Que me emociona. Hace unos días, mi sobrina de ocho años se presentó a las pruebas de acceso al conservatorio [de danza], y su saber estar delante del tribunal me emocionó. Esa ilusión por mostrar tu disfrute a la hora de bailar es lo que más me gusta.

-¿Qué le ha enseñado la profesión?

-Lo importante que es el trabajo del día a día. Esto es una carrera de fondo, no es que lleguen los mejores, llegan los que aguantan. Hace 20 años quizá no era la mejor de mi clase, pero ahora sí soy la mejor de aquella clase. La constancia y la disciplina son fundamentales y tanto la danza como el deporte te enseñan a ser constante y disciplinado.

-¿Qué deportes practica?

-Un poco de todo, pero no soy buena en ninguno [ríe]. De pequeña jugaba al tenis, ahora lo hago al pádel. También me gusta mucho salir en piragua, el pádel surf, la montaña... Este año he empezado a hacer vías ferratas y me encanta, sobre todo porque consigues dejar la mente en blanco y olvidarte de los problemas.

-¿No tiene vértigo?

-Pues creía que sí, pero cuando estás ahí arriba te olvidas de los miedos: lo que te interesa es pegarte a la pared como una lapa.

-¿Con qué más disfruta?

-Con la vela. Todos los deportes náuticos me atraen. También me gusta hacer submarinismo. Una de mis primeras inmersiones fue cerca de [la isla indonesia de] Bali, en una zona para buceadores experimentados. Iba con mi pareja, que había buceado en más ocasiones, y le advertí de que yo no era experimentada, pero me dijo: 'No pasa nada, tú tienes buen equilibrio'. Nos lanzaron en un punto en el que había corrientes, recuerdo que me agarré a una piedra y otra chica se agarró a mi pierna. La corriente me llevó a una zona de la que no podía volver... Luego te ríes, pero hay que tener respeto al mar. Cuando salí, puse a mi pareja a caldo [ríe].

-¿Tiene tiempo para todo?

-No hago deporte para competir, solo porque me divierte y disfruto con él. También es cierto que no he formado una familia, no ha sido una decisión mía, simplemente no ha surgido o quizá mi forma de vida me ha llevado a eso, no lo sé. No obstante, creo que aunque tuviera obligaciones familiares, intentaría igualmente llevar esa actividad en el orden que pudiera, porque es mi forma de vida.

-¿Le hubiera gustado tener hijos?

-Lo intenté durante un tiempo de mi vida. Tampoco fue un objetivo, porque pensaba que todo iría llegando, pero las cosas no siempre llegan aunque tú estés. Cuando surgió la posibilidad de congelar óvulos, que ahora es muy normal, pero en mi época no, fui de las primeras que apostaron por ello. Sin embargo, no hubo suerte. Y de pronto, pasaron tres o cuatro años más y ya estaba fuera de la franja en la que pensaba que aún no había entrado. Yo lo intenté, y eso es lo que me vale. Tampoco tenía una pareja estable en aquel periodo. Las circunstancias de cada momento son las que te marcan.

-De haber podido, ¿habría sido madre soltera?

-Sí, no sé si acertadamente o no, pero sí. Cuando te ponen en esa encrucijada, de que tiene que ser ya porque si no, te sales de la franja, tienes que decidir. No era mi ideal, pero dije que sí. Después no he barajado otras ideas, como la adopción; ya no he seguido persistiendo. He pasado página y estoy tranquila.

-¿Fueron días duros?

-Sí, pero es cierto que no solo estaba en eso, sino en muchas más cosas.

-¿Qué más ha sido difícil?

-Siempre he tenido un autoconcepto de mí alto, pero he sido muy dependiente: de mis amigos, de mis profesores... Ahí eres muy vulnerable. A veces, hay personas que, sin querer, te pueden hacer daño. En el mundo artístico estás muy expuesto a todo tipo de criterios, tanto destructivos como constructivos, y a una edad adulta los puedes encajar, pero cuando eres un niño no estás preparado.

Más fuerte

-¿Por qué decidió tomar las riendas de la Escuela Superior de Arte Dramático?

