De piel fina

Dos burros buscan alimento en un terreno nevado. / david aprea
Dos burros buscan alimento en un terreno nevado. / david aprea

Los burros odian el mal tiempo. Resisten en ambientes hostiles, pero con frío y lluvia se sienten indefensos, según un estudio

SUSANA ZAMORA

No abundan por aquellas latitudes los días primaverales y aunque el clima desapacible pueda tener una legión de incondicionales, la mayoría de los británicos detestan ver llover gran parte del año. Es una realidad incontestable (solo hay que tirar de estadística para comprobar el número de turistas ingleses que buscan el sol en las costas españolas o cómo se lanzan a parques y jardines en cuanto asoma un rayo amarillo), que ahora también se puede trasladar a los burros. Tantos días grises acaban pasando factura. Afectan al ánimo y a la conducta. También a la de estos animales, tal y como ha constatado la Universidad de Portsmouth (en la costa sur de Inglaterra).

A los burros no les gusta el mal tiempo. No soportan que les llueva encima y, mucho menos, el frío y el viento. Por eso, cuando descarga un aguacero o las temperaturas caen por debajo de los 14 grados (la media anual en Gran Bretaña oscila entre los 8 y 11) huyen temblorosos en busca de refugio. Esa es la principal conclusión a la que ha llegado Leanne Proops, experta en comportamiento animal del departamento de Psicología de aquella institución universitaria, tras el estudio llevado a cabo con 208 burros y caballos sanos durante 16 meses en los condados ingleses de Somerset y Devon. «La percepción general es que los burros son capaces de soportar ambientes hostiles. Con frecuencia se piensa que, como están preparados para adaptarse a entornos desfavorables y semiáridos, son resistentes a cualquier inclemencia meteorológica, y ese es un gran error», expone la especialista. Hasta ahora se sabía que estos équidos buscaban cobijo en condiciones ambientales adversas (temperaturas extremas, precipitación y presencia de insectos), pero no el grado en que les afectaba ni su nivel de tolerancia antes de correr a protegerse.

Los investigadores observaron que los caballos, en general, son menos sensibles a las variaciones climáticas y permanecían en el exterior hiciese sol o cayeran chuzos de punta. Sin embargo, a menos que luciera un día radiante, los burros preferían quedarse acurrucados en el refugio y, cuando llovía, eran más proclives a estar dentro de las cuadras que fuera (nueve de cada diez burros y solo uno de cada cinco caballos se dirigió al interior cuando llovió).

Los comportamientos entre unos y otros también fueron muy diferentes cuando soplaba el viento. Con una brisa moderada, el 61% de los burros buscaban protección, mientras que en el caso de los caballos solo lo hacía el 5%. Sin embargo, ante el incesante revoloteo de los insectos, eran los burros los que permanecían inalterables frente a los caballos, que huían de las pesadas moscas.

Evolución de la especie

La explicación a esta sensibilidad climática de los burros, frente a la demostrada por sus parientes equinos, la encuentra la investigadora de Portsmouth en la propia historia evolutiva de cada especie. «Los caballos han sido domesticados en las regiones templadas de Eurasia, mientras que los burros domésticos proceden del asno salvaje africano originario de las regiones semiáridas del noreste de África», explica Proops. Además, concluyó que las características físicas de ambas especies son «cruciales» a la hora de explicar su conducta, ya que tras examinar las propiedades de aislamiento del cabello (peso, longitud y grosor) de los burros comprobó no solo que son más cortos y finos que el pelo que lucen los caballos, sino que no sufren cambios y, por tanto, no se adaptan al clima de cada estación.

Los resultados han servido para que Faith Burden, propietaria de los burros utilizados en el estudio, se reafirme en la creencia que tantos años lleva defendiendo como directora de investigación y apoyo operativo de The Donkey Sanctuary. «Durante años hemos visto cómo se recurría a los burros para pasear a los turistas sin importar el tiempo que hiciera. Esta investigación avala con datos científicos nuestra creencia, largamente defendida, de que los burros necesitan tener siempre un refugio cerca cuando el clima es adverso», subraya.