Nada es lo que parece

Escaparates de tiendas en China que copiaban a las originales. / Z. A.
Escaparates de tiendas en China que copiaban a las originales. / Z. A.

Las falsificaciones chinas proliferan en el mundo y en las calles del gigante asiático, pese a que Pekín les ha declarado la guerra

ZIGOR ALDAMA

Loius Vuitton y Plada. No, no hay erratas. Esas son las marcas de las dos tiendas que este corresponsal descubrió a punto de ser inauguradas en una urbanización de lujo en Renhuai, una remota ciudad de la depauperada provincia de Guizhou, en el centro-sur de China. No eran chiringuitos de mercadillo o locales de medio pelo, sino grandes establecimientos de varios cientos de metros cuadrados que copiaban la estética de los locales originales de Louis Vuitton y Prada.

La fachada estaba cubierta por una celosía blanca en el caso de la tienda que imita a la empresa de lujo francesa, y adornada con tiras de maderas nobles en el caso de la marca italiana. Los escaparates mostraban grandes carteles promocionales en los que el nombre de la marca, una vez más, estaba incorrectamente escrito: Loius Vuitton y Plada Eyewear.

La historia se escribe en pasado porque este periódico alertó a las empresas europeas de la existencia de estos establecimientos y sus filiales en China no han tardado en actuar. «Este tipo de establecimientos son una constante en el país, aunque los de este tamaño son muy raros. No solo infringen la propiedad intelectual -el logotipo es idéntico al de LV- sino que, además, dañan la reputación de la marca real», explica un responsable de la marca que prefiere mantenerse en el anonimato.

Las tiendas ya han sido desmanteladas. Pero basta darse una vuelta por las redes sociales chinas para descubrir multitud de ejemplos similares. Hay chocolaterías Codiva -copia de la belga Godiva-, cafeterías Srutbucsk -por la estadounidense Starbucks-, restaurantes especializados en pollo frito KLG -por KFC-, o cadenas de lencería Uigur's Secret -por Victoria's Secret-. «Están en un limbo legal, porque no copian exactamente la denominación original, pero basta con denunciarlas para que desaparezcan. Saben que no tienen ninguna posibilidad de prosperar en un juicio», explican fuentes del grupo LVMH. Más difícil de detectar son las falsificaciones que inundan el ciberespacio. No en vano, diferentes fuentes estiman que China fabrica en torno al 80% de todas las imitaciones que se venden en el mundo. Es un suculento negocio que mueve unos 283.000 millones de euros y que supone casi el 12% de las exportaciones del gigante asiático.

Afortunadamente para las marcas que sufren esta situación, Pekín cada vez combate con más ahínco las falsificaciones, consciente de que suponen un problema económico de tamaño considerable que también afecta a las compañías chinas que realizan grandes inversiones en innovación para saltar al mercado global. Además, no solo afecta a productos de moda: también se ven afectados fabricantes de tecnología, e incluso de productos agroalimentarios. «Las copias hacen mucho daño porque destruyen la confianza del consumidor y devalúan el valor de la marca», explica un representante de Moutai, el licor nacional de China y una de las empresas que ha declarado la guerra a los piratas.

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