Números que asustan

Números que asustan

Los jóvenes españoles están desertando de las carreras técnicas. La dificultad de asignaturas como Matemáticas o Tecnología ahuyenta muchas vocaciones

JAVIER GUILLENEA

Los alumnos de Primaria tienen una buena percepción de las clases de Matemáticas. Les gusta cómo se las enseñan, creen que son entretenidas y consideran que los profesores resuelven correctamente las dudas. Pero llegan a Secundaria y el panorama cambia. En la ESO, el 73% de los estudiantes españoles reconocen que tienen problemas para entender la materia. Algo ha ocurrido en el camino que les ha hecho ver la asignatura con otros ojos. Ya no la perciben como algo divertido sino como un obstáculo insuperable al que mejor no acercarse para evitar un excesivo gasto de energía. Prefieren dejarla tranquila, no sea que muerda.

Las consecuencias son visibles en la universidad. Entre 2010 y 2017 las matriculaciones en carreras técnicas como Ingeniería y Arquitectura han descendido un 28% a pesar de que la demanda de profesionales con perfiles de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés) no han dejado de aumentar. En España existen al menos 10.000 empleos vacantes en el sector tecnológico por falta de cualificación, y se calcula que entre 2017 y 2022 la digitalización será la responsable de la creación de 1.250.000 puestos de trabajo.

Estos datos están recogidos en el informe 'El desafío de las vocaciones STEM', elaborado por la asociación DigitalES y la consultora EY. El trabajo trata de responder a la pregunta de por qué los jóvenes españoles descartan los estudios de ciencia y tecnología, y llega a la conclusión de que existen dos razones principales: la dificultad académica y la falta de orientación y conocimiento sobre los estudios o sus salidas profesionales.

El informe se centra en las Matemáticas y la Tecnología, dos «materias distintivas en la rama técnica en las que los alumnos presentan especial dificultad». De la primera destaca, junto a los problemas para entender las clases, la opinión de los profesores de Primaria, que consideran que durante sus años de Magisterio no han adquirido suficientes conocimientos de Matemáticas ni de cómo enseñarla a los alumnos.

Los autores del estudio sostienen que «una formación insuficiente en esta materia podría estar afectando directamente a los alumnos, provocando que estos no adquieran una base sólida durante la Educación Primaria y pierdan el interés por las matemáticas a una edad temprana debido a la dificultad que supone para ellos enfrentarse a los problemas que esta asignatura plantea». Es una aseveración que confirma un enseñante que prefiere no dar su nombre para no dejar mal a sus compañeros de Primaria, esa etapa en la que los alumnos dicen que las matemáticas son entretenidas. «Ayer estuve media hora con los de primero de ESO aclarándonos con sumas y restas», confiesa.

Insuficiencias

Poca formación
El 59% de los profesores encuestados por los autores del informe consideran que los conocimientos matemáticos adquiridos durante sus estudios de Magisterio no son suficientes y un 72% aseguran que no aprendieron a enseñar esta materia a los alumnos. El 88% destacan que no adquirieron conocimientos sobre cómo integrar la tecnología en sus asignaturas.
38
es el escaso porcentaje de alumnos de ESO, Bachillerato y Formación Profesional que tienen claro lo que quieren estudiar y mantienen el itinerario inicialmente elegido. Un 25% de los estudiantes aseguran que no escogerían formarse en ramas técnicas como Ingeniería o Arquitectura porque desconocen las oportunidades laborales que ofrecen.

El choque entre una Primaria edulcorada y una Secundaria donde acechan hordas de ecuaciones y poliedros es uno de los motivos que explican la falta de vocaciones técnicas. «Se van perdiendo alumnos por el camino, a medida que avanzan en su trayectoria escolar se retiran de las Matemáticas», afirma Agustín Carrillo de Albornoz, secretario general de la Federación española de sociedades de profesores de Matemáticas. «Hay que sentarse para pensar y entenderlas, y quizá no estamos habituados a eso», se lamenta. El esfuerzo que se les exige o la preferencia por asignaturas más fáciles terminan por disuadir a unos jóvenes a los que los profesores no han sido capaces de enganchar.

Y no es por falta de calidad docente, al menos eso es lo que asegura Carrillo de Albornoz, que no está de acuerdo con la parte del informe que hace referencia a la formación. «En España hay muy buenos docentes de Matemáticas, son los que más se han adaptado y los que más han intentado incorporar las tecnologías», recalca. Uno de ellos es José Antonio Suárez, profesor en el IES número 5 de Avilés, que también da un aprobado alto a sus colegas aunque admite que «tener uno que sea bueno es difícil». «Yo he estado en varios centros y me he encontrado con profesores nuevos con poca formación que acaban despellejados por los alumnos», recuerda.

«Se los rifan»

«Antes las matemáticas las daba gente con mucha vocación docente, pero eso ha cambiado», explica Suárez. Lo que ha ocurrido, apostilla Carrillo de Albornoz, es que a los titulados en ciencias exactas «se los rifan las empresas». Pocos de ellos se orientan hacia la enseñanza y eso se nota en los institutos, donde escasean los matemáticos formados expresamente para dar clases. «Como no hay, lo que se ha hecho ha sido traer a ingenieros o economistas a dar clases y eso es un error», sostiene el profesor de Avilés.

Para Jenaro Guisasola, director del grupo de investigación en enseñanza de las ciencias, matemáticas y tecnología de la Universidad del País Vasco, el descenso de vocaciones en las carreras técnicas no debe achacarse a los enseñantes sino «a todo el sistema educativo, que no apuesta por la formación del profesorado». En las escuelas de Magisterio, los futuros maestros de Primaria se gradúan con los deberes hechos, el problema es el tipo de conocimientos y habilidades que reciben. «La falta de formación se debe principalmente a insuficiencias formativas encontradas en el plan de estudios del grado en Magisterio, y es que la oferta de asignaturas de Matemáticas, Tecnología y TIC representa solo un 10-12% del currículo y solo una de cada diez universidades en España ofrecen a los profesores la posibilidad de especializarse en estas materias», denuncia el informe.

«En Matemáticas y Ciencias lo único que ha variado en los libros de texto han sido los colores»

En las universidades, la cuna de los futuros profesores de ESO y Bachillerato, la situación no es mucho mejor, según Jenaro Guisasola, que reconoce que en las escuelas de Ingeniería «hay preocupación» por el descenso de las matriculaciones. «La enseñanza de los ingenieros es decimonónica, aquí obtenemos buenos copistas pero no profesionales creativos. Se imparte una enseñanza basada en memorizar y en repetir que el alumno vive muchas veces como un sufrimiento».

En los institutos, los profesores hacen lo que pueden para despertar vocaciones técnicas en los alumnos y rebasar las estrecheces de unos planes de estudio que no han cambiado en décadas. «En Matemáticas y Ciencias lo único que ha variado en los libros de texto han sido los colores. Los gráficos han mejorado muchísimo pero los contenidos son los mismos desde hace cincuenta años», ironiza Jenaro Guisasola.

Una de las batallas perdidas en la enseñanza de Matemáticas es la de la Selectividad. «Hemos intentado que dejen a los alumnos ir a la prueba con calculadora, pero la Administración nos responde que si lo permiten tendrían que cambiar el tipo de examen que, por cierto, es el mismo desde hace décadas», dice Carrillo de Albornoz. Y es también la Selectividad la que ha condicionado la evolución de otra asignatura, la Tecnología.

Teoría y práctica

Sobre esta materia, en la que se imparten conocimientos de electrónica, robótica, mecánica o dibujo técnico, entre otros, el informe revela que los estudiantes la perciben como «una asignatura difícil con la que no se sienten cómodos». Esta es una afirmación que comparte con matices Francisco Lupión, profesor de Tecnología del IES Santo Domingo de El Ejido. «Es dífícil si en clase solo resuelves problemas, pero si montas una maqueta y ves que funciona, esa dificultad se reduce porque tú vas viendo la aplicación de la teoría que has aprendido».

Francisco Lupión insiste en que el camino para que la Tecnología fomente vocaciones y oriente a los alumnos es «trabajar con proyectos», aunque admite que a veces es difícil hacerlo. «El escollo en segundo de Bachillerato ha sido la Selectividad, donde se plantean problemas complicados que hay que preparar durante el curso y para eso se necesita dar mucha teoría y poca práctica», se queja. Este obstáculo, que ha dado al traste con más de una vocación, pasará este año a la historia porque la asignatura se ha convertido en opcional.

La Tecnología es una asignatura desconocida y poco valorada a la que aún hoy muchos padres y algunos profesores identifican con los trabajos manuales. Cuando se implantó, esta materia se puso en marcha como se pudo y se convirtió en un cajón de sastre en el que «entraba cualquiera a dar clase», recuerda Ester Micó, presidenta de la plataforma estatal de asociaciones del profesorado de Tecnología. Esta situación ya se ha remediado, pero aún quedan en las aulas muchos docentes con escasa base tecnológica. «Hay hasta farmacéuticos y biólogos dando la asignatura, es como si se dejara a un ingeniero dar Biología», critica Micó.

Por fortuna, y a pesar de todas las barreras, lo inesperado puede hacerse realidad en las aulas. «Acabo de hablar con un compañero y me ha contado que el año pasado tuvo seis estudiantes de Tecnología en primero de Bachillerato y ninguno quería hacer una carrera técnica. Este curso tres de esos alumnos quieren ser ingenieros. Estaba contentísimo», cuenta Francisco Lupión con un deje de orgullo en la voz.

«Los chicos a serrar y las chicas a hacer informes»

El informe 'El desafío de las vocaciones STEM' refleja que la caída de matriculaciones en Ingeniería y Arquitectura ha sido más acusada entre las chicas. Entre 2010 y 2017 el descenso ha sido del 33% frente al 26% de los chicos. Entre los motivos que explican esta falta de vocación, los autores del estudio subrayan tres: una menor confianza en sí mismas, su preferencia por carreras con mayor orientación social y una combinación de estereotipos y expectativas sociales que les influyen a la hora de elegir una carrera, junto a la falta de referentes científicos en los que verse reflejadas.

La falta de confianza la ha percibido el profesor Francisco Lupión en su aula de Tecnología. «Al principio a todos les cuesta, pero las chicas vienen agobiadas. Dicen que no saben serrar, como si ese fuera un trabajo masculino», explica. A Ester Micó le ocurre algo parecido. «Yo intento paliar el sexismo en el taller, pero ves que los alumnos tienen roles. Ellos se ponen a serrar y ellas a hacer informes».