Puñales de hielo

Puñales de hielo

Carámbanos capaces de horadar el cráneo, ríos y lagos helados que se resquebrajan bajo el peso de patinadores o pescadores, congelamientos, caídas... Unas 1.500 personas mueren cada año en Rusia por los zarpazos del 'padre invierno'

RAFAEL M. MAÑUECO

El invierno en Rusia lo cubre todo de nieve y los cambios bruscos de temperatura la convierte en hielo. El que se deposita en tejados y terrazas se derrite cuando sube el termómetro. El agua gotea y cuando desciende de nuevo la temperatura se forman los carámbanos ('sosulki' en ruso), verdaderas estalactitas heladas en los bordes de los tejados, cornisas y balcones. Si el frío se mantiene en cotas bajas, los carámbanos no suponen un gran peligro. Lo malo es cuando se vuelve a producir un cambio térmico al alza pronunciado e imprevisto. Estas formaciones de hielo puntiagudas como cuchillos se desprenden y caen. Suelen pesar más de 15 kilogramos y a veces alcanzan los 30 o 40. A veces arrastran en su caída un trozo de hielo aún más grande que el tejado, capaz de aplastar completamente a los vehículos aparcados en la calle.

Cuando los carámbanos acechan al viandante desde las alturas, suele haber también en el suelo planchas de hielo. Lo normal es que uno vaya mirando al pavimento, fijándose más en no resbalar que en volver la vista hacia arriba. Es cuando el puñal helado aprovecha para desmoronarse, golpeando brutalmente al desgraciado a quien sorprende debajo e incluso horadándole el cráneo con su afilado cono. Las consecuencias pueden llegar a ser letales y, como mínimo, nos enviará al hospital para una temporada.

En toda Rusia, según el semanario 'Nasha Versia', que cita fuentes del Ministerio de Protección Civil, fallecen cada año unas 1.500 personas por motivos vinculados a las bajas temperaturas. Esta estadística no incluye los accidentes de tráfico causados por el hielo en las carreteras. Se refiere fundamentalmente a las muertes por congelamiento, a las producidas por las caídas de carámbanos y a los ahogamientos por rotura del hielo en ríos, lagos o el mar, pero sin desglosar cada caso. El 'Nasha Versia', sin embargo, señala que «los expertos están convencidos de que las cifras reales de muertos causados por el frío son superiores a las oficiales».

Durante los meses invernales, los ríos y lagos helados de Rusia se utilizan como carreteras

Los últimos casos de lesiones por 'sosulki' se registraron el mes pasado en las ciudades de Sarátov, con cuatro personas hospitalizadas, y Kírov, en donde una mujer de 45 años sufrió una brecha en la cabeza. En lo que va de invierno no ha habido todavía ninguna muerte debida a la caída de carámbanos, pero lo peor está por llegar. El último fallecimiento, el de una mujer de 73 años, tuvo lugar en febrero del año pasado en San Petersburgo, ciudad en donde murieron por el mismo motivo otras cuatro personas y casi 50 resultaron heridas.

La pasada primavera recuperó la conciencia Milana Kashtánova, una joven de 29 años procedente de Estonia, tras ocho años en coma por el terrible golpe de un carámbano. El accidente acaeció en San Petersburgo en febrero de 2010 y tuvo una enorme difusión mediática. Paseaba por la calle cuando un trozo de hielo puntiagudo la derribó. Su familia lucha todavía judicialmente por conseguir una indemnización justa de los servicios municipales y hasta enviaron una carta al presidente Vladímir Putin pidiendo medidas contra los responsables. Los abogados del Ayuntamiento de la antigua capital imperial sostienen que la estudiante llevaba puestos los auriculares del móvil y la música no le permitió escuchar los gritos de advertencia de los operarios que trataban de limpiar de hielo las cornisas. Pero este extremo no ha podido probarse.

Los desprendimientos de carámbanos solían producirse con la llegada de la primavera, al subir las temperaturas. Sin embargo, con el cambio climático las estaciones son cada vez menos nítidas y lo mismo puede haber meses tradicionalmente fríos, como diciembre o enero, con temperaturas más benignas de lo normal, como heladas y frío glacial en meses como abril o mayo. De ahí que el peligro de ser alcanzados por fragmentos de hielo depositados en tejados y fachadas se mantenga todo el invierno y parte de la primavera. Cada vez se adoptan más medidas de prevención, como acotar el perímetro de las zonas peligrosas con vallas o cintas y carteles de advertencia, pero el goteo de muertos y heridos continúa cada año.

En un 'iceberg' a la deriva

Los carámbanos, no obstante, no son el único riesgo que amenaza a los rusos durante las épocas frías. Las oscilaciones térmicas hacen que la capa de hielo en lagos y ríos no sea los suficientemente gruesa como para practicar el patinaje, la pesca o la conducción en vehículos todoterreno, una forma habitual de aprovechar las vías fluviales heladas para trasladarse.

En cifras

-71,2ºC
se alcanzaron en Oimiakón, Siberia, la temperatura más fría jamás registrada. En esta región de Yakarta son habituales en invierno medias de 60 grados bajo cero.
60
centímetros de espesor alcanzó la nevada de principios de febrero de 2018 en Moscú. Fue la mayor precipitación de nieve jamás registrada en un solo día.
26
personas han muerto a causa del frío en lo que llevamos de invierno en Buriatia, a orillas del lago Baikal; más de un centenar han sufrido congelaciones.

No pocos patinadores acaban cada año sumergidos en aguas gélidas tras resquebrajarse el hielo en el que se deslizan. Igual que muchos aficionados a la pesca que agujerean el hielo para lanzar sus aparejos, un procedimiento que les brinda capturas mucho más cuantiosas que en circunstancias normales. El problema añadido de los pescadores es que llevan consigo estufas o encienden hogueras para calentarse, acelerando así el derretimiento del hielo. No es inusual, especialmente en los enormes ríos siberianos, que un aumento súbito de la temperatura desgaje de tierra firme el trozo de hielo sobre el que practican la pesca y se encuentren de pronto flotando a la deriva. Si los servicios de salvamento no llegan a tiempo, la muerte por hipotermia o directamente por congelamiento es altamente probable.

Las temperaturas realmente frías en Rusia comenzaron este invierno a mediados de diciembre, cuando en Moscú se registraron temperaturas en torno a los 14 grados bajo cero y en distintos puntos de Siberia, como la región de Kémerovo, los termómetros llegaron a marcar 41 grados negativos. Las primeras muertes por congelación en este invierno han tenido lugar en Buriatia, en el lago Baikal, junto a la frontera con Mongolia. El frío ha matado allí a 26 personas, mientras que 119 han sufrido distintos tipos de congelación. Ahora, con el comienzo del nuevo año, los valores se han suavizado. Nada que ver con el pasado año, cuando, a principios de febrero, cayó sobre Moscú la mayor precipitación de nieve jamás antes registrada.

 

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