Así es el pozo donde ha caído el niño de 2 años: 110 metros de profundidad y solo 25 centímetros de diámetro

Dimensiones del agujero por el que el pequeño se precipitó. / LV

Más de un centenar de efectivos trabajan barajando varias alternativas de rescate sin saberse todavía en qué estado podría encontrarse el pequeño

LV / ATLAS

Bomberos y guardias civiles buscan aún el modo de acceder al pequeño que cayó a un pozo en Sierra de Totalán (Málaga), ya que, al parecer, se podría haber producido un desprendimiento de tierra a 78 metros de la superficie. En estos momentos, están sacando la tierra con unos cazos y bombeando aire al interior del pozo, pero aún no han podido llegar al lugar dónde suponen que podría estar el menor, ni han podido ver ni oír nada con la cámara con la que intentan visualizar donde se encuentra exactamente el pequeño. También se trata de averiguar si hay agua en el fondo del agujero.

El hueco por donde habría caído el niño corresponde a una prospección realizada a finales del año pasado (terminó en torno al 20 de diciembre) para buscar agua. Al parecer, el agujero se tapó con unas piedras, según las primeras pesquisas.

La búsqueda se centró en el pozo, aunque se peinó también el perímetro por si la familia que aseguró haber visto la caída podía haberse confundido con el nerviosismo de la situación. Los bomberos hicieron descender con una cuerda un teléfono móvil con la cámara encendida para comprobar si se veía algo. Llegaron a unos 50 metros de la superficie, pero ni rastro del pequeño Yulen.

A medida que se iba difundiendo la noticia de la búsqueda, empresas privadas empezaron a ofrecerse a la Guardia Civil para colaborar. La compañía de desatoros Pepe Núñez envió un robot que se utilizó para inspeccionar con mayor nitidez el pozo. Sin embargo, en la primera incursión se encontraron con un grave contratiempo: el robot se topó con un fondo de arena «húmeda» y no conseguía pasar de los 78 metros, por lo que se presume que se habría producido un movimiento de tierra en el interior de la gruta.

Los técnicos que manejaban el robot realizaron «cuatro o cinco» inmersiones más y en todas ellas se encontraron con la misma montaña de arena. En una de esas incursiones del robot, mientras éste descendía, se cruzó en la gruta con una bolsa de chucherías que caía por la misma. Todo apunta a que las golosinas se habían quedado enganchadas en una pared del pozo, cuando el niño se precipitó dentro, y que el propio cable del robot las movió y las hizo caer.

La complejidad de la búsqueda que afronta la Guardia Civil estriba en dos aspectos: el primero, que aún se desconoce a qué profundidad exacta se encontraría el menor, un dato esencial para, después, buscar el modo de llegar hasta él (anoche se especulaba con realizar una prospección paralela, o en diagonal, una vez ubicada la cota en la que está); la segunda radica en cómo mover ese «fondo de arena húmeda» que impide el paso de la cámara a partir de los 78 metros.

 

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