-No fue premeditado. Formaba parte del equipo directivo cuando el anterior director [Juan Ángel Serrano Masegoso] tuvo que jubilarse de forma obligatoria al cumplir los 65 años. Fue él quien me dijo que asumiera las riendas, al menos hasta final de curso. Después no hubo una propuesta clara de relevo y nosotros habíamos hecho grupo; iniciamos una gestión nueva, ni mejor ni peor, diferente. La escuela es un proyecto muy bonito, el año que viene cumple un siglo de vida, su primer centenario, y en este tiempo ha estado al margen de los avatares políticos. Para mí es un gran legado y un orgullo. Me sigo emocionando cuando veo a los chicos con esas ganas de comerse el mundo, sabiendo lo difícil que es la profesión.

-¿Qué ha descubierto de sí misma?

-Siempre me ha gustado sentirme respaldada, por mi familia y por mis amigos, eso es bueno, pero también te hace ser débil si no encuentras ese apoyo. He aprendido a tomar decisiones sola y seguir adelante. Te dejas piel en el camino, pero te hace más fuerte.

-¿Qué retos se marca?

-La tranquilidad. Empezar a dejar de tener tantos frentes abiertos y esa ansiedad por conseguir cosas. Quiero enfrentarme a la segunda etapa de mi vida adulta de una forma tranquila, relajada. Mi objetivo no es tener metas.

-¿Cómo se encuentra ahora?

-Feliz y tranquila. Otras veces me siento feliz porque intento sentirme así, ahora no me cuesta trabajo. Estoy viviendo un momento amable en pareja.

-¿Qué tiene claro?

-La perseverancia te abre puertas. Se lo digo a los chicos: que no descarten nunca nada, pero hoy los chicos descartan muchísimas cosas. Por ejemplo, hay unas prácticas en el festival [de Teatro, Música y Danza] de San Javier [que arranca hoy], para estar atendiendo a las compañías. ¡Si yo tuviera 20 años, esas prácticas las querría para mí! Entras gratis al teatro durante quince días, ves todo tipo de obras, te relacionas con todo tipo de compañías... Pues, como mucho, las hacen uno o dos alumnos. El resto se va de vacaciones.

-¿Nos hemos acomodado?

-Sí, y eso que el alumno de Arte Dramático ya compite con el estigma de que no hace falta el título para ser actor... Lo que ocurre es que sigue siendo un joven del siglo XXI, como los demás, y el nivel de exigencia universitario, en general, se ha difuminado, y eso no creo que sea bueno.

-¿Cuándo se dio cuenta de que la vida no era fácil?

-Me tiré cuatro años opositando en una época en la que las oposiciones habían desaparecido del mapa. Ahí te das cuenta de que no es tan fácil encontrar un puesto de trabajo, pero bueno, tú sigues y sigues como los burros, y topas con algo.

-¿Optimista?

-Sí, para lo bueno o lo malo. Soy un poco platónica e idealista, como mi abuela, aunque, a veces, hay que poner también un poco los pies en la tierra.

-¿Quién más ha sido importante en su vida?

-Mi familia. Gracias a Dios sigo teniendo a mis padres, que son un bastión muy importante. Y mis amigos. Tengo un grupo de amigos muy sólido, y estoy orgullosa de que sigamos manteniéndolo a pesar de casamientos, separaciones, divorcios...

-¿Qué valora en los demás?

-La palabra y la lealtad, lo tengo clarísimo.

-¿Qué le parece cobarde?

-Lo contrario: no tener palabra, romperla, que alguien te diga que va a hacer algo y luego no lo haga. Y me da igual que sea un tema banal.

-¿Vivimos en una sociedad cobarde?

-Cobarde y reconocida. No sé qué ocurriría si se rompiera nuestro estado de bienestar, que es cierto que económicamente se ha roto, pero hay otros aspectos. La gira que hemos hecho [con varios alumnos de la ESAD] por los países árabes con la obra 'Federico entre los dientes' [a partir de un taller de creación coordinado por Sonia Murcia] ha sido una experiencia tremenda para los chicos y para mí. El mundo árabe tiene una serie de valores, al margen de las incongruencias, que aquí no existen. La juventud de allí está como aquí hace 20 o 30 años, y si tuvieran que luchar los nuestros con aquellos no duraban un día. De cualquier forma, vamos a seguir subsistiendo; ninguna generación es mejor que otra.

-¿Qué le fascina?

-La capacidad del ser humano para reinventarse continuamente.

-¿Carthaginesa o romana?

-¡Marraja!