Con la lengua fuera

Laura Caldas, delante del ordenador. / R. C.
Laura Caldas, delante del ordenador. / R. C.

Cada vez hay más españoles que dan clases de castellano en el extranjero. Son sobre todo mujeres y 'millennials'. Muchos vuelven a casa por Navidad y tres de ellos nos cuentan su experiencia enseñando un idioma que «está en auge»

FERNANDO MIÑANA

Cada día son más los ciudadanos del mundo que quieren aprender español y, por lógica de mercado, los que lo enseñan. Y esa necesidad ha empezado a surgir coincidiendo con el momento en el que miles de españoles, fundamentalmente 'millennials', veinteañeros y treintañeros, salieron de España en busca de un futuro mejor. O, al menos, de un futuro. Muchos se fueron sin pensar que su sustento no sería la carrera que habían estudiado sino su lengua madre. Para nutrir este nuevo nicho, Inés Ruiz fundó ELE (español como lengua extranjera) Internacional, una escuela 'online' que forma y certifica para ser profesor de castellano como lengua extranjera. Muchos de esos expatriados han vuelto a casa por Navidad. Tres de ellos cuentan su experiencia expandiendo la lengua de Cervantes en sus ciudades de adopción.

Inés Ruiz Estados Unidos

«Aquí por una hora de clase se pagan 40 dólares»

Inés Ruiz había estudiado Traducción e Interpretación y se marchó a hacer unas prácticas universitarias a Inglaterra. Su primer destino fue Cambridge, dando clases de español. «Yo no quería ser profesora, pero descubrí que me encantaba», confiesa por teléfono desde una casa en la montaña de Crevillente, muy cerca de Elche (Alicante), a donde acude desde el lugar del mundo en el que se encuentre en vísperas de la Navidad.

Aquellas prácticas terminaron anclándola en Inglaterra durante seis años. Los tres últimos, en la presitigiosa Universidad de Cambridge. Allí conoció a su actual marido, un militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que se volvió a su país ya con Inés Ruiz en el asiento de al lado. «Me gustaba mucho mi trabajo en Cambridge, pero había mucha presión y, además, era una educación demasiado tradicional, algo que yo quería cambiar. Nadie te enseña cómo dar una clase o cómo enfrentarte a estudiantes de diferentes niveles. Yo tenía un máster en 'e-learning', de enseñanza 'online', y decidí juntarlo con mi sueño de impartir una enseñanza no tradicional».

Así nació ELEInternacional a finales de 2015. Poco después, en enero de 2016, comenzó la primera formación de profesores. Luego llegó la certificación del curso por parte de la Universidad Juan Carlos I. Cuatro mil estudiantes se han beneficiado de esta nueva vía y tienen su certificado para impartir clases de español. «La mayoría somos 'millennials' y trabajamos mucho con las redes sociales, de manera muy cercana y accesible, respondiendo con rapidez a todo el mundo», advierte Inés, de 32 años.

La directora de ELE ha constatado que «es una profesión que va a más». Ya lo notó cuando vivía en Cambridge y abrió una franquicia para dar clases a niños porque había una gran demanda. «Ha subido muchísimo el interés por aprender español y eso ha creado una oportunidad de ganarse bien la vida: en Estados Unidos se pagan cerca de 40 dólares la hora por una clase de español», explica Inés, que ahora vive al sur de Georgia, muy cerca de Florida. «Por el trabajo de mi marido, viajamos mucho. Yo ya no doy clases, pero hoy en día puedes vivir y seguir con tu trabajo desde cualquier sitio. Yo puedo dirigir esto desde cualquier lugar. Ahora he vuelto a España un mes y he pasado las dos primeras semanas en Madrid para reunirme con gente y hacer trabajos de la empresa. El resto, de vacaciones».

Inés Ruiz resalta que convertirse en profesor de castellano puede abrir muchas puertas a los jóvenes que se van al extranjero en busca de una oportunidad. La empresa de esta emprendedora alicantina acaba de recibir un reconocimiento a través de los Stevie Awards, unos premios empresariales de carácter internacional que se crearon en 2002 y están organizados por American Business Awards.

Laura Caldas Inglaterra

«Pegué carteles y vinieron 40 alumnos»

Laura Caldas nunca en su vida se había planteado dar clases de español. Llegó a Inglaterra con una beca de auxiliar de conversación. «Las da el Gobierno, que tiene convenios con otros países para esas becas. Vas como asistente de español en el aula». Ella quería ir, vivir una experiencia laboral y personal, mejorar su inglés y regresar a España para preparar unas oposiciones. «Pero aquello me encantó y me empecé a formar...», comenta desde Alcalá de Henares, donde se ha reencontrado con la familia estas fiestas. Esta profesora de español recuerda sus inicios en un entorno extremadamente rural. «Estaba en un pueblo muy pequeño al sur del país, en medio de la nada, rodeada de ovejas, donde vivíamos yo y cerca de 5.000 ingleses». Se mantuvo dos años como auxiliar de aula y después empezó a buscarse la vida. «Al principio estaba en colegio y luego ya empecé a buscarme particulares». En aquel pueblo del sur pegó carteles por todas partes ofreciendo dar clases de español. No confiaba mucho en su oferta en un lugar tan poco cosmopolita, pero la vida te da sorpresas. «Me dieron una alegría y se presentaron cuarenta personas. La verdad es que fue muy bonito. No te haces a la idea de que pueda haber tanta gente interesada hasta que sucede. Luego ya me salieron colegios y seguí enseñando en las aulas».

Laura se formó en ELE porque cada vez había más demanda. «Primero se daba más alemán, luego francés y ahora español. Es obligatorio en dos cursos. No es la asignatura más popular porque todavía hay mucha gente allí que considera que con saber inglés, el idioma más universal, no necesitan aprender otra lengua, pero poco a poco eso está cambiando. A ver si abren su mente». Esta profesora de 26 años vive ahora en Leicester y no tiene previsto moverse de allí. «Tengo una casa, un gato y un novio inglés, así que qué más puedo necesitar...», bromea. En realidad tampoco tiene decidido seguir allí para siempre; es algo que no le preocupa en exceso. «Con un ordenador puedes trabajar desde muchas partes», argumenta antes de explicar que también ejerce como tutora para ELE de uno de sus cursos: 'Creación y diseño de materiales'. El 4 de enero volverá a Inglaterra, después de cumplir en fiestas con la familia. «Si no, mi madre me deja de hablar...».

Sandra Carrillo Lituania

«Son más tímidos y les cuesta participar en clase»

A veces parece que el mundo se mueva por amor. Sandra Carrillo es una de esas personas que cambió su hogar para estar al lado de su pareja. Por eso ahora reside en la capital de Lituania, en Vilna, de donde se marchó el 20 de diciembre a -7º, adonde regresará a -15º y donde, en enero o febrero, alcanzarán los 20º bajo cero. «Hace mucho frío y allí, cuando digo que soy de Barcelona, no entienden que quiera vivir en Lituania». Pero allí está desde que llegara en 2015 para hacer un voluntariado europeo dentro del programa Erasmus. «Trabajé durante ocho meses en una biblioteca y uno de mis cometidos era dar clases de español a mis compañeros». Aquello fue una revelación. «Me encantó», recuerda ahora, desde Barcelona, donde pasa las navidades.

El contraste entre Lituania y España no pasa desapercibido. «Son muy diferentes a nosotros. Son mucho más cerrados, más tímidos. Y por eso les cuesta participar en clase y me toca hacer muchas actividades y dinámicas de grupos, juegos de todo tipo, para romper el hielo. Al principio les choca, pero luego se relajan y acaba gustándoles». Sandra ya lleva tres años viviendo en Lituania, tiempo suficiente para conocerles más a fondo. «Ellos piensan en España como en una especie de paraíso tropical». Pero ella no se plantea cambiar de aires de forma inminente. A sus 29 años, le gusta su nuevo país y le apasiona el trabajo. «No tengo planes de volver. Yo había empezado a estudiar Economía, pero he acabado haciendo algo que no tiene nada que ver; es más, ni siquiera terminé la carrera. He descubierto que me encanta la enseñanza».

La profesora Carrillo maneja diferentes grupos: tres de adultos, dos de niños y otro par 'online'. Suficiente para vivir en un país donde el salario mínimo por trabajar a jornada completa es, según dice, de 400 euros. «Yo me saco unos 800. No está mal porque allí el nivel de vida es más bajo. Depende de la escuela, pero suelen pagar 15 euros, como mínimo, por una hora completa, y por una de clase, de unos 45 minutos, depende de la escuela, pero pagan 12 euros o un poquito más. Ahora está en Barcelona disfrutando de las primeras navidades en familia desde 2015. Sus escapadas las marca su actividad como cantante. Hoy mismo vuelve a Vilna para preparar los dos conciertos que tiene en fin de año. Su grupo se llama Sabor Latino y toca salsa, bachata, merengue...