«Exigimos con la máxima urgencia una legislación que despenalice la eutanasia»

Entrega de firmas en el Congreso, en febrero, de las familias de Maribel Tellaetxe y Luis de Marcos. /Archivo
Entrega de firmas en el Congreso, en febrero, de las familias de Maribel Tellaetxe y Luis de Marcos. / Archivo

Un millón de españoles reclaman a los políticos que inicien ya la legislatura y den total prioridad a la aprobación de este derecho

ALAIN MATEOS

«Exigimos con la máxima urgencia una legislación que despenalice la eutanasia», demandó Marcos Ariel Hourmann, el primer médico condenado en España por ayudar a morir a una paciente deshauciada que se lo rogó. Junto a él, familiares cuyos seres queridos han fallecido recientemente tras largas y dolorosas enfermedades sin poder ejercer este derecho depositaron un millón de firmas en el Congreso. Exigen a los partidos que desbloqueen la formación de Gobierno para que arranque «de inmediato» la legislatura y que conviertan la despenalización de la eutanasia en una prioridad ahora que, por primera vez desde el comienzo de la democracia, existe una mayoría suficiente en las Cortes para aprobarla.

La mayoría del Congreso autorizó en 2018 la tramitación parlamentaria de una ley de despenalización y regulación de la eutanasia que decayó al disolverse las Cortes en marzo. La proposición del PSOE permitía la eutanasia en los casos de enfermedad grave e incurable -con un pronóstico de vida limitado- y para las personas con una incapacidad grave crónica -que les impide valerse por sí mismos de manera permanente- siempre que, además, les produzca «sufrimientos físicos o psíquicos insoportables y constantes».

Los promotores de la campaña, que recogieron las firmas a través de 'change.org', denunciaron que mientras «los políticos están de vacaciones, otros no dejan de sufrir». Así lo aseguró Danel Aser Lorente, hijo de la reciente fallecida Maribel Tellaetxe, que padeció alzheimer y pasó su último año de vida sin recordar quienes eran sus hijos. Ángel Hernández, que ayudó a morir a su mujer en marzo y que está imputado por cooperación al suicidio, insistió en «poner en marcha la legislatura» y en la urgencia en que haya una ley de eutanasia, por básica que sea, que luego se puede mejorar. Mientras, Asunción Gómez, viuda de Luis de Marcos, fallecido hace dos años tras padecer esclerosis múltiple durante diez años, pidió a los políticos que «piensen que somos personas y no escaños». Todos contaron sus dramas personales para evidenciar la urgencia de la ley.

Vida de sufrimiento

Ángel Hernández conoció a su esposa, María José, a los 32 años y comenzaron una relación de 38 años en una academia de interpretación. Ella estudiaba Derecho pero siempre quiso ser actriz. Un amigo en común les presentó y a raíz de una cena empezaron un amor que les mantuvo unidos hasta el final. «Lo que me enamoró de ella fue su inteligencia». María José padeció esclerosis múltiple y Ángel relata cómo fueron los últimos días: «Había dos posibilidades: se lo doy -el medicamento que acabó con la vida de su mujer- sin dar la cara o doy la cara y espero al Congreso». Tras la paralización de la ley la pasada legislatura, «tomamos la decisión de hacerlo». «Había que parar, no podíamos más», se sinceró emocionado Ángel.

Desde Portugalete (Vizcaya), Danel Aser Lorente cuenta cómo fueron los últimos 15 años de su «amatxu», una vez le detectaron alzheimer. En la Nochebuena de 2013, Maribel le pidió a sus hijos que la dejasen marchar una vez que no pudiese ser autónoma, que no tuviese recuerdos ni la capacidad de amar. Danel afirma que él solo quería cumplir los deseos de su «ama» y que «ha sido un año tremendamente duro». Maribel falleció en marzo y Danel deja clara su postura: «¿Por qué alguien tiene que decidir cuando puedo morirme? Si yo me quedase en silla de ruedas pediría la eutanasia. Aunque admiro a quienes viven con ello».

Asunción Gómez, viuda de Luis de Marcos, narra los diez años en los que su marido luchó contra la esclerosis múltiple. «Él decía que llevaba un traje de neopreno ajustado y lleno de cristales, no soportaba ni el peso de las sábanas». Luis estaba paralizado de cuello para abajo. Asunción cuenta cómo pidieron sedación terminal a sus médicos y se la denegaron. Luis falleció en abril de 2017, a los 50 años, y tras diez años de insoportable dolor